3. LLAMADA A LA ESPERANZA

Espero
Toda nuestra esperanza debe estar puesta en el Seรฑor, porque รl es el รบnico Dios verdadero, que nos creรณ con amor eterno, y nos redimiรณ enviando a Su propio Hijo, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, que
y muriรณ por nuestra salvaciรณn.
Asรญ nos lo atestigua el Evangelio de San Juan, al referir estas palabras de Jesucristo a Nicodemo: "ยฟTรบ eres maestro en Israel y lo ignoras? En verdad, en verdad te digo que hablamos de lo que sabemos, y damos testimonio de lo que hemos visto, pero no recibos nuestro testimonio. Si os he hablado de cosas terrenas y no creรฉis, ยฟcรณmo ibais a creer si os hablara de cosas celestiales? Pues nadie ha subido al Cielo, sino el que bajรณ del Cielo, el Hijo del Hombre. Como Moisรฉs levantรณ la serpiente en el desierto, asรญ es preciso que sea levantado el Hijo del Hombre, para que todo el que crea tenga vida eterna en รl".
Tanto amรณ Dios al mundo que le entregรณ a su Hijo Unigรฉnito, para que todo el que cree en รl no perezca, sino que tenga vida eterna. Pues Dios no enviรณ a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por รl. El que cree en รl no es juzgado; pero quien no cree ya estรก juzgado, porque no cree en el nombre del Hijo Unigรฉnito de Dios. Este es el juicio: que vino la luz al mundo y los hombres amaron mรกs las tinieblas que la luz, ya que sus obras eran malas." (Jn. 3, 10-19).
Este texto sagrado nos dice cuรกl debe ser el motivo de nuestra esperanza: "Asรญ debe ser levantado el Hijo del Hombre a fin de que todo aquel que crea en รl tenga vida eterna". Si los israelitas heridos de muerte mirando para la serpiente que Moisรฉs fijara en el poste recuperaban la vida, cรบanto mรกs nosotros sรญ sabemos, con fe y confianza, levantar nuestra mirada para Cristo, levantado en el madero de la cruz; si sabemos unir a la Suya nuestra cruz de cada dรญa, nuestros trabajos, nuestras fatigas, nuestras contrariedades, nuestros dolores y angustias con vivo arrepentimiento de nuestros pecados y firme propรณsito de no volver a cometerlos, nuestra confianza serรก recompensada con la promesa de Cristo: "Todo el que cree en รl tendrรก la vida eterna".
Para que veรกis lo que debe ser nuestra confianza en Cristo, os recuerdo la travesรญa del lago hecha por los Apรณstoles, despuรจs del milagro de la multiplicaciรณn de los panes. Jesรบs ordenรณ entonces a Sus discรญpulos que subiesen a una barca y que pasasen al otro lado enfrente de Betania, mientras รl despedรญa a la multitud: "Y despuรฉs de despedirlos, se retirรณ al monte a orar. Cuando se hizo de noche, la barca estaba en medio del mar, y รl solo en tierra. Y viรฉndoles remar con gran fatiga, pues el viento les era contrario, hacia la cuarta vigilia de la noche viene a ellos andando sobre el mar, e hizo ademรกn de pasar de largo. Ellos, cuando lo vieron caminando sobre el mar, pensaron que era un fantasma y gritaron. Todos, en efecto, le vieron y se asustaron. รl hablรณ en seguida con ellos, y les dijo: Tened confianza, soy Yo, no temรกis. Y subiรณ con ellos a la barca y cesรณ el viento. Entonces se quedaron mucho mรกs asombrados; pues no habรญan entendido lo de los panes, porque su corazรณn estaba embotado.
Y terminada la travesรญa hasta la costa, llegaron a Genesaret y atracaron. Cuando bajaron de la barca, al momento lo reconocieron. Y recorriendo toda aquella regiรณn, a donde oรญan que estaba รl le traรญan sobre las camillas a todos los que se encontraban mal. Y adondequiera que entraba, en pueblos, o en ciudades, o en aldeas, colocaban a los enfermos en las plazas, y le suplicaban que les dejase tocar al menos el borde de su manto; y todos los que le tocaban quedaban sanos." (Mc. 6, 46-56).
Este pasaje de la vida de Jesucristo nos enseรฑa lo que debe ser nuestra confianza, tanto en el comportamiento de los Apรณstoles luchando entre las olas del mar, como en la actitud de los gerasenos presentando a Cristo sus enfermos. Nos dice el Evangelista que todos cuantos tocaban al menos el borde de Su manto, quedaban curados; porque tocaban a Cristo con fe y confianza. รsta es la condiciรณn para obtener la gracia, aproximรกndonos a Cristo con fe, confiados en Su bondad y Su amor.
Aquello que el Seรฑor les dice a los Apรณstoles vale tambiรฉn para todos nosotros: "tranquilos, soy Yo, no tengรกis miedo". En medio de las tempestades que se levantan en la vida, tal vez -como sucediรณ a los Apรณstoles-todo nos parezca un fantasma, dรกndonos miedo. Pero, si sabemos levantar nuestra mirada para Cristo, veremos que junto a nosotros estรก รl y tendremos la felicidad de oรญr en lo รญntimo de nuestro corazรณn el son armonioso de Su voz, que nos susurra: "Soy Yo, ยกNo tengรกis miedo!".
Pero, para oรญr el son de su voz y comprenderlo, es preciso que no tengamos el espรญritu "embotado", como nos dice el Evangelio que lo tenรญan los Apรณstoles, y, por eso, no comprendรญan las palabras de Jesรบs. Es preciso, pues, que nuestro espรญritu estรฉ libre del demasiado apego a las cosas de la tierra, a las vanidades que arrastran por el camino de la liviandad, de la exageraciรณn de las modas, que dan mal ejemplo y escandalizan al prรณjimo, inclinando al pecado. Di, por tanto, seguimos nuestras malas inclinaciones, el ansia de aquello que no nos pertenece ni puede legรญtimamente pertenecer, las envidias, los celos y las tentaciones de venganza contra la justicia y contra la caridad, etc., entonces estas cosas nos ciegan y ensordecen de tal modo que no vemos ni oรญmos, ni comprendemos las palabras de Jesucristo, y asรญ desfallece en nosotros la fe y la confianza.
El apรณstol san Juan, en el discurso de despedida pronunciado por Jesucristo durante la รltima Cena, nos refiere algunos pasajes que inspiran los mismos sentimientos de esperanza.
El maestro acababa de lavar los pies a los apรณstoles, se sentรณฬ a la mesa y explicรณ el sentido de su gesto recomendรกndoles la humildad y la caridad; predijo despuรฉs la traiciรณn de Judas, y, habiendo รฉste salido para cumplir sus pรฉrfidos propรณsitos, el Seรฑor dijo a sus discรญpulos: โNo se turbe vuestro corazรณn. Creรฉis en Dios, creed tambiรฉn en mรญ. En la casa de mi Padre hay muchas moradas, si no, os lo hubiera dicho, porque voy a prepararos un lugar; y cuando haya marchado y os haya preparado un lugar, de nuevo vendrรฉฬ y os llevarรฉ junto a mรญ, para que, donde Yo estoy, estรฉis tambiรฉn vosotrosโ (Jn 14, 1-3).
Y, continuรณ el Seรฑor hablando familiarmente con sus apรณstoles acerca de su prรณxima muerte, y les dijo: โMirad que llega la hora, y ya llegรณ, en que os dispersareis cada uno por su lado, y me dejareis solo, aunque no estoy solo porque el Padre estรก conmigo. 0s he dicho esto para que tengรกis paz en mรญ. En el mundo tendrรฉis tribulaciรณn, pero confiad: Yo he venido al mundoโ (Jn 16, 32-33).
Aquรญฬ Jesรบs nos asegura que tenemos un lugar en el Cielo, si queremos seguir su camino; el camino que รl nos trazรณฬ con su palabra y con sus ejemplos, el camino que es รl mismo: โyo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por Mรญ. (...) (Porque) quien me ve (a mรญ), ve al Padreโ (Jn 14, 6-9). Por lo tanto, nuestro camino es Cristo, es por su palabra, por su doctrina, por su vida. Precisamos por eso identificarnos con Cristo, para reproducir en nosotros la vida de Cristo y ver en Cristo al Padre, segรบn sus palabras: โYo y el Padre somos unoโ (Jn 10, 30).
Es en esta identificaciรณnde nuestra vida con la vida de Cristo, vida de expiaciรณn por nuestros pecados, por la que nuestra confianza se afirma y fortalece. Pues sabemos que es por nuestra uniรณn con Cristo y por sus mรฉritos que seremos salvos, que nos volveremos agradables al Padre en la medida en que reproduzcamos en nosotros los sentimientos de su Hijo Jesucristo, de modo que el Padre vea en nosotros la cara de su Verbo. Este es el camino que hemos de seguir para llegar a ocupar el lugar que Jesรบs tiene preparado en el Cielo para nosotros.
Entre los sentimientos grandes de Jesรบs, que hemos de imitar, se cuenta su total dependencia del Padre y la plena sumisiรณn a la voluntad de รl, pudiendo asรญฬ asegurarnos que su palabra es la palabra del Padre: โPorque yo no he hablado por mรญ mismo, sino que el Padre que me enviรณฬ, รl me ha ordenado lo que he de decir y hablar. y sรฉ que su mandato es vida eterna; por tanto, lo que Yo hablo, segรบn me lo ha dicho el Padre, asรญฬ lo habloโ (Jn 12, 49-50).
Engendrado eternamente del Padre, el Verbo todo lo recibiรณฬ de รl; justamente afirma que todo cuanto nos anuncia le fue dicho por el Padre, y que todo cuanto nos transmite es palabra del Padre.
Nos resta, pues, seguir con fe esta palabra de vida eterna, seguirla con fe y con aquella humildad del niรฑo, seguro de su propia impotencia, que se abandona en los brazos del padre; ahรญฬ descansa y duerme tranquilo, porque sabe que el padre lo cuida, defiende y lleva al lugar de reposo, y si algรบn dรญa ofende al padre, transgrediendo alguna de sus รณrdenes, el conoce su corazรณn, confรญa en su amor, corre a su encuentro, con humildad confiesa su falta, espera su perdรณn y, con la misma confianza de antes, se arroja en sus brazos.
Junto a Dios, todos somos niรฑos. รl es el Padre de la gran familia humana: nos mece a todos en la cuna de su Providencia y nos conduce por los caminos del amor. No queramos nosotros desviarnos de esta vida, ยกni nos arranquemos de sus brazos paternales! Asรญฬ, nuestra esperanza estรก asentada en Dios, en su palabra, en su amor de Padre, en su mano salvadora. Como hijos abandonados en sus brazos, ciertos de su infinita misericordia, sabemos que nuestra confianza no serรกฬ defraudada.
ยกAve Marina!
(del libro: LLAMADAS DEL MENSAJE DE FรTIMA de Sor Lucรญa)
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