19. LLAMADA A LA SANTIDAD

En la aparicioฬn de Nuestra Senฬora del Carmen se puede descubrir otro significado: una llamada a la santidad.
Ahiฬ, vemos a aquella que, como nosotros, vivioฬ en la tierra y aquiฬ se santificoฬ; ahora, vive y reina con Dios en el Cielo, gozando del fruto y de la recompensa de esa santificacioฬn.
Nuestra Senฬora se santificoฬ como Virgenpura e inmaculada, correspondiendo a las gracias que Dios, en ese estado, le concedioฬ; se santificoฬ como Esposa fiel y dedicada, en el cumplimiento de todos sus deberes de estado; se santificoฬ como Madre amorosa que se desvela por el Hijo que Dios le confioฬ para mecerlo en sus brazos, criarlo y educarlo, para auxiliarlo y seguirlo en el desempenฬo de su misioฬn. Con Eฬl recorrioฬ el camino estrecho de la vida, la viฬa escabrosa del Calvario; con Eฬl agonizoฬ, recibiendo en su corazoฬn las heridas de los clavos, el golpe de la lanza y los vituperios de la multitud amotinada; se santificoฬ, en fin, como madre, maestra y guiฬa de los apoฬstoles, aceptando quedar en la tierra por el tiempo que Dios quisiese, para realizar la misioฬn que Eฬl le habiฬa confiado de corredentora con Cristo de la humanidad.
Asiฬ, Mariฬa es, para todos nosotros, el modelo de la maฬs perfecta santidad a que puede elevarse una criatura en esta pobre tierra de exilio.
Cuaฬntas veces tendraฬ ella leiฬdas y meditadas en su corazoฬn estas palabras de la Sagrada Escritura: ยซSed santos, porque Yo, el Senฬor, vuestro Dios, soy santoยป. (Lev. 19, 2).
Esto que Dios nos dice aquiฬ es paratodos y para todos los estados de vida, como se concluye del contexto de la frase: ยซEl Senฬor dijo a Moiseฬs: โhabla a toda la asamblea de los hijos de Israel y diles: โSed santos, porque Yo, el Senฬor, vuestro Dios, soy santoโโยป (Lev. 19, 1-2)
Eฬste es un mandamiento que nos obliga a cumplir todos los otros mandamientos, porque transgredir uno solo de ellos, cualquiera que sea, es faltar a la santidad.
El deber de ser santos obliga a todos, igual a aquellos que no tienen fe. Claro que, en este caso, sin la virtud de la fe, la santidad seraฬ soฬlo dictada por la propia conciencia y quedaraฬ privada del meฬrito sobrenatural, porque le falta la razoฬn fundamental que revaloriza toda la verdadera santidad: ยซser santo porque Dios es santoยป. Ser santo, para agradar a Dios, para asemejarnos nosotros a Dios, para hacer su voluntad, para dar gusto a Dios y demostrarle todo nuestro amor.
Como deciฬa, los que no tienen la felicidad de poseer el don de la fe estaฬn igualmente sujetos a la obligacioฬn de ser santos por un dictamen de la conciencia humana; por la misma razoฬn, se dice que lo mismo sin tener conocimiento de Dios pueden salvarse todos aquellos que cumplen la ley natural.
Asiฬ nos lo asegura el apoฬstol san Pablo: ยซEn efecto, cuando los gentiles, que no tienen la Ley, siguiendo la naturaleza cumplen los preceptos de la Ley, ellos, sin tener la Ley, son leypara siฬ mismos. Con esto muestran que tienen grabado en sus corazones lo que la Ley prescribe, como se lo atestigua su propia conciencia y seguฬn los acusan o los excusan los razonamientos que se hacen unos a otros. Asiฬ se veraฬ en el diฬa en que Dios por Jesucristo juzgue las cosas secretas de los hombres, seguฬn mi evangelioยป (Rom. 2, 14-16).
Para nosotros que tenemos la felicidad de poseer el don de la fe, recibido en el sacramento del bautismo, el deber de ser santos nos obliga a algo maฬs: a revestirnos de la vida sobrenatural, a dar a todas nuestras acciones el caraฬcter sobrenatural, esto es, a ser santos porque Dios lo quiere y porque Dios es santo.
El referido deber nos obliga a vivir a la sombra de la santidad de Dios, o sea seguฬn el camino que Dios nos trazoฬ para ser santos y estar con Eฬl: ยซPorque Yo soy el Senฬor, vuestro Dios, debeฬis santificaros y permanecer santos, porque Yo soy santoยป (Lev. 11, 44).
Eฬl mismo nos guiฬa los pasos por el camino de la santidad: ยซYo soy Dios todopoderoso. Anda en mi presencia y seฬ perfectoยป (Geฬn. 17, 1). Andar en la presencia de Dios es darnos cuenta de que su mirada descansa sobre nosotros, y todo nuestro ser como que estaฬ enfrente del espejo de la Luz de Dios. Y, asiฬ, daฬndonos cuenta de que Dios nos ve, no nos atreveremos a ofenderle; antes naceraฬ en nosotros la voluntad de cumplir su Ley para agradarle, dar gusto, merecer sus favores y gracias y santificarnos para identificamos con Eฬl. Aquiฬ estaฬ para todos la verdadera unioฬn con Dios; y es eฬsta la que nos santifica.
Las personas consagradas se elevan a un nivel maฬs alto, debido a la santidad del estado de vida que abrazaron. Con el desprendimiento de las cosas de la tierra, se colocan en un grado de particular disponibilidad para corresponder a la accioฬn de la gracia de Dios en ellas. Al entregarse a Dios con amor, le ofrecieron de una vez para siempre el holocausto de todo y de siฬ mismos. Ahora, este acto, de por siฬ, es capaz de elevar a una vida de constante intimidad con Dios y de perfecto amor, si, de parte de la persona consagrada, hubo una entrega plena, sin reservas ni restricciones.
En una entrega semejante, su encuentro con Dios se vuelve permanente y familiar. Ella trata, entonces, con el Senฬor como con un amigo o como con un padre que siempre encuentra a su disposicioฬn, le comunica sus deseos, sus aspiraciones, sus ideales y sus dificultades. Es en esta intimidad como Dios se da a la persona y la santifica, y eฬsta se da cuenta de la presencia de Dios en siฬ misma, sintieฬndose Dios como en su templo y el lugar de su morada; por eso, ahiฬ se refugia en todos los momentos y diฬas de su vida. Y lo mismo cuando la presencia de Dios no se hace sentir, la persona se refugia en su ser inmenso y se abandona en sus brazos de Padre; por la fe, sabe que Eฬl la escucha y la conduce por los caminos por donde le place llevarla. Unida a Cristo, ofrece a Dios su sacrificio conforme a la doctrina del apoฬstol, que tanto me gusta, y que dice:
ยซOfrezcamos continuamente a Dios por medio de eฬl un sacrificio de alabanza, es decir, el fruto de los labios que confiesan su nombre. No os olvideฬis de hacer el bien y de compartir lo vuestro, pues en este tipo de sacrificios se complace Diosยป (Hb. 13, 15-16)
Desgraciadamente, hemos de confesar que son pocas las personas que alcanzan este grado de iฬntima unioฬn con Dios. Tambieฬn en los claustros penetran las tentaciones diaboฬlicas, que consiguen desviar a las almas de aquella aspiracioฬn uฬnica y sublime que las llevoฬ a desprenderse de tantas cosas. Y, despueฬs, el tentador consigue obcecarlas, con tristes ambiciones de honras, de cargos, de lugares, hasta tal punto, que si no los ocupan ยกparece ya que se pierde el mundo! Y es preciso colocarlas allaฬ... ยกpara asegurarlas! Y, con ellas, ยกel Demonio enganฬa a tantos! Ya lo dice el libro de la imitacioฬn de Cristo y repite santa Teresa de Jesuฬs. ยฟPero queฬ vale? El Demonio no ceja, porque es el campo de su cosecha.
Por eso Jesucristo nos recomienda que ยซquien entre vosotros quiera llegar a ser grande, sea vuestro servidor. De la misma manera que el Hijo del Hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en redencioฬn por muchosยป (Mt. 20, 27-28).
Y las personas que saben vencer las tentaciones se sumergen en el ser inmenso de Dios, como en un ocรฉano de gracia, fuerza y amor; penetran en los secretos divinos, con elevada claridad y los entienden, aunque no los puedan comprender del todo, Dios se revela a esas almas con cierta complacencia y les comunica el conocimiento de una parte de siฬ mismo, seguฬn la capacidad que da a cada una para alcanzar la esencia del Ser divino.
El alma se identifica, entonces, con la santidad de Dios en la medida en que ella generosamente se entrega, y Dios la toma consigo y la enriquece de sus dones
Es asiฬ que la persona se ennoblece con la virtud de Dios, como dice el apoฬstol san Pablo: ยซNi ojo vio, ni oiฬdo oyoฬ, ni pasoฬ por el corazoฬn del hombre, las cosas que preparoฬ Dios para los que le aman.ยป A nosotros, en cambio, Dios nos lo reveloฬ por medio del Espiฬritu, porque el Espiฬritu todo lo escudrinฬa, incluso las profundidades de Dios. Pues ยฟqueฬ hombre sabe lo que hay en el hombre, sino el espiฬritu del hombre que estaฬ en eฬl? Asiฬ tambieฬn, lo que hay en Dios nadie lo ha conocido sino el Espiฬritu de Dios. Pero nosotros no hemos recibido el espiฬritu del mundo, sino el Espiritu que viene de Dios, para que conozcamos los dones que Dios nos ha concedidoยป (1 Cor. 2, 9-12)
Y Jesucristo nos dice lo mismo pero con Eฬl como revelador: ยซSiฬ, Padre, pues asiฬ fue tu beneplaฬcito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, ni nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quiera revelarloยป (Mt. 11, 26-27)
Dios se comunica y se revela a quien le place, pero tal comunicacioฬn exige la fiel correspondencia de parte de quien la recibe. La accioฬn de Dios no destruye la naturaleza humana, antes la perfecciona y dignifica; no sustrae a la persona del sentimiento humano natural, moral y fiฬsico, pues es con eฬl como ella ha de santificarse, a semejanza de Cristo que sintioฬ y soportoฬ por amor del Padre.
No la inmuniza a la accioฬn de la tentaciรณn, sea de orgullo, del Demonio, de la carne o del mundo, porque ella ha de santificarse en la lucha, venciendo con el auxilio de la gracia, a ejemplo de Jesucristo que, a pesar de ser el santo de los santos, tambieฬn fue tentado.
Las pruebas aฬsperas, a las que, a veces, esas almas son sometidas, pueden estremecerlas y hacerlas retroceder, porque Dios no las volvioฬ inmunes a la flaqueza humana. Particularmente durasson esas pruebas, cuando nacen de la injusticia, de la inexactitud o de la falta de verdad. Por eso, quien se sacrifica es responsable.
Con todo, es en medio de todas estas luchas que la persona โsi persevera en la lucha y venceโ se santifica y se vuelve hacia Dios en una verdadera alabanza de gloria, como dice el apoฬstol: ยซRezamos para que camineฬis de una manera digna del Senฬor, agradaฬndole en todo, dando como fruto toda clase de obras buenas y creciendo en el conocimiento de Dios; asiฬ sereฬis fortalecidos con toda la fuerza propia de su glorioso poder para tener en todo paciencia y longanimidad, con alegriฬa, dando gracias al Padre, que os hizo dignos de participar en la herencia de los santos en la luzยป (Col. 1, 10-12).
Sean cuales fueren los favores concedidos por Dios a un alma, Eฬl no la despoja de los dones comunes concedidos a toda la humanidad: la voluntad propia, la libertad, el sentimiento y propia personalidad, con los mismos derechos y las mismas responsabilidades. Dios dio igualmente a todos estos dones, para que el libre uso que de ellos hagamos nos santifique y vuelva dignos de una recompensa eterna. Por eso Dios respetaen nosotros su daฬdiva y nosotros tenemos tambieฬn que respetarla en nuestro proฬjimo; asiฬ cada uno es responsable de siฬ mismo ante Dios.
Despojar a alguien de cualquiera de estos dones es forzarlo a vivir como a otro le parece, es cometer una injusticia y volverse responsable de las faltas o pecados que la persona forzada pueda por tal motivo cometer.
Por parte de la persona humillada, si soporta y sufre con paciencia por amor a Dios, se santifica y merece la recompensa:ยซPorque los ojos del Senฬor miran a los justos, y sus oiฬdos estaฬn atentos a sus plegarias, pero el rostro del Senฬor se vuelve contra los que obran malยป (1 Ped. 3, 12).
Asiฬ, escogidos por Dios para la santidad, procuremos corresponder a tal llamamiento, con lo mejor de nosotros mismos, para el crecimiento personal y para el provecho comuฬn.
Asiฬ nos lo recomienda san Pablo: ยซTenemos dones diferentes, conforme a la gracia que se nos ha dado: bien sea la profeciฬa, seguฬn la medida de la fe; bien sea el ministerio, sirviendo; o el que ensenฬa, ensenฬando; o el que exhorta, exhortando; el que da, con sencillez; el que preside, con solicitud; el que ejercita la misericordia, con alegriฬaยป (Rom. 12, 6-8).
Y asiฬ, por el buen uso que hacemos de los dones que Dios nos concedioฬ, nuestra santidad se eleva en el amor que debemos a Dios y al proฬjimo, nos purificamos y volvemos dignos de la Vida Eterna. Porque el amor es el viฬnculo de toda la verdadera santidad, como nos dice la sublime aฬguila del Nuevo Testamento: ยซEn esto conocemos que amamos a los hijos de Dios: en que amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos. Pues el amor de Dios consiste precisamente en que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos, porque todo el que ha nacido de Dios, vence al mundo. Y eฬsta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra feยป (1 Jn. 5, 2-4).
Pero, puede ser que a alguien se le ocurra preguntar: ยฟPara queฬ hemos de ser santos?
La respuesta nos la da el apoฬstol san Pablo en estas palabras maravillosas: ยซBendito sea el Dios y Padre de nuestro Senฬor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda bendicioฬn espiritual en los cieios, pues en Eฬl nos eligioฬ antes de la creacioฬn del mundo para que fueฬramos santos y sin mancha en su presencia, por el amor; nos predestinoฬa ser sus hijos adoptivos por Jesucristo conforme al beneplaฬcito de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo gratos en el Amado, por cuya Sangre nos es dada la redencioฬn, el perdoฬn de los pecados, seguฬn las riquezas de su gracia, que derramoฬ sobre nosotros de modo sobreabundante con toda sabiduriฬa y prudencia. Nos dio a conocer el misterio de su voluntad, seguฬn el beneฬvolo designio que se habiฬa propuesto realizar mediante Eฬl y llevarlo a cabo en la plenitud de los tiempos: recapitular en Cristo todas las cosas, las de los cielos y las de la tierra.ยป En Eฬl, por quien tambieฬn fuimos constituidos herederos, predestinados seguฬn el designio de quien realiza todo con arreglo al consejo de su voluntad, para que nosotros, los que antes habiฬamos esperado en el Mesias, sirvamos para la alabanza de su gloria. Por Eฬl tambieฬn vosotros, una vez oiฬda la palabra de la verdad โel Evangelio de nuestra salvacioฬnโ, al haber creiฬdo, fuisteis sellados con el Espiritu Santo prometido, que es prenda de nuestra herencia, para la redencioฬn de su pueblo adquirido, para alabanza de su gloriaยป (Ef. 1, 3-4).
Para eso fuimos escogidos y hemos de ser santos: para ser la alabanza de la gloria de Dios y participar de esa misma gloria que de Eฬl recibimos como gracia.
ยกAve Marรญa!
( del libro: LLAMADAS DEL MENSAJE DE FรTIMA de Sor Lucรญa)
TEMAS RELACIONADOS:
ยท LLAMADA A LA VIDA DE LA PLENA CONSAGRACIรN A DIOS (โ)
ยท LLAMDA A SEGUIR POR EL CAMINO DEL CIELO (โ)
0 Comentarios