33 Días Hacia un Glorioso Amanecer

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Día 19

Oración contemplativa de corazón

¿Estás listo para tu consagración a María? Si no, ¡prepárate! Como dije al principio, después del Día de Consagración todo cambia. Despunta un amanecer gloriosamente nuevo en nuestras vidas espirituales. Efectivamente, cuando damos a María nuestro “sí”, ella empieza a arreglar todos los eventos y detalles de nuestras vidas en formas muy bellas, tiernas y cariñosas. Por lo tanto, necesitamos prepararnos. Específicamente, necesitamos prepararnos para reconocer la multitud de misericordias que vendrán a nosotros a través de su Esposo el Espíritu Santo. A menudo no reconocemos los muchos regalos que Dios nos concede en nuestra vida cotidiana. Lo que sí reconocemos son los fastidios y las cargas, las dificultades y las molestias de cada día. Nos llaman la atención. Nos mueven a quejarnos. Nos ponen de mal humor y nos consumen la energía. ¿No sería una tragedia si, después de empezar a recibir aún más regalos y gracias a través de nuestra consagración, no cambiáramos esta actitud negativa? Sí, sería trágico. Por lo tanto, necesitamos prepararnos y la Madre Teresa nos ayudará. La Madre Teresa vivió en algunos de los ambientes más pobres del mundo. Tuvo que soportar el calor abrasador, el mal aliento, las salas mal ventiladas, la fatiga persistente, las responsabilidades interminables, la comida desabrida, las camas duras, el mal olor corporal, los baños con agua fría y una profunda aridez espiritual. Pero a pesar de todo esto, irradiaba alegría. Sonreía. Se maravillaba de las buenas cosas que Dios hacía en su vida y en las vidas de los demás y meditaba sobre los incontables detalles cariñosos arreglados por Nuestra Señora. Como veía y reconocía todo esto, no se quejaba. ¿Cómo desarrolló la Madre Teresa esa sensibilidad espiritual y esa actitud de gratitud? ¿Cuál fue su secreto? Fueron dos cosas. Primero, siguió el ejemplo de María quien siempre “conservaba estas cosas” que Dios hacía en su vida y “las meditaba en su corazón” (ver Lucas 2:19, 51). Por supuesto, como la Madre Teresa, María también vivía en pobreza y seguramente cargaba con su parte de oscuridad en la oración. Pero también encontraba a Dios en los detalles, meditaba sobre su bondad en su corazón y respondía con la alabanza: “¡Proclama mi alma la grandeza del Señor!” (Lc.1:46). De hecho, alababa y agradecía a Dios por todo, porque encontraba a Dios en todas las cosas y meditaba en su corazón sus muchos signos de amor. Segundo, la Madre Teresa siguió el ejemplo de San Ignacio de Loyola, el santo soldado y maestro de oración práctica. Específicamente, practicó su método de hacer el examen de conciencia diario en el cual uno revisa su día, al final de la jornada, en la presencia del Señor. Al contrario de lo que la gente piensa, el examen no es simplemente una lista detallada de pecados. De hecho, Ignacio ordena a las personas que pasen la mayor parte del tiempo reflexionando no sobre los pecados, sino sobre las bendiciones del día. En realidad es un ejercicio de reconocimiento de las buenas cosas que Dios hace en nuestras vidas y cómo respondemos, o no, a su amor. Es una imitación de la actitud de María en su oración contemplativa de corazón. (Para aprender un método para hacer este examen, consulta esta nota.)
Dios siempre nos colma de amor y misericordia de muchas maneras. Es importante que empecemos a reconocer estas bendiciones y agradecérselas. Especialmente, porque esta lluvia de bendiciones se convertirá en un torrente de gracia una vez que nos consagremos a María. Así que preparémonos. Recordemos que, según la Madre Teresa, una manera importante de vivir nuestra consagración es reconocer y meditar las bendiciones de Dios, con María, en las profundidades de nuestros corazones. Esta oración contemplativa de corazón nos lleva a alabar y agradecer, y estas alabanzas y agradecimientos nos encienden de amor divino.

ORACIÓN DEL DÍA:
"Ven, Espíritu Santo, que habitas en María.
Ayúdame a reconocer y meditar en mi corazón todo el bien que me haces".

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