Hacia un Glorioso Amanecer Día 27

Día 27

Entregarse a María
(Primera Parte)

Ahora que hemos terminado nuestro mini-retiro de tres días con María, debemos tener ya un sentido más claro de su mediación maternal. Esta mediación maternal es la llave que abre toda la teología de la consagración mariana. Y ahora que la tenemos, estamos listos para aprender exactamente lo que Juan Pablo entiende por consagración mariana o, como habitualmente la llama, la “entrega” o el “entregarse” a María. Para empezar, necesitamos volver al pie de la Cruz. “Mujer, ahí tienes a tu hijo”. Con estas palabras, Jesús confía toda la humanidad al cuidado materno de María. Hace de ella la madre espiritual de todos. Y como aprendimos ayer, María aceptó plenamente este don con “ardiente caridad”. Luego, Jesús le dice a Juan, el discípulo amado, quien nos representa a todos: “Ahí tienes a tu madre”. Jesús ahora nos ofrece un regalo, el gran regalo de su madre como nuestra madre espiritual. ¿Aceptamos este regalo? Sí. Al menos lo estamos intentando (si no fuera así, no haríamos este retiro). Pero ¿cómo lo aceptamos? Esta es la pregunta crucial. Según el Papa Juan Pablo, el siguiente texto del Evangelio nos indica cómo debemos aceptar a María como nuestra madre espiritual: “Y desde aquel momento el discípulo se la llevó a su casa” (Jn.19:27). El Papa describe esta acción con una palabra: “entregarse”. Vemos un ejemplo de ello en la persona de Juan, quien se entregó a María, la misma que fue entregada a Juan por Cristo: “Ahí tienes a tu madre”. La entrega de él mismo a María es su respuesta al mandato de Jesús desde la Cruz, pero no sólo eso. También es una respuesta a la “ardiente caridad” por nosotros: “La entrega es la respuesta al amor de una persona y, en concreto, al amor de la madre”. Juan Pablo procede a describir la naturaleza de esta entrega de uno mismo a María:

“Entregándose filialmente a María, el cristiano, como el apóstol Juan, “acoge entre sus cosas propias” a la Madre de Cristo y la introduce en todo el espacio de su vida interior, es decir, en su “yo” humano y cristiano: “La acogió en su casa ”. Así el cristiano, trata de entrar en el radio de acción de aquella “caridad materna”, con la que la Madre del Redentor “cuida de los hermanos de su Hijo”, “a cuya generación y educación coopera” según la medida del don, propia de cada uno por la virtud del Espíritu de Cristo. Así se manifiesta también aquella maternidad según el espíritu, que ha llegado a ser la función de María a los pies de la Cruz y en el cenáculo.”

Esta entrega de uno mismo a María, la cual el Papa describe maravillosamente con la frase, “La acogió en su casa”, debe entenderse como el acto de seguir el ejemplo mismo de Cristo — primero se entregó a María en la Anunciación y luego, a lo largo de su vida oculta — y también debe entenderse como su voluntad para sus discípulos. Después de todo, Él mismo inicia tal entrega: “Ahí tienes a tu madre”. Pero ¿por qué hace esto Cristo? ¿Será que quiere distanciarse de nosotros? No. Nos acerca a sí encomendándonos a aquella que es la más cercana a Él, la misma que lo dirige todo a Él: “Hagan lo que él les diga”. María quiere actuar sobre todos los que se encomiendan a sí mismos a ella como hijos. Dice el Papa: “Y es sabido que cuanto más estos hijos perseveran en esta actitud y avanzan en la misma, tanto más María les acerca a la ‘inescrutable riqueza de Cristo’”. De nuevo, esto se debe tanto a la cercanía única que hay entre María y Cristo como al papel especial de María de llevar a otros a la intimidad que comparte con Él. Mañana veremos cómo esta cercanía de María a Cristo, particularmente en la consagración de sí mismo por nosotros, nos ayuda a hacer nuestro propio acto de consagración a Cristo. Este es el propósito que nos lleva a entregarnos a María: que ella nos acerque aún más a Cristo a través de sus poderosas oraciones y de su amor maternal.

ORACIÓN DEL DÍA:
Ven, Espíritu Santo, que habitas en María.
Prepárame para entregarme por completo a María, de modo que ella pueda acercarme más a Cristo.