7. LLAMADA AL SACRIFICIO

 


"Ofreced constantemente al Altรญsimo oraciones y sacrificios."

Esta llamada al sacrificio que Dios aquรญ nos dirige la encontraremos tambiรฉn en muchas pรกginas de la Sagrada Escritura. Tal vez pueda hasta parecer inรบtil recordarlo ahora de nuevo aquรญ; pero no serรก en vano, porque tan olvidados o remisos andamos de este gran deber.

En el Antiguo Testamento, los sacerdotes acostumbraban a ofrecer a Dios, por ellos mismos y por el pueblo, sacrificios de animales, que inmolaban como vรญctimas propiciatorias. Pero estas vรญctimas eran apenas figuras del sacrificio de Cristo, que habรญa de ser la verdadera vรญctima ofrecida al Padre por los pecados de la humanidad. Este sacrificio de Cristo, que vino a poner tรฉrmino a las figuras, debรญa perpetuarse en sustituciรณn de los sacrificios de la antigua alianza y lo tenemos hoy renovado diariamente en el altar de la Celebraciรณn eucarรญstica, repeticiรณn incruenta del sacrificio de la Cruz.

Pero no basta, porque, como dice san Pablo (Col. 1, 24), es preciso completar en nosotros lo que falta a la pasiรณn de Cristo, porque somos miembros de su Cuerpo Mรญstico. Asรญ, cuando un miembro del cuerpo sufre, todos los demรกs sufren con รฉl, y cuando un miembro se sacrifica, todos los demรกs miembros participan de ese sacrificio. Si un miembro estuviera enfermo y el mal fuera grave, aunque el mal estuviese localizado sobre รฉl, todo el cuerpo sufre y muere. Lo mismo pasa en la vida espiritual: todos somos enfermos, todos tenemos muchas deficiencias y pecados; por eso, todos tenemos el deber de, en uniรณn con la vรญctima inocente que es Cristo, sacrificarnos en reparaciรณn por nuestros pecados y por los de nuestros hermanos, porque todos somos miembros del mismo y รบnico Cuerpo Mรญstico del Seรฑor.

El mensaje pide que ofrezcamos a Dios de todo lo que podamos un sacrificio: ยซDe todo lo que pudiรฉrais, ofreced un sacrificio en acto de reparaciรณn por los pecados con que ร‰l es ofendido y de sรบplica por la conversiรณn de los pecadoresยป(Palabras del รกngel). Pueden ser sacrificios de bienes espirituales, intelectuales, morales, fรญsicos o materiales; segรบn los momentos, tendremos ocasiรณn de ofrecer ahora unos ahora otros, lo que importa es que estemos dispuestos a aprovechar la ocasiรณn que se nos depara, sobre todo que sepamos sacrificarnos cuando eso mismo es exigido por el cumplimiento del propio deber para con Dios, para con el prรณjimo y para con nosotros mismos. Y aรบn mรกs, si este sacrificio es preciso para no transgredir ninguno de los mandamientos de la Ley de Dios, en este caso, el sacrificio que tenemos que imponernos es obligatorio, porque estamos obligados a sacrificarnos lo necesario para no pecar.

Es una exigencia de la que depende nuestra salvaciรณn eterna. Asรญ nos lo dice Jesucristo en el Evangelio: ยซSi alguno quiere venir en pos de mรญ, niรฉguese a sรญ mismo, tome su cruz cada dรญa, y sรญgame. Pues el que quiera salvar su vida, la perderรก; el que, en cambio, pierda su vida por mรญ, รฉse la salvarรก. Porque ยฟquรฉ adelanta el hombre si gana todo el mundo, pero se pierde a sรญ mismo, o sufre algรบn daรฑo?ยป Por lo que nos dice el Seรฑor aquรญ, se ve que debemos estar dispuestos antes a dar la vida que cometer un solo pecado grave con el cual podamos perder la vida eterna. Ahora lo mismo vale y con mucha mรกs razรณn si la observancia de la Ley de Dios exige de nosotros sacrificios inferiores al de la propia vida.

La renuncia a todo lo que nos puede llevar al pecado es el camino para la salvaciรณn. Por eso nos dice el Seรฑor que ยซ[...] el que quiera salvar su vida, la perderรกยป, esto es, quien quisiera satisfacer sus apetitos desordenados, segรบn una vida pecaminosa, andar por el camino ancho del pecado, si de eso no se arrepiente ni enmienda, pierde la vida eterna. Y cรณmo no nos preguntamos con Jesucristo: ยซPorque ยฟquรฉ adelanta el hombre si gana todo el mundo, pero se pierde a sรญ mismo [...]?ยป

En el mismo sentido, ร‰l nos avisa: ยซQuien no toma su cruz y me sigue, no es digno de mรญยป(Mt. 10,38). ยกSรญ! ยฟCรณmo puede ser amigo de Dios y digno de la vida eterna aquel que no se sacrifica lo preciso para andar por el camino de sus preceptos, renunciando a placeres ilรญcitos, a caprichos de orgullo, de vanidad, de celos, de avaricia, de las comodidades exageradas, faltando a la caridad y la justicia para con el prรณjimo, sacudiรฉndose el jugo de la cruz de cada dรญa o arrastrรกndola de mala voluntad, sin conformarse y unir a la cruz de Cristo?

Unas veces serรก la cruz de nuestro trabajo diario, ยซComerรกs el pan con el sudor de tu frenteยป, como impuso Dios a Adรกn como penitencia por su pecado. Otras veces, serรกn las contrariedades de la vida, que surgen a cada paso y que es preciso encarar con serenidad, paciencia y resignaciรณn. Otras aun serรกn las humillaciones que aparecen inesperadamente y es preciso aceptarlas, reconociendo lo que en nosotros hay de imperfecto y animรกndonos a un propรณsito de enmienda con confianza en Dios, que siempre ayuda a las almas de buena voluntad a levantarse para una vida mejor y de mayor perfecciรณn. ยซDe todoโ€“nos dice el mensajeโ€“ ofreced a Dios un sacrificio en acto de reparaciรณn por los pecados con que ร‰l es ofendido y de sรบplica por la conversiรณn de los pecadoresยป.

ร‰ste es un motivo mรกs que Dios nos presenta y por el cual nos debemos sacrificar. Reparar los pecados con los cuales ร‰l es ofendido, los pecados propios y los del prรณjimo. Siempre que ofendemos a una persona, debemos reparar, cuando nos sea posible, el disgusto y el daรฑo causado; para eso acostumbramos a pedir perdรณn, pedir disculpas, etc. Ahora, con mucha mรกs razรณn debemos proceder de ese modo con Dios. Por eso Jesucristo, en la oraciรณn dominical, nos enseรฑรณ a pedir perdรณn: ยซPadre nuestro, que estรกs en los Cielos, [...] perdรณnanos nuestras deudas como tambiรฉn nosotros perdonamos a los que nos ofendenยป.

Y despuรฉs, a continuaciรณn, decimos ยซno nos dejes caer en tentaciรณn y lรญbranos del malยป (Mt. 6, 9; 12-13). Es que la mejor reparaciรณn que podemos ofrecer a Dios es unir a la sรบplica del perdรณn el propรณsito de enmienda, para no volver mรกs a ofenderle. Para eso pedimos perdรณn, auxilio y defensa.

Reparad en que Jesรบs nos enseรฑรณ a pedir en plural, esto es, para pedir por nosotros y por nuestros hermanos: ยกperdรณnanos, lรญbranos, no nos dejes caer en tentaciรณn! ร‰sta es la llamada del mensaje: Sacrificarnos en acto de reparaciรณn y de sรบplica por la conversiรณn de nuestros hermanos desviados por caminos falsos y errados.

Sรญ, orar y sacrificarnos, porque toda nuestra vida debe ser un holocausto ofrecido a Dios en los brazos de la cruz de cada dรญa, en uniรณn con la cruz de Cristo, por la salvaciรณn de las almas, cooperando con ร‰l en la obra redentora como miembros de su Cuerpo Mรญstico, la Iglesia que trabaja, ora y sufre, unida รญntimamente a su cabeza, por el rescate de la humanidad.

En el camino de nuestra vida diaria, encontramos muchas y variadas especies de sacrificios, que podemos y debemos ofrecer a Dios. El sacrificio de la gula que, en muchos casos, es obligatorio. Abstenerse de las bebidas alcohรณlicas en demasรญa, que trastoman el juicio, embrutecen la razรณn y degradan la dignidad dejando a la persona en estado de ruina delante de Dios y de los hombres honestos. ยกCuรกntas familias infelices por causa de este pecado de gula! ยฟPor quรฉ no se ofrece a Dios el sacrificio de no beber, repartiendo con los pobres aquello que con tanto daรฑo se irรญa a gastar en excesos y pecados, mientras muchos hermanos nuestros se encuentran sin lo necesario para vivir?

 

 

Este sacrificio, requerido por la moderaciรณn con que debemos servirnos de la mesa de la creaciรณn, fue pedido por Dios, en el principio, a los dos primeros seres humanos. Dice la Escritura:

โ€œPlantรณ luego Yavรฉ Dios un jardรญn en Edรฉn, al oriente, y allรญ puso al hombre a quien formara. Hizo Yavรฉ Dios brotar en รฉl de la tierra toda clase de รกrboles hermosos a la vista y sabrosos al paladar [...] y le dio este mandato: De todos los รกrboles del paraรญso puedes comer, pero del รกrbol de la ciencia del bien y del mal no comas, porque el dรญa que de รฉl comieres ciertamente morirรกsโ€(Gn 2, 8-17).

Para alimentarse, Adรกn y Eva tenรญan tantos frutos de tan variados รกrboles que el fruto del รกrbol de la ciencia del bien y del mal no les hacรญa falta, sino que les era gravemente perjudicial, por lo que Dios se anticipรณ a prohibirles comer de รฉl. Lo mejor para ellos era someterse a la orden de Dios y ofrecerle el sacrificio de no tocar su fruto.

En esto, como en tantos otros casos de la vida, hemos de poner en acciรณn la virtud de la templanza, que exige la mortificaciรณn del apetito de la gula. Dios, como buen Padre que es, colocรณ en el mundo tanta variedad de cosas buenas y deliciosas, con las cuales sus hijos pueden y deben alimentarse y hasta regalarse, pero siempre bajo la dependencia de la Ley de Dios, y sin olvidar la prรกctica del sacrificio de la moderaciรณn, que debemos ofrecer a Dios en agradecimiento por tantos beneficios y a favor de nuestros hermanos necesitados.

No digo que Dios pide a todos, como lo hace a muchos de sus escogidos, que se despojen de todo, darlo a los pobres y despuรฉs seguirlo en un absoluto desprendimiento de los bienes de la tierra; pero sรญ, que todos hemos de vivir desprendidos del demasiado afecto a esos bienes. Recordemos aquรญ el diรกlogo de Jesucristo con un joven que le buscaba: โ€œยซMaestro, ยฟquรฉ cosas buenas debo hacer para alcanzar la vida eterna?ยปร‰l le respondiรณ: ยซยฟPor quรฉ me preguntas acerca de lo bueno? Uno solo es el bueno. Por lo demรกs, si quieres entrar en la Vida, guarda los mandamientosยป.Le preguntรณ: ยซยฟCuรกles?ยป Jesรบs le respondiรณ: ยซNo matarรกs, no cometerรกs adulterio, no robarรกs, no dirรกs falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y amarรกs a tu prรณjimo como a ti mismoยป. โ€

Dรญjole el joven: ยซTodo esto lo he guardado. ยฟQuรฉ me falta aรบn?ยปJesรบs le respondiรณ: ยซSi quieres ser perfecto, ve, vende cuanto tienes y dalo a los pobres, y tendrรกs un tesoro en los Cielos; luego ven y sรญguemeยป.Al oรญr el joven estas palabras se marchรณ triste, pues tenรญa muchas posesiones.

Jesรบs dijo entonces a sus discรญpulos: ยซEn verdad os digo: difรญcilmente entrarรก un rico en el Reino de los Cielos. Es mรกs, os digo que es mรกs fรกcil a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de Diosยปโ€(Mt 19, 16- 24).

Segรบn lo que tengo oรญdo a varios comentaristas, Jesucristo se refiere, en esta afirmaciรณn suya, a los ricos avarientos que sรณlo se preocupan en amontonar riquezas, por lo que evitan gastar y rehรบsan compartir lo que les sobra con los hermanos necesitados. Esto mismo nos enseรฑa el Seรฑor, cuando describe, a propรณsito del Juicio Final, los motivos de la terrible condenaciรณn al suplicio eterno aplicada a los que estuvieran colocados a su izquierda: โ€œApartaos de mรญ, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus รกngeles: porque tuve hambre y no me disteis de comer; tuve sed y no me disteis de beber; era peregrino y no me acogisteis; estaba desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cรกrcel y no me visitasteis. [...] En verdad os digo que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos mรกs pequeรฑos, tambiรฉn dejasteis de hacerlo conmigo. Y รฉstos irรกn al suplicio eterno; los justos, en cambio, a la vida eternaโ€(Mt 25, 41-46).

Recordemos todo esto cuando Dios nos pide en el mensaje de Fรกtima: โ€œSacrificaos, y con lo que tenรฉis de superfluo y malgastรกis, socorred a vuestros hermanos que no tienen lo necesario y se encuentran muriendo de hambre y de frรญoโ€. Es la renuncia y el sacrificio que Dios pide y exige de nosotros; si no nos sacrificamos en esta vida, iremos a ser sacrificados en la vida eterna, y no sรณlo por haber hecho el mal, sino tambiรฉn porque dejamos de hacer el bien: โ€œ[...] porque tuve hambre y no me disteis de comer; [...] estaba desnudo y no me vestisteis [...]. En verdad os digo que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos mรกs pequeรฑos, tambiรฉn dejรกsteis de hacerlo conmigo. Y รฉstos irรกn al suplicio eterno; los justos, en cambio, a la vida eternaโ€.

Para salvarnos, no basta con no hacer el mal, sino que se requiere tambiรฉn la virtud en el ejercicio del bien, que todos tenemos obligaciรณn de practicar.

Hay, despuรฉs, otra serie de pequeรฑos sacrificios que podemos y, hasta cierto punto debemos, ofrecer a Dios, pues aunque sean pequeรฑos, no dejan de ser agradables a Dios y muy meritorios y provechosos para nosotros, porque con ellos, probamos la delicadeza de nuestra fidelidad y nuestro amor a Dios y al prรณjimo. Su prรกctica nos enriquece de gracia, nos fortifica en la fe y en la caridad, nos dignifica cerca de Dios y del prรณjimo, nos libra de la tentaciรณn del egoรญsmo, de los celos, de la envidia y de la comodidad.

Es la generosidad en las pequeรฑas cosas, habituales y presentes en cada momento; es la perfecciรณn del momento presente. Asรญ:

  1. Hacer nuestra oraciรณn con fe y atenciรณn, evitando, cuanto nos sea posible, las distracciones; con respeto, dรกndonos cuenta de que estamos hablando con Dios; hacerla con confianza y amor, porque estamos tratando con Aquel que sabemos que nos ama y que quiere ayudar nuestra flaqueza, como un padre que da la mano al hijo pequeรฑito para ayudarle a caminar. Cerca de Dios, somos siempre hijos muy dรฉbiles, pequeรฑitos y flacos en la prรกctica de la virtud, tropezamos y caemos a cada instante, por eso necesitamos que nรบestro buen Padre nos dรฉ la mano y nos ayude a levantarnos y andar por los caminos de la santidad.

Ya nuestra oraciรณn sea hecha en la iglesia, en casa, durante un viaje, en el campo o por los caminos... en todas partes estรก Dios y allรญ ve y escucha nuestras sรบplicas, nuestras alabanzas y agradecimientos.

Asรญ nos lo enseรฑa Jesucristo en su respuesta a la samaritana, que le expuso la siguiente duda: ยซLe dijo la mujer: โ€œSeรฑor, veo que tรบ eres un profeta. Nuestros padres adoraron a Dios en este monte, y vosotros decรญs que el lugar donde se debe adorar estรก en Jerusalรฉnโ€.Le respondiรณ Jesรบs: โ€œCrรฉeme mujer, llega la hora en que ni en este monte ni en Jerusalรฉn adorarรฉis al Padre. Vosotros adorรกis lo que no conocรฉis, nosotros adoramos lo que conocemos [...]. Pero llega la hora, y es รฉsta, en la que los verdaderos adoradores adorarรกn al Padre en espรญritu y en verdad. Porque asรญ son los adoradores que el Padre busca. Dios es espรญritu, y los que le adoran deben adorar en espรญritu y en verdadโ€ยป(Jn. 4, 19-24).

Dios quiere que nuestra oraciรณn sea hecha con verdad, dรกndonos cuenta de lo que somos, de nuestra pobreza, de nuestra nada delante de Dios; dรกndonos cuenta de lo que pedimos y prometemos, con sinceridad, dispuestos a cumplir nuestras promesas. Que nuestras alabanzas y agradecimientos a Dios sean la expresiรณn de la verdad sentida en lo รญntimo de nuestro corazรณn, con espรญritu de fe, de amor y confianza. Es que Dios no se contenta con palabras vanas, huecas y sin sentido, o fรณrmulas estudiadas para ser aplaudidas por las criaturas, sino que nuestra oraciรณn debe ser humilde y acompaรฑada de espรญritu de sacrificio.

Muchas veces serรก preciso sacrificar un poco de nuestro descanso; tal vez levantarnos un poco mรกs temprano, para ir a la iglesia a tomar parte en la celebraciรณn eucarรญstica, o a la noche, antes del descanso, disponer de unos momentos para rezar el rosario, hacer el sacrificio de apagar la radio o la televisiรณn. Es la renuncia a los propios gustos y caprichos que Dios nos pide, y, como queda dicho anteriormente, si no queremos sacrificarnos en esta vida vendremos a ser sacrificados en la Vida Eterna, porque si no nos salvamos por la inocencia, sรณlo con la oraciรณn y la penitencia es como nos salvaremos.

  1. Ofrecer a Dios en sacrificio algรบn pequeรฑo gustoen la alimentaciรณn, de modo no perjudicial a las fuerzas fรญsicas de que precisamos para poder trabajar. Asรญ, por ejemplo, cambiar una fruta mรกs de nuestro gusto por otra que nos es menos agradable, un dulce... o una bebida...; soportar la sed por un cierto espacio de tiempo y despuรฉs saciarla, sรญ, pero con una bebida menos agradable; abstenernos del alcohol, por lo menos evitar el tomarlo en exceso.

Cuando nos servimos, no debemos escoger lo mejor. Pero si no podemos dejarlo de lado sin ser observados, mejor tomarlo con sencillez y sin preocupaciรณn, dando gracias a Dios por el mimo que nos proporciona, porque, no podemos creer que Dios, buen Padre que es, sรณlo estรฉ contento con nosotros cuando nos ve mortificados. Dios creรณ las cosas buenas para sus hijos y le gusta ver que se sirven de ellas, sin abusar y despuรฉs de cumplir su deber de trabajo para merecerlas, y tomarlas con reconocimiento y amor por aquel que las llenรณ con sus dones.

  1. El sacrificio que podemos y debemos hacer a Dios en el vestuario:soportar un poco de frio o de calor, sin quejamos; si nos encontramos en un mismo lugar con otras personas, dejar que las puertas y 1as ventanas se abran o cierren a su gusto. Vestir con decencia y modestia, sin dejamos esclavizar por el รบltimo grito de la moda, y rehusar siempre lo que no estรก de acuerdo con aquellas dos virtudes, para no ser, por nuestro modo de vestir, incentivo al pecado, recordรกndonos que somos responsables delante de Dios por los pecados que los otros cometen por nuestra causa.

Debemos, por eso, vestir en conformidad con la moral cristiana, la dignidad personal y la solidaridad con los demรกs, ofreciendo a Dios el sacrificio de la exageraciรณn de la vanidad. En este punto de la vanidad, saber ofrecer a Dios el sacrificio de los adomos exagerados con muchas joyas, sin las cuales bien podemos pasar, y con su valor socorrer a nuestros hermanos necesitados. En vez de un tejido muy rico y caro, contentรฉmonos con uno mรกs sencillo y de menor precio, economizando asรญ para poder auxiliar mejor a nuestros hermanos que no tienen con quรฉ cubrirse.

  1. Hay que soportar con serenidad las contrariedades que surgen en nuestro camino: unas veces, serรก una palabra desagradable, irritante, molesta; otras, una sonrisa irรณnica, un desprecio, una contradicciรณn, un vernos desplazados, no ser tenidos en cuenta; otras veces aun, serรก una incomprensiรณn, una censura, una recusaciรณn, una falta de atenciรณn, un olvido, una ingratitud, etc.

Es preciso entonces saber soportar, ofrecer a Dios nuestro sacrificio, y olvidarlo: dejar pasar como si se fuese ciego, sordo y mudo, para ver mejor, hablar con mรกs acierto y oรญr la voz de Dios. Dejar que, en apariencia, prevalezcan los otros; digo en apariencia, porque en realidad prevalece quien sabe soportar en silencio por amor de Dios.

Dejar de buena voluntad que otros ocupen los primeros lugares, que sea para ellos el mejor, que gocen y triunfen con el fruto de nuestros trabajos, de nuestros sacrificios, de nuestras actividades, de nuestra capacidad, de nuestro despojamiento, y hasta dirรฉ de nuestra virtud, como si fuese cosa suya, y contentรฉmonos con ser humildes y sacrificados por amor a Dios y al prรณjimo.

Soporta de buena voluntad la compaรฑรญa de aquellos que nos son antipรกticos y nos desagradan, de aquellos que nos contradicen, molestan, importunan con preguntas indiscretas o tal vez malintencionadas; pagarles con una sonrisa, un servicio, un favor, perdonando y amando, con nuestra mirada puesta en Dios.

Esta renuncia a nosotros mismos es, tal vez, el sacrificio mรกs difรญcil para la pobre naturaleza humana, pero es tambiรฉn el mรกs agradable a Dios y meritorio para nosotros.

  1. Hay despuรฉs las penitencias y sacrificios externos:obligatorios unos, voluntarios otros.

Sacrificios obligatorios son, por ejemplo, las abstinencias y ayunos establecidos por la Iglesia. Pero podemos y debemos no limitarnos a eso, que, en verdad es muy poca cosa, cara a la necesidad que todos tenemos de hacer penitencia por los propios pecados y por los del prรณjimo.

Existen algunos instrumentos de penitencia que han sido usados por muchos santos, como son las disciplinas, los cilicios, etc. Se practican estas penitencias uniรฉndonos a Cristo flagelado, atado con cuerdas, coronado de espinas. Si Cristo asรญ sufriรณ por nosotros, es mรกs que justo que hagamos alguna cosa por ร‰l y por su obra redentora.

En espรญritu de penitencia se usa tambiรฉn rezar con los brazos en cruz, uniรฉndonos a Cristo crucificado, rezar postrados con la frente tocando el suelo, humillรกndonos asรญ en la presencia de Dios, a quien nos atrevemos a ofender, nosotros que nada somos en su presencia.

A pesar de no ser obligatorias, estas penitencias se vuelven necesarias. en muchos casos; por ejemplo, para vencer naturalezas fogosas, que arrastran hacia el pecado, o tentaciones violentas del mundo, del Demonio, del orgullo y de la carne.

Jesucristo, que era persona divina, no podรญa pecar y, sin embargo, nos dio un gran ejemplo de vida penitente. Antes de iniciar su vida pรบblica, pasรณ cuarenta dรญas en el desierto orando y ayunando. En el transcurso de su vida pรบblica nos muestran los Evangelios que, con frecuencia, se retiraba de las multitudes para, a solas con el Padre, hacer su oraciรณn, y antes de entregarse a la muerte se entretuvo largamente en oraciรณn en el Huerto de los Olivos.

Y nosotros, tan pobrecitos y flacos, ยฟserรก que no precisamos rezar? Precisamos... ยกY tanto! Es en la oraciรณn donde nos encontramos con Dios, y es en ese encuentro donde nos comunica la gracia y la fuerza precisa para renunciar a nosotros mismos, en la prรกctica del sacrificio que nos ha sido pedida:

ยซEntrad por la puerta angosta, porque amplia es la puerta y ancho el camino que conduce a la perdiciรณn, y son muchos los que entran por ella. ยกQuรฉ angosta es la puerta y estrecho el camino que conduce a la Vida, y quรฉ pocos son los que la encuentran!ยป (Mt. 7, 13-14). Jesucristo nos indica aquรญ la gran necesidad que tenemos de sacrificarnos porque sin espรญritu de renuncia propia no entraremos en la Vida Eterna: ยซOfreced constantemente al Altรญsimo oraciones y sacrificiosยป.

ยกAve Marรญa

(del libro: LLAMADAS DEL MENSAJE DE FรTIMA de Sor Lucรญa)

 


 

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