13. LLAMADA AL APOSTOLADO

 


โ€œRezad, rezad mucho y haced sacrificios por los pecadores, que van muchas almas para el Infierno por no haber quien se sacrifique y pida por ellasโ€ (Nuestra Senฬƒora, 19 de agosto de 1917).

En este pasaje, el mensaje nos pide el apostolado con nuestros hermanos. El apostolado es la continuacioฬn de la misioฬn de Cristo sobre la tierra: Debemos ser cooperadores de Cristo en su obra de la redencioฬn, en la salvacioฬn de las almas. Existe el apostolado de la oracioฬn, sobre el cual se ha de asentar todo el restante apostolado, para ser eficaz y fecundo. Hay el apostolado del sacrificio: el de aquellos que se inmolan, renunciando a siฬ mismos por el bien de sus hermanos; y tenemos el apostolado de la caridad, que es la vida de Cristo reproducida en nosotros por nuestra entrega a Dios en servicio del proฬjimo.

Asiฬ, en primer lugar, tenemos el apostolado de la oracioฬn. Orar en unioฬn con Cristo por la salvacioฬn de los hermanos. Jesucristo continua en oracioฬn sobre la tierra en el sacramento del altar, donde se ofrece constantemente al Padre como hostia de propiciaciรณn por la salvacioฬn de los hombres. Es por nuestra unioฬn con Cristo, en la Eucaristรญa, que nuestra oracioฬn se eleva hasta cerca de Dios por la salvacioฬn de nuestros hermanos.

Poco antes de entregarse a la muerte. Jesucristo dijo a sus disciฬpulos: โ€œPermaneced en miฬ y yo en vosotros (...) porque sin miฬ no podรฉis hacer nadaโ€ (Jn 15, 4-5). Estas palabras significan que es por nuestra oracioฬn por la cual nuestro apostolado ha de dar fruto; sin ella ยกnada podemos hacer! En su oracioฬn al Padre, Jesuฬs dice: โ€œNo ruego soฬlo por eฬstos, sino tambieฬn por los que, por medio de su palabra, creerรกn en miฬ, para que todos sean uno. Como Tuฬ, Padre, en miฬ y yo en Ti, que ellos tambieฬn sean uno en nosotros, para que el mundo crea que Tuฬ me has enviadoโ€. (Jn 17, 20-21). El Senฬƒor insiste en nuestra unioฬn con Eฬl, para que nuestro apostolado deฬ fruto y el mundo crea que Eฬl fue enviado por el Padre. Y tal insistencia es la expresiรณn del ansia salvadora que desborda de su corazoฬn divino; ansia por la que permanecemos unidos entre nosotros y con Eฬl, para que su obra redentora deฬ fruto a favor de nuestros hermanos: โ€œ[Ruego] ... por los que, por medio de su palabra, creerรกn en miฬโ€. Y Jesuฬs concluyoฬ la oracioฬn sacerdotal pidiendo al Padre, para nosotros, la gracia de compartir su propia vida: โ€œPadre, los que Tuฬ me has dado, quiero que donde yo esteฬ estรฉn tambieฬn conmigo (...); les he dado a conocer tu Nombre y se lo seguirรฉฬ dando a conocer, para que el amor con que Tuฬ me has amado esteฬ en ellos y yo en ellosโ€ (Jn 17, 24-26).

Elamor es el lazo de nuestra unioฬn con Cristo, revaloriza nuestra oracioฬn y la vuelve fecunda para la salvacioฬn de nuestros hermanos. Eฬste es el primer paso de nuestro apostolado y condicioฬn necesaria para que eฬste deฬ fruto: a nuestra unioฬn con Cristo, por medio de la oracioฬn. Tanto la oracioฬn oral, que nos hace encontrarnos con Cristo, como la oracioฬn del sacrificio, por la cual nos inmolamos con Cristo, y aun la oracioฬn del amor, que es nuestra entrega con Cristo al Padre por la conversioฬn de nuestros hermanos.

Jesucristo nos dio ejemplo. Antes de iniciar el apostolado en su vida puฬblica, se retirรณฬ al desierto, a fin de orar y hacer penitencia y ayuno durante cuarenta diฬas: โ€œJesuฬs, lleno del Espiฬritu Santo, regresoฬ del Jordaฬn, y fue conducido por el Espiฬritu al desierto, donde estuvo cuarenta diฬas (...). No comioฬ nada en estos diฬas y, al cabo de ellos, tuvo hambreโ€(Lc4,1-2)., con frecuencia, anotan los evangelistas que Jesuฬs dejaba el bullicio de las muchedumbres que le seguรญan y se retiraba para orar en solitario.

En una de estas ocasiones, al regresar junto a sus disciฬpulos, los encontrรณฬ incapaces de liberar a un endemoniado. Y, cuando maฬs tarde, en casa, quisieron saber el motivo por el que no pudieron expulsar a aquel demonio, el Senฬƒor les respondioฬ: โ€œEsta casta de demonios soฬlo puede ser expulsada con oracioฬn y ayunoโ€ (Mc 9,29). Esta especie porfiada de demonios me hace recordar las tentaciones de orgullo, que son las maฬs graves y difรญciles de vencer, en nosotros mismos y en el proฬjimo, porque ciegan y no dejan ver el precipicio donde se va a resbalar. Como dice el Senฬƒor, aquiฬ se necesita la oracioฬn y la penitencia, porque soฬlo por ellas encontraremos la virtud de la humildad, que nos lleva a pedir a Dios su fuerza y gracia.

Cuando sobre el pueblo de Israel pendiฬa una sentencia de exterminio por haber ofendido a Dios con el pecado de idolatrรญa, Moisรฉs subiรณฬ a la montaรฑa para alliฬ encontrarse con el Senฬƒor e implorarle el perdoฬn para su pueblo. Dios atendiรณ su oracioฬn y favoreciรณ a su pueblo limitando el castigo de los inculpados: โ€œBorrareฬ de Mi libro a aquรฉl que pecoฬ contra Miฬ. Vete ahora y conduce al pueblo a donde te diga. Mi aฬngel caminaraฬ delante de tiโ€ (Ex 32,33-34).

Aquiฬ vemos al Senฬƒor, siempre bueno y misericordioso, que coopera con los que trabajan en unioฬn con Eฬl; es un modelo de apostolado que tiene por base la oracioฬn y que parte del trato directo con Dios. Moisรฉs es el apรณstol del pueblo de Israel, pero antes de dar al pueblo sus directrices, habla con Dios y de Dios recibe aquello que ha de transmitir a su pueblo. Por eso, Dios lo auxilia, prometiรฉndole enviar un aฬngel que va al frente de su pueblo.

Sin esta vida de oracioฬn y trato con Dios, todo el apostolado es nulo, porque es Dios quien ha de dar la eficacia a nuestro trabajo, a nuestras palabras y a nuestros esfuerzos. Por eso, el mensaje nos dice โ€œOrad y sacrificaosโ€, para que, con vuestras oraciones, vuestras palabras, vuestro ejemplo, vuestros sacrificios, vuestros trabajos y vuestra caridad., consigรกis ayudara vuestros hermanos a levantarse si estaฬn caรญdos, a volver al buen camino si andan extraviados, y a aproximarse a Dios si viven alejados; conseguirรฉis ayudarlos a vencer las dificultades, los peligros y las tentaciones que os cercan, seducen y arrastran. Y tantos de nuestros hermanos caen, muchas veces, vencidos, porque no encuentran a su lado quien ore y se sacrifique por ellos, dรกndoles la mano y ayudรกndoles a seguir por un camino mejor.

 

 

En este campo de apostolado, todos tenemos una misioฬn que cumplir, que nos fue confiada por Dios: todos somos responsables de nuestro proฬjimoy, por el bautismo, participamos del sacerdocio de Cristo Salvador, como tambieฬn entramos a formar parte de su Cuerpo Miฬstico, con un lugar y deberes propios a cumplir. Los hombres no fueron creados como seres extraรฑos entre siฬ, llamados a ignorarse eternamente, sino seres solidarios y hermanos que se aman, auxilian y reรบnen en torno al Padre, que cotidianamente provee su alimento y vestido; de Eฬl reciben la misma bendicioฬn y se orientan hacia el mismo destino, la Casa del Padre.

En esta unioฬn de los hijos con su Padre del Cielo, consiste el verdadero apostolado; ella es la gracia y la puerta de la salvacioฬn. Si no, veamos lo que nos dice la oracioฬn sacerdotal de Cristo: โ€œYa no estoy en el mundo, pero ellos estaฬn en el mundo y Yo voy a Ti. Padre Santo, guarda en tu nombre a aquellos que me has dado, para que sean uno como nosotros. Cuando estaba con ellos Yo los guardaba en tu nombre. He guardado a los que me diste y ninguno de ellos se ha perdido; excepto el hijo de la perdicioฬn... para que se cumpliera la Escrituraโ€ (Jn 17, 11-12). Estas palabras de Jesuฬs deben servir para no desalentarnos cuando encontramos en nuestro camino algunos hijos de la perdicioฬn que resisten a la gracia, a la tenacidad de nuestra caridad, de nuestros esfuerzos, de nuestros sacrificios y de nuestras oraciones. Son los hijos de otra generacioฬn que Satanรกs arrastra por los caminos de perdicioฬn.

Esto concuerda con lo que Dios dijera a Moisรฉs: โ€œBorrareฬ de mi libro a aquel que pecoฬ contra Miฬ. [Pero tuฬ] Vete ahora y conduce al pueblo adonde te diga. Mi Aฬngel caminaraฬ delante de tiโ€ (Ex 32.,33-34) ... Pese a que unos se obstinanen el mal, el Senฬƒor, siempre misericordioso, no hace perecer a los otros, pero ordena a Moisรฉs que continรบe su apostolado, conduciendo a su pueblo por los caminos del Senฬƒor. Cada uno asume la responsabilidad por sus actos, de modo que aquel que pecoฬ y se obstina en su pecado, eฬse es arrancado del libro de la vida, pero no su hermano que se arrepintiรณฬ y se dejรณฬ conducir por la mano del Senฬƒor.

ยกVerdaderamente misericordioso es nuestro Dios! Y misericordiosos hemos de ser tambieฬn nosotros, creados a su imagen y semejanza. Por eso Jesucristo dice: โ€œMisericordia quiero y no sacrificioโ€ (Mt 12, 7). Tenemos aquiฬ el apostolado del perdoฬn, con el cual deberemos llevar a nuestros hermanos al conocimiento de Dios. Que ellos encuentren en nosotros sentimientos de perdoฬn, que se vuelva hacia ellos el reflejo de la misericordia de Dios.

Pensemos que Dios hizo depender la concesiรณn de su perdoฬn a nosotros, en la medida del nuestro respecto de quien nos hubiera ofendido: โ€œPues si perdonรกis a los hombres sus ofensas, tambieฬn os perdonaraฬ vuestro Padre Celestial. Pero si no perdonรกis a los hombres, tampoco vuestro Padre os perdonaraฬ vuestros pecadosโ€ (Mt 6, 14-15). Esta exigencia del perdoฬn a nuestro proฬjimo nos obliga a vencer en las tentaciones de orgullo que llevan a la venganza. Es una ley dicta- da por Dios, ya en el Antiguo Testamento: โ€œNo te vengaras ni guardaras rencor a los hijos de tu pueblo, sino que amaras a tu proฬjimo como a ti mismo. Yo soy Llaveฬโ€ (Lev 19, 18). Como Dios aquiฬ nos manda, es preciso contraponer a la tentaciรณn de venganza, del desprecio a la frialdad, el apostolado de la caridad, que lleva consigo el perdoฬn, el pagar el mal con el bien y el orar por aquellos que nos persiguen. Hemos de imitar a Jesucristo que, en la cruz, pidioฬ al Padre perdoฬn por los que le ultrajaban, maltrataban y crucificaban: โ€œPadre, perdรณnalos, porque no saben lo que hacenโ€ (Lc 23, 34).

Y las palabras del Senฬƒor no dejan margen a la duda: โ€œTodo cuanto pidรกis en la oracioฬn, creed que ya lo recibisteis y se os concederรกฬ. Y cuando os pongรกis de pie para orar, perdonad si teneฬis algo contra alguno, a fin de que tambieฬn vuestro Padre que estaฬ en los Cielos os perdone vuestros pecadosโ€ (Mc 11, 24-26). Y, en otro lugar, el Senฬƒor nos dice: โ€œAmad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen y rogad por los que os calumnianโ€ (Lc 6, 27-28). Este perdoฬn es el fruto de la caridad que arde en el corazoฬn de Cristo y que debe animar nuestro apostolado con nuestros hermanos. โ€œFuego he venido a traer a la tierra, y ยฟqueฬ quiero sino que ya arda?โ€ (Lc 12, 49).

Esta llamada del mensaje incluye aun otro aspecto que nuestro apostolado tambieฬn debe tener. Nuestra Senฬƒora, respondiendo a una pregunta referente al destino de los donativos que el pueblo, en cumplimiento de sus promesas, dejaba en el local de las apariciones, dice: โ€œHaced dos andas. Una llรฉvala tuฬ con Jacinta y otras dos niรฑas, vestidas de blanco. La otra que la lleve Francisco con otros tres niรฑos, tambieฬn vestidos de ropas blancas. El dinero de las andas es para la fiesta de Nuestra Senฬƒora del Rosario y lo que sobre es para ayuda de una capilla que han de mandar hacerโ€ (Nuestra Senฬƒora, 19 de agosto de 1917).

 

 

Las andas a que el mensaje se refiere aquiฬ no son andas de transportar imรกgenes, sino de llevar en procesiรณn colectiva los donativos que el pueblo ofrecida al Senฬƒor. De hecho, era costumbre del pueblo de la tierra agradecer a Dios sus beneficios, ofreciรฉndole algo del fruto de sus cosechas, en la medida de las posibilidades de cada uno. Estos donativos eran recogidos por mayordomos que los colocaban en andas, que eran llevadas procesionalmente en los diฬas de las grandes solemnidades. Despueฬs de la Misa solemne, eran llevados en procesiรณn y ofrecidos a Dios en agradecimiento por los beneficios recibidos y para las necesidades del culto.

Por cierto que Nuestra Senฬƒora, en la respuesta que dio, mostroฬ cuan agradable era a Dios este sencillo acto de agradecimiento, coฬmo nosotros debemos tener para con Dios atenciones de reconocimiento y tambieฬn el deber que tenemos de tomar parte y ayudar a sustentar el culto pรบblico que se le presta.

Es de seรฑalar tambieฬn el gesto pedido por el mensaje de asociarnos nosotros a nuestros hermanos, para llevar con ellos al Senฬƒor nuestros donativos, nuestros agradecimientos, oraciones y sacrificios. Constituye un acto de colaboraciรณn, que anima y da fuerza al apostolado, volviรฉndonos apรณstoles unos de otros.

Ciertas costumbres que entonces existรญan en el pueblo de Fรกtima hacรญan recordar usos semejantes de la historia bรญblica. Yo creo que la gente en ese tiempo, siendo en su mayorรญa analfabeta, ignoraba casi por completo la historia bรญblica, conociendo apenas algรบn hecho que pocas personas, en la tierra, podรญan leer como resumen de la historia sagrada. Por lo menos, en lo que a miฬ respecta, asiฬ era, y soฬlo muchos anฬƒos maฬs tarde me fue posible leer la Biblia Sagrada, y soฬlo entonces desveleฬ el significado maฬs รญntimo del mensaje y de su relaciรณn con la palabra de Dios.

Continuando maฬs nuestra descripciรณn sobre este aspecto del apostolado, valiรฉndome de semejanzas de la historia bรญblica con costumbres de la gente de Fรกtima de entonces, recordemos las siguientes determinaciones hechas por Dios a su pueblo: โ€œLlaveฬ habloฬ asiฬ a Moisรฉs: El diฬa decimo del sรฉptimo mes es el diฬa de la expiaciรณn; tendrรฉis asamblea santa, os mortificareis y ofrecerรฉis a Yaveฬ manjares abrasados. No harรฉis en ese diฬa ningรบn trabajo servil, porque es diฬa de expiaciรณn y se ha de hacer la expiacioฬn por vosotros ante Yaveฬ, vuestro Dios. Todo el que en ese diฬa no se afligiere seraฬ borrado de en medio de su pueblo, y todo el que en ese diฬa haga un trabajo cualquiera, yo le exterminareฬ de en medio de su pueblo. No hareฬis trabajo alguno. Es ley perpetua para vuestros descendientes, donde quiera que habitaฬisโ€ (Lev 23, 26-31).

No es difiฬcil ver representados en este deฬcimo diฬa del seฬptimo mes los domingosy diฬas festivos que la Iglesia ordena dedicar a Dios: son diฬas para ofrecer a Dios nuestro culto, nuestras oraciones y nuestros sacrificios. โ€œDiraฬs lo siguiente a los hijos de Israel [...]: Me erigiraฬs un altar de tierra sobre el cual ofreceraฬs tus holocaustos y tus sacrificios paciฬficos, tus ovejas y tus bueyes. En todo lugar, donde mi nombre fuere recordado ireฬ contigo para abrazarteโ€ (Ex 20, 22-24). No seฬ cuaฬl es la interpretacioฬn que los teoฬlogos de la Iglesia dan a este pasaje de la Escritura. Para miฬ ofrece una belleza encantadora porque nos muestra la suavidad del amor paternal de Dios. Y, siendo nosotros, en Cristo, la descendencia del pueblo elegido, entonces tambieฬn nos son dichas hoy estas palabras del Senฬƒor: โ€œEn todo lugar, donde mi nombre fuese recordado, ireฬ a estar contigo para abrazarteโ€. Dios parece proceder con nosotros como un padre que estaฬ atento al balbucear del hijo pequenฬƒito para, tan pronto eฬste pronuncia su nombre, correr a su encuentro, tomarlo en sus brazos, cubrirlo de caricias y abrazarlo. Tambieฬn, en este pasaje biฬblico, Dios nos muestra coฬmo le son agradables nuestros donativos y nuestros sacrificios cuando le son ofrecidos en agradecimiento por los beneficios y en reparacioฬn por los pecados propios y del proฬjimo. Dios es el mismo hoy que entonces, porque cuanto pidioฬ a su pueblo en aquel tiempo lo pide tambieฬn a nosotros ahora, aunque el objeto y la forma del donativo puedan haber cambiado con el paso de los tiempos.

Hace unos anฬƒos, hablando conmigo, el senฬƒor arzobispo de Cizico me dijo: โ€œยฟSabe, hermana, lo que significaban aquellas andas que Nuestra Senฬƒora mandoฬ hacer con los donativos que el pueblo dejaba en la Cova da Iria? Era la profeciฬa de las andas de la imagen de la Virgen Peregrina, que anda recorriendo el mundo, y el anda de la imagen de la capillaโ€. Estoy plenamente de acuerdo con esta interpretacioฬn, porque en la mente de Dios, el mismo hecho puede tener varios significados, y esas peregrinaciones de la imagen de Nuestra Senฬƒora son una faceta maฬs del apostolado del mensaje que ella vino a traer a la tierra y que va recorriendo el mundo al encuentro de las personas para llevarlas a Dios.

Asiฬ se realiza su profeciฬa: โ€œPor eso desde ahora me llamaraฬn bienaventurada todas las generaciones. Por que ha hecho en miฬ cosas grandes el Todopoderoso, cuyo nombre es Santo; su misericordia se derrama de generacioฬn en generacioฬn sobre aquellos que le temenโ€ (Lc 1, 48-50).

ยกAve Mariฬa!

(del libro: LLAMADAS DEL MENSAJE DE FรTIMA de Sor Lucรญa)

 


 

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