Mayo dedicado a la Virgen María

Publicado por Equipo Fatimazo Por la Paz el

«Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre» Lc 1: 43

El mes de mayo es muy especial para nosotros los católicos porque es un tiempo que dedicamos para honrar a la Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra: comienza con la fiesta de San José, el obrero, y termina con la fiesta de la Visitación de la Virgen María.

María, la Madre de Dios, es honrada y admirada por su pureza, humildad, obediencia y fe inquebrantable.

Al honrar a María durante el mes de mayo, nuestro objetivo es emular sus virtudes y acercarnos a su ejemplo de devoción a Dios.

La devoción a María brinda consuelo y esperanza en un mundo lleno de desafíos e incertidumbres.

La fidelidad y la confianza de María en la providencia de Dios nos inspiran a perseverar en nuestro camino de fe, sabiendo que no estamos solos, sino acompañados por su cuidado materno.

Existen variadas maneras para venerar y honrar a María durante este mes, como el rezo diario del Santo Rosario, meditar las letanías, la presentación de flores de los niños… pero no solo dentro de las iglesias, también en nuestros hogares podemos honrar a nuestra Madre, y vivir con más delicadeza y amor nuestra relación ella.

Dios quiso que Jesús naciera de una mujer, y esa mujer nos fue dada como madre en la cruz.

Cada mayo, la Iglesia revive esa maternidad espiritual en todo su esplendor.

Lejos de ser una tradición romántica, el mes de la Virgen es un llamado a volver al corazón del Evangelio, donde María ocupa un lugar privilegiado como primera discípula y guía segura hacia Cristo.

Concluimos con la intercesión a la Virgen María en las palabras de Pablo VI:

A María, pues, Venerables Hermanos, se eleven en este mes mariano nuestras súplicas para implorar con crecido fervor y confianza sus gracias y favores (11).

Que Ella, que ha conocido las penas y las tribulaciones de aquí abajo, la fatiga del trabajo cotidiano, las incomodidades y las estrecheces de la pobreza, los dolores del calvario, socorra, pues, las necesidades de la Iglesia y del mundo, escuche benignamente las invocaciones de paz.

Que a Ella se elevan desde todas partes de la tierra, ilumine a los que rigen los destinos de los pueblos y obtenga de Dios, que domina los vientos y las tempestades, la calma también en las tormentas de los corazones que luchan entre sí (12)

(PABLO VI, MENSE MAIO, CARTA ENCÍCLICA, abril 29, 1965).


0 Comentarios

Déjanos un comentario