Buscando hacer todo con María, en María, por Ella y desde Ella.

Autora: MST

Soy una mujer de 50 años, casada, profesionista y mamá de 4 hijos.

Hace 4 años me consagré al Inmaculado Corazón de María, y una de las gracias recibidas fue haber entrado de manera consciente a la batalla por su Triunfo.

¿Qué más ha pasado en estos 4 años?

El rezo frecuente del Santo Rosario me ha ido ayudando a hacer presentes en mi vida los misterios de la vida de Jesús, y desde el corazón de María, gozarme, dolerme y gloriarme en ellos.

La devoción de los 5 primeros sábados me va sensibilizando al dolor de María Santísima causado por sus hijos que no la reconocen por lo que Dios ha hecho en Ella: Inmaculada, Virgen, Madre de Dios y de los hombres… lo que hace que surja de manera espontánea el deseo de reparación.

A través de María: Hija, Madre y Esposa de la Santísima Trinidad, voy aprendiendo a relacionarme de manera más íntima y profunda con mi Dios, uno y trino.

Buscando hacer todo con María, en María, por Ella y desde Ella, tengo una referencia en mi actuar, al preguntarme en las situaciones de duda: ¿Qué haría María Santísima en mi lugar?

En este tiempo también me he tornado más reflexiva, y he podido notar que en la vida familiar Dios tiene una misión específica para mí como esposa, y es amarle a Él a través de mi marido. Me doy cuenta que mi amor a Dios pasa a través de mi esposo, hijos, familia, y Su Voluntad la encuentro en lo cotidiano de mis deberes de esposa y mamá, hija, nuera, hermana, amiga.

Como en el segundo misterio de gozo, en el que María con Jesús en su interior va a visitar a su prima Santa Isabel, yo como consagrada a María estoy consciente de llevar la presencia real y verdadera de Jesús a toda la gente con la que convivo, en especial mi familia.

A través de la promoción de las consagraciones, me he acercado a la Iglesia y sus pastores, dándome cuenta de los dolores que sufre mi Santa Madre Iglesia en sus sacerdotes, lo que me ha ayudado a acogerlos en mi corazón de madre, a semejanza de Ella.

Así, en el silencio y sin siquiera darme cuenta, el Espíritu Santo por medio de la dulce y poderosa intercesión del Corazón Inmaculado de María, va cambiando mi interior, duro y justiciero, en un corazón compasivo y misericordioso…

Queda mucho por trabajar. Pero confío en que la Madre vaya formando a Su Hijo en mi alma, hasta hacerla agradable al Padre.

MST

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