Fátima + San Juan Pablo II
 Autor: Juquila

En el corazón de muchos resuena el lema TOTUS TUUS, que S.S. Juan Pablo II utilizó como escudo de armas para una batalla muy especial. Nuestra Señora del Rosario de Fátima deja muchos regalos por medio de los amores blancos de los pastorcitos, siendo uno de ellos: EL AMOR AL SANTO PADRE. Y es así como hoy comparto contigo querido hermano el lazo que unía a estos grandes amores.
Santa Jacinta después de tener la visión intelectual del “Obispo vestido de blanco” entre una muchedumbre de mártires camino a la cruz, quedó profundamente movida y en varias ocasiones decía “¿Quién me diera ver al Santo Padre? ¡Oh Jesús es por tu amor… y por el Santo Padre!”… Y así comienza un amor blanco, que daría fruto muchos años después, justamente el 13 de  mayo de 1981 quedó marcado en nuestra historia el atentado en contra del Papa y no es casualidad que ese mismo día quedará inaugurado el Instituto Pontificio de Estudios para el Matrimonio y la Familia, más aún que la audiencia de ese día tendría como título “MARÍA GUARDIANA DE LAS FAMILIAS”… querido hermano nada es casualidad.
San Juan Pablo Magno vivió la esclavitud mariana literalmente hasta derramar su sangre por Ella, ese fue el secreto de su santidad ser todo de María, así supo interpretar los signos de los tiempos y responder con el mensaje que ya el Beato Pablo VI dejó una Navidad, el legado de instaurar una CIVILIZACIÓN DEL AMOR.
Ninguna aparición mariana ha tenido el privilegio de ser explicada en un documento oficial de la congregación para la doctrina de la fe, como lo fue el de Fátima y vaya que esas páginas redactadas por S.S Benedicto XVI dejan en claro que el centro del mensaje es “Al Final mi Inmaculado Corazón triunfará”….
Es la oración purísima de unos niños, que desde el corazón y envuelta por el sacrificio salvó la vida de nuestro querido San Juan Pablo II. Por eso en tiempos de lucha tenemos que abrazar el mismo plan de amor que brota del Corazón Inmaculado de María, que cada familia y en especial sus pequeños niños grandes inocentes pidan la paz e intercedan por nosotros los grandes y débiles.
Consagrarse a la Reina, no es rezar sólo 33 días, es la entrega total a Ella de nuestro pequeño corazón para que seamos conducidos a una gran confianza en la Divina Misericordia. La lucha final del dragón es acabar con lo más sagrado: La Eucaristía, los Consagrados, la Familia imagen y semejanza de la Santísima Trinidad. ¿Batalla? Nosotros tenemos una ventaja, un don… una promesa: “No tengas miedo, yo nunca te abandonaré Mi Inmaculado Corazón será tu refugio y el Camino que te conduzca a Dios”.

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