“Un día le dije con todo el corazón que quería quererla como Madre”

Autora: Vivi

Soy una mujer de 42 años, mexicana, con 20 años de casada y madre de 3 adolescentes.
A pesar de ser católica practicante, no acostumbraba rezar el rosario, mi vida espiritual se centraba siempre en Jesús, y no tenía muy presente a María. Pero un día le dije con todo el corazón que quería quererla como Madre, tener una relación real de hija y que me enseñara, porque no sabía cómo.
Hace tres años me invitaron a consagrarme a su Inmaculado Corazón y estuve preparándome 33 días, siguiendo la fórmula de San Luis María Grignon de Montfort, y me consagré un 12 de Diciembre entregándole a la Virgen María mi vida y la de mi familia.
Mi vida cambió por completo a raíz de mi consagración. A partir de ahí, mi gusto por lo espiritual empezó a crecer, poco a poco empecé a rezar el rosario sin esfuerzo y mi amor por Jesús Eucaristía aumentó.
Fueron acercándose a mí personas muy piadosas, gente que apenas conocía con la que hacía amistad y me llamaba la atención que todas estaban consagradas a María.
Empecé a sentir un cariño maternal hacia los sacerdotes, a valorar su “si” total a Dios, y me uní a rezar por los sacerdotes con un grupo de mujeres en “La Compañía de María”, que son casadas, solteras, viudas… que ofrecen lo que hacen en su vida ordinaria para la santificación de sus familias y de los sacerdotes, y ahí conocí la espiritualidad de un santo que se llama San Josemaría Escrivá, quien enseña a cualquier persona cómo santificarse en la vida ordinaria y a aspirar a la santidad, siendo personas comunes y corrientes, como yo, sin nada extraordinario, solo haciendo todo por amor de Dios, imitando la vida de virtud y entrega de la Virgen María. Si algo me atrevería aconsejarle a quien lea mi testimonio, es que se consagre al Inmaculado Corazón de María. Su amor de madre excede toda expectativa, es impresionante cómo se muestra madre cuando cualquier alma se lo pide.
Soy testigo de los milagros que ha hecho no sólo en mi, sino en cientos de personas que buscan amar más a Dios y no saben cómo, que sienten vacío su corazón y no lo llenan ni con dinero, ni con viajes ni cosas materiales. Puedo decir que aunque mi vida siga aparentemente igual, con la misma rutina de casa, vueltas, partidos de Soccer y más, ya nada es igual, puesto que vivo con la conciencia de tener a Cristo conmigo a donde quiera que voy, y acompaño a mi Madre sabiendo que cada cosa que hago por pequeña que parezca, es un medio para obtener gracias para mi familia y los sacerdotes, pues todo suma. Nunca en mi vida había sido tan feliz, y sigo teniendo pruebas y paso situaciones difíciles como cualquier persona, pero no estoy sola y he descubierto que aún en el dolor es posible amar y agradecer.
Le doy gracias a Dios por todo lo que ha hecho por mí y sobretodo, por habernos dejado a su Madre.
Saludos,
Vivi.

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