Hacia un Glorioso Amanecer Día 17

Día 17

Las visiones de 1947

Varios meses después de sentir por primera vez su “llamada dentro de la llamada”, la Madre Teresa experimentó tres visiones que profundizaron esa llamada. En la primera visión vio una gran muchedumbre de todo tipo de personas que incluyó a los muy pobres y a los niños. Las personas de la muchedumbre tenían las manos levantadas hacia ella y exclamaban: “Ven, ven, sálvanos —llévanos a Jesús”. En la segunda visión, la misma gran muchedumbre estaba allí y esta vez la Madre Teresa podía ver el dolor inmenso en sus rostros. Aunque no podía ver el rostro de María, podía escuchar lo que decía:
“Cuida de ellos — son míos. — Llévaselos a Jesús —tráeles a Jesús. —No temas”.
En la tercera visión la misma gran muchedumbre estaba allí otra vez, pero cubierta de tinieblas. No obstante, Teresa podía verla. En ese lugar Jesús estaba colgado en la Cruz y Nuestra Señora estaba a poca distancia. Teresa, como niña, estaba justo enfrente de María. La mano izquierda de María se posaba sobre el hombro izquierdo de Teresa y su mano derecha tenía el brazo derecho de Teresa. Ambas miraban a la Cruz y Jesús le dijo a Teresa:
“Te lo he pedido. Ellos te lo han pedido y ella, Mi Madre, te lo ha pedido. ¿Te negarás a hacer esto por Mí — cuidar de ellos, traérmelos?”
Fíjate en el papel de Nuestra Señora en estas visiones. Está allí ayudándole a Teresa a escuchar el deseo del Corazón del Señor y a ver el sufrimiento de la muchedumbre. Está allí como una Madre con su “niña”, dirigiéndose a Jesús y a la muchedumbre a la vez. Le da consuelo y apoyo a Teresa, tal como lo hizo con San Juan al pie de la Cruz. El Padre Joseph Langford, MC, cofundador de los Padres Misioneros de la Caridad, reflexiona sobre el significado de estas visiones:

“Sin Nuestra Señora estaremos… solos ante las cruces de la vida, ajenos a Jesús entre nosotros. En tiempos de prueba, nos encontramos a menudo como los pobres en la visión de la Madre Teresa, rodeados de oscuridad, ignorantes de que Jesús está ahí, entre nosotros. Sin la fidelidad que Nuestra Señora ofreció a… la Madre Teresa, el mundo no habría oído hoy esas palabras [“Tengo sed”], ni las habría visto vividas hasta el final.”

Resulta que Nuestra Señora estuvo especialmente presente para la Madre Teresa no sólo durante estas visiones sino también durante la gracia original del 10 de septiembre. En el quincuagésimo aniversario de ese día bendito, Madre Teresa compartió algo nuevo: “Si Nuestra Señora no hubiera estado allí aquel día, nunca habría sabido a qué se refería Jesús cuando dijo: “Tengo sed”. ¿Qué quiso decir Teresa? Lo que quiso decir sale a la luz cuando reflexionamos de nuevo sobre la dimensión mariana de la carta del 25 de marzo sobre “Tengo sed”:

“… Nuestra Señora fue la primera persona que escuchó el clamor de Jesús “Tengo sed” junto con San Juan, y estoy segura que María Magdalena también. Puesto que ella estuvo ahí en el Calvario, conoce qué tan real, qué tan profundo es su anhelo por ti y por los pobres. ¿Lo sabemos? ¿Lo sientes como Ella? Pídele que te enseñe…. Su papel es el de ponerte cara a cara, como a Juan y a Magdalena, con el amor en el corazón de Jesús crucificado. Primero fue Nuestra Señora suplicándole a Madre, es ahora Madre, quien en su nombre te suplica a ti: “escucha la Sed de Jesús”.”

Este pasaje llega al corazón de la relación de la Madre Teresa con María y nada la resume mejor que esta magnífica frase:
Su papel es el de ponerte cara a cara… con el amor en el corazón de Jesús crucificado.

ORACIÓN DEL DÍA:
“Ven, Espíritu Santo, que habitas en María.
Pónme cara a cara con el amor en el Corazón de Jesús crucificado”.