¿Sincretismo?

Autor: Fernando Guzmán

Dijo Dios a la serpiente: Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo. El te aplastará la cabeza
y tú le acecharás el talón (Gn 3, 15).

La serpiente, al verse precipitada sobre la tierra, se lanzó en persecución de la Mujer que había dado a luz al hijo varón […] La serpiente vomitó detrás de la Mujer como un río de agua, para que la arrastrara.[…] La serpiente enfurecida contra la Mujer, se fue a luchar contra el resto de su descendencia, contra los que obedecen los mandamientos de Dios (Ap 12, 12-17).

Para el cristianismo la imagen de la Santísima Virgen María tiene como referente antagónico la figura de la serpiente, símbolo del demonio, quien odia a los hombres, pues somos la razón por la que él manifestó su soberbia y por lo cual se apartó para siempre del Creador, y odia en especial a la Virgen María, pues por ella entró la salvación al mundo, por su intercesión muchos hombres serán salvados.
Un cristiano que contempla la obra titulada “sincretismo”, observa en ella a la representación de la Virgen María rodeada de serpientes que la envuelven y la superan. La combinación con Coatlicue no es armónica, y además es innecesaria, pues elementos mexicas y cristianos ya están presentes en la sola imagen de la Virgen de Guadalupe, cuya intención era orientar a los nativos a la fe en el verdadero Dios, no en la falsa imagen que se habían hecho de Él con figuras como Coatlicue.
La composición de la escultura original de Coatlicue está integrada por elementos trágicos: es la representación de una mujer cuyos brazos y cabeza han sido mutilados, y de ellos han brotado serpientes: dos en la cabeza y una en cada brazo, además de las que integran su falda, las cuales le dan nombre (Coatl i cue: “su falda de serpientes”). Sobre su torso aparecen manos y corazones de los hombres sacrificados. En la mitología mexica, según explica Francisco Javier Clavijero, Coatlicue, estaba barriendo el templo, cuando vio descender del cielo una esfera de plumas que ella guardó en su seno, y al terminar de barrer quiso sacar de nuevo la esfera de plumas pero había desaparecido, y entonces descubrió que estaba preñada, lo cual indignó a su hija Coyolxauhqui y a los hermanos de ésta: los cuatrocientos surianos, todos los cuales determinaron dar muerte a su madre ante esta deshonra. Sin embargo, antes del ataque, Coatlicue dio a luz a Huitzilopochtli, quien lucha contra su hermana, y la arroja por las laderas de una montaña, quedando en el suelo desmembrada, y vence también a sus hermanos. Huitzilopochtli es el dios de la guerra, el dios que regía en el sol, y a él los mexicas le dedicaban los sacrificios humanos para que siguiera ardiendo.
La composición del ayate de Juan Diego está integrada por símbolos familiares a la cultura mexica: al contemplarla los mexicas la identificaban como la madre del Dios Creador, simbolizado en la flor nahui ollin ubicada en su túnica a la altura de su vientre. Las flores de su vestido (flor “tepetl” o “cerro”), significan protección y sustento, lo que una verdadera madre otorga siempre a sus hijos. Además la cruz en el broche del cuello de su túnica significaba el sacrificio de Cristo, que se ofreció a sí mismo, por lo que a Dios no había que ofrecerle corazones arrancados, sino latentes.
Es evidente que la imagen de la Virgen de Guadalupe no es una máscara para cubrir a Coatlicue, sus símbolos transmiten un mensaje totalmente distinto. Y aunque los católicos estemos bastante bien informados de los antecedentes de la figura de Coatlicue, esa información no hará que encaje una figura con la otra. Dentro de la filosofía del arte, la estética reflexiona, entre otras cosas, las sensaciones que el sujeto experimenta al contemplar el objeto artístico. Invito a todos los espectadores a reflexionar qué sensación experimentarían al ver una magnífica pintura de su propia madre rodeada de serpientes. Agradable e inofensivo ¿no?

Fernando Guzmán.

Categorías: Fatimazo

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