Hacia un Glorioso Amanecer Día 18

 

DÍa 18

El Inmaculado Corazón de María

El papel de María es ponernos cara a cara con el amor en el Corazón de Jesús crucificado. Pero ¿qué pasa si estamos ahí con Él “cara a cara” y no nos sentimos conmovidos? ¿O si estamos ante un crucifijo reflexionando sobre la Pasión del Señor y sentimos poco o nada? ¿Qué pasa si nuestros corazones se endurecen debido a nuestros pecados? Esto sucede. Todos pecamos y el pecado endurece el corazón. Más allá de nuestros pecados, la aridez y la desolación igualmente acontecen. Cualquiera que sea la razón, nuestros corazones pueden ser fríos e insensibles, y esto puede ser un problema. Gracias a Dios, aquella que tiene un corazón perfecto, inmaculado y sin pecado nos ayudará. Nos dará su corazón compasivo. ¡Incluso nos permitirá vivir en su corazón! Si sólo le damos el nuestro.
Durante nuestra semana con San Luis de Montfort aprendimos que cuando nos consagramos a María le damos todo nuestro ser y María nos da todo el suyo. El énfasis de esa semana estuvo puesto en los méritos: si damos nuestros méritos a María, ella nos da los suyos. Es una cosa maravillosa. Sin embargo, el énfasis de la Madre Teresa en todo esto es un poco diferente. Su enfoque es el corazón. En otras palabras, su versión de una consagración total a María se centra en una especie de intercambio de corazones: le damos a María nuestros corazones y ella nos da su Inmaculado Corazón. Para la Madre Teresa, este regalo del corazón de María mediante la consagración significa esencialmente dos cosas expresadas por dos oraciones sencillas: “Préstame tu corazón” y “Llévame en tu purísimo Corazón”.
Primero, “Préstame tu corazón”
Con esta oración la Madre Teresa le pide a Nuestra Señora que le dé el amor de su corazón. En otras palabras, dice: “María, ayúdame a amar con el amor perfecto de tu Inmaculado Corazón”. Recuerda que el afán de la Madre Teresa fue saciar la sed de Jesús por amor y lo quiso hacer de la mejor manera. ¿Qué mejor manera de amar a Jesús que con el Inmaculado Corazón perfecto y humilde de su madre? Aquí, la Madre Teresa encontró el secreto de vivir su vocación al máximo: “María, préstame tu Inmaculado Corazón”. Pero ¿puede darnos María su corazón? Por supuesto, hay algo piadosamente poético en esta idea. Pero hay mucho de verdad en esto. Cuando, a menudo, la Madre Teresa le decía a María, “Préstame tu corazón”, lo decía en serio. ¿Supuso que le quitarían ese órgano de su cuerpo y que María bajaría del cielo para darle el suyo? Claro que no. El órgano físico del corazón es símbolo de una realidad espiritual más profunda. “El corazón” se refiere a la vida interior de la persona y a la sede del Espíritu Santo. El Espíritu Santo. Llegamos ahora al corazón del corazón de nuestro tema. Recuerda nuestra semana con San Maximiliano Kolbe y cómo enfatizó el vínculo entre el Espíritu Santo y María. Dijo que María es la esposa del Espíritu Santo y que su unión va aún más profundo que la unión entre esposos. Y avanzó diciendo cosas como ésta: “El Espíritu Santo actúa únicamente a través de la Inmaculada, su Esposa. Por consiguiente, Ella es la Mediadora de todas las gracias del Espíritu Santo”.
Entonces, si queremos amar completa, ardiente y perfectamente a Jesús — tal como la Madre Teresa — necesitamos de su Espíritu de Amor, y María Inmaculada lo trae a nosotros. Oremos: “María, préstame tu Corazón. Tráenos al Espíritu. Ora para que nuestros corazones endurecidos ardan en amor por Jesús. Ayúdanos a encender nuestros corazones con amor por Él”.
La segunda oración es “Llévame en tu purísimo Corazón ”. O en su forma más completa uno reza: “Inmaculado Corazón de María, llévame en tu purísimo Corazón, para que pueda agradar a Jesús a través de ti, en ti y contigo”. Es la parte más profunda de la consagración mariana de la Madre Teresa. ¡No sólo está pidiendo que el corazón de María viva en ella, sino también vivir en el corazón de María! Entonces, es una oración para amar a Jesús a través de María, en María y con María. No se trata simplemente de que María nos preste su corazón, hay algo más. Para entenderlo y vivirlo se requiere una dependencia afectuosa y una unión profunda con María. Pasado mañana trataremos lo que esto significa y cómo realizarlo. Mañana aprenderemos más sobre la actitud del corazón de María.

 

ORACIÓN DEL DÍA:
“Ven, Espíritu Santo, que habitas en María.
Guárdame en su Purísimo e Inmaculado Corazón”.