15. LLAMADA A DEJAR DE OFENDER A DIOS

 


No ofendaฬis maฬs a Dios Nuestro Senฬƒor, que ya estaฬ muy ofendidoโ€(13 de octubre 1917)
Esta llamada que el mensaje nos hace aquiฬ es maฬs una llamada de atencioฬn a la observancia del primero de los mandamientos de la Ley de Dios, o sea, el amor a Dios.

Este precepto de amar a Dios es el primero de los mandamientos por la grandeza uฬnica del destinatario que eฬl contempla, pero tambieฬn porque es ese amor el que nos ha de llevar a cumplircon fidelidad todos los otros preceptos.

Dios, hablando a su pueblo por medio de Moiseฬs dice: โ€œOye, Israel: Yaveฬ es nuestro Dios, Yaveฬ es uฬnico. Amaraฬs a Yaveฬ, tu Dios, con todo tu corazoฬn, con toda tu alma, con todo tu poder, y llevaraฬs muy dentro del corazoฬn todos estos mandamientos que yo hoy te doy. Incuฬlcaselos a tus hijos, y cuando esteฬs en tu casa, cuando viajes, cuando te acuestes, cuando te levantes, habla siempre de ellos. Aฬtatelos a tus manos, para que te sirvan de senฬƒal; poฬntelos en la frente, entre tus ojos; escriฬbelos en los postes de tu casa y en tus puertasโ€ (Dt 6, 4-9).

Esta insistencia de Dios a que grabemos la ley de su amor en nuestro corazoฬn, que la usemos como siฬmbolo en nuestro brazo y como frontal delante de nuestros ojos, que la tengamos escrita sobre los pilares y las puertas de nuestra casa es para que esteฬ siempre presente en nuestro espiฬritu, la meditemos noche y diฬa y la ensenฬƒemos a nuestros hijos, a nuestros hermanos y a todos aquellos que nos rodean. Ese amor ha de ser la luz de nuestras aspiraciones y el ideal de nuestros deseos; debe ser el guiฬa de nuestros pasos, esto es, debemos caminar por la senda del amor.

 

Un diฬa, los fariseos fueron a estar con Jesuฬs y uno de ellos, un doctor de la Ley, le preguntoฬ: โ€œMaestro, ยฟcuaฬl es el mandamiento principal de la Ley?โ€

Eฬl le respondioฬ: โ€œAmaraฬs al Senฬƒor tu Dios con todo tu corazoฬn y con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el mayor y el primer manda- miento. El segundo es semejante a eฬste: Amaraฬs a tu proฬjimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetasโ€ (Mt 22, 35-40)

Este segundo mandamiento que Jesuฬs cita habiฬa sido ordenado por Dios a su pueblo en estos teฬrminos: โ€œNo te vengaraฬs ni guardaraฬs rencor a los hijos de tu pueblo, sino que amaraฬs a tu proฬjimo como a ti mismo. Yo soy el Senฬƒor. Guardaraฬs mis mandamientosโ€ (Lv 19, 18-19)

En la observancia de estos mandamientos estaฬ el sentido del mensaje โ€œNo ofendaฬis maฬs a Dios Nuestro Senฬƒorโ€. Todos sabemos que es con el pecado con lo que ofendemos a Dios, faltando a este mandamiento del amor que le debemos a Eฬl, al proฬjimo y a nosotros mismos; siฬ, a nosotros mismos, porque nos perjudicamos gravemente, tal vez sin pensar ni sentir.

Ofendemos a Dios porque transgredimos sus preceptos, dado que todos ellos son una manifestacioฬn de su amor para con nosotros. Como el amor de un padre que toma al hijo de la mano y le indica el camino que debe seguir para obtener la felicidad y la herencia de sus bienes, si el hijo se vuelve rebelde, si desprecia las ensenฬƒanzas paternas, estaฬ claro que maltrata y ofende a su padre en el punto maฬs delicado de su corazoฬn, que es el amor.

Del mismo modo, cuando despreciamos u olvidamos los mandamientos de Dios, tambieฬn Eฬl se siente maltratado y ofendidopor lo que tiene de maฬs grandioso, que es el amor paternal con el que nos creoฬ, con el que nos colmoฬ de atenciones y mimos en todo lo que nos rodea de bueno y que Eฬl pensoฬ para nuestro bien, con que nos redimioฬ del pecado y nos abrioฬ las puertas del Cielo, con el que nos concederaฬ parte en la herencia de su Reino.

Por eso, todo pecado es una ofensa a Dios nuestro Padre y un desprecio de su amor, visto que preferimos el pecado al amor que debemos a Dios y a la posesioฬn de su Reino, sabiendo nosotros que, por el pecado, perdemos el derecho.

Ved, a propoฬsito de esto, la palabra segura del apoฬstol san Pablo: โ€œPorque vosotros, hermanos, fuisteis llamados a la libertad; pero que esta libertad no sea pretexto para la carne, sino serviฬos mutuamente por amor. Pues toda la Ley se resume en un solo precepto, en eฬste: Amaraฬs a tu proฬjimo como a ti mismo. Pero si os mordeฬis y os devoraฬis unos a otros, ยกtened cuidado para no destruiros mutuamente! Digo, pues: caminad en el Espiฬritu y no deis satisfaccioฬn a la concupiscencia de la carne. Porque la carne tiene deseos contrarios al espiฬritu, y el espiฬritu contrarios a la carne, pues ambos se oponen mutuamente, para que no hagaฬis lo que quereฬis. Si os dejaฬis conducir por el Espiฬritu, no estaฬis sujetos a la Ley. Ahora bien, manifiestas son las obras de la carne, que son: fornicacioฬn, impureza, lujuria, idolatriฬa, hechiceriฬa, enemistades, pleitos, celos, iras, rinฬƒas, discusiones, divisiones, envidias, embriagueces, orgiฬas, y cosas semejantes. Sobre las cuales os prevengo, como ya dije, que los que hacen tales cosas no heredaraฬn el Reino de Dios. En cambio, los frutosdel Espiฬritu son: caridad, gozo, paz, longanimidad, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, continencia; contra tales frutos no hay ley. Los que son de Jesucristo han crucificado su carne con sus pasiones y concupiscencias. Si vivimos por el Espiฬritu, caminemos tambieฬn seguฬn el Espiฬrituโ€ (Gal 5, 13-25)

 

 

Aquello que el apoฬstol acaba de decirnos es lo que tenemos que hacer para cumplir el llamamiento del mensaje, que nos dice: โ€œยกNo ofendaฬis maฬs a Dios!โ€ ยกNo ofendamos maฬs el amor de Dios! Y este amor que le dejemos ha de llevarnos a amar al proฬjimo.

Nadie puede decir que ama a una persona si aborrece y maltrata a sus hijos, porque naturalmente, los padres toman como hecho a siฬ mismos aquello que se hace a sus hijos. Lo mismo podemos pensar de la reaccioฬn que Dios tiene hacia el amor que damos o negamos al proฬjimo: son sus hijos.

En este caso de Dios y sus hijos, una razoฬn maฬs nos obliga: ยกson nuestros hermanos! Pero: โ€œDe todos modos ya es una falta vuestra que haya pleitos entre vosotros. ยฟPor queฬ no preferiฬs sufrir la injusticia? ยฟPor queฬ no preferiฬs ser despojados? Al contrario, sois vosotros los que haceฬis injusticias y despojaฬis, y precisamente a vuestros hermanos. ยฟAcaso no sabeฬis que los injustos no heredaraฬn el Reino de Dios? No os enganฬƒeฬis: ni los fornicadores, ni los idoฬlatras, ni los aduฬlteros, ni los afeminados, ni los sodomitas, ni los ladrones, ni los amos, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los rapaces heredaraฬn el Reino de Diosโ€ (1Cor 6, 6-10)

Debemos evitar el pecado, para no ofender a Dios ni perder el derecho a la Vida Eterna. El pecado corta nuestras relaciones con Dios y envenena el lugar que debemos a los otros en el corazoฬn, nos vuelve indignos de la amistad de Dios y de participar en su gloria. Por eso, san Pablo nos recomienda: โ€œExamine cada cual su propia conducta y entonces tendraฬ en siฬ solo, y no en otros, motivo para glorificarse, pues cada uno tiene que llevar su propia carga. Que el disciฬpulo haga partiฬcipe en toda suerte de bienes al que le instruye en la Palabra. No os enganฬƒeฬis; de Dios nadie se burla. Pues lo que uno siembre, eso cosecharaฬ: el que siembre en su carne, de la carne cosecharaฬ corrupcioฬn; el que siembre en el espiฬritu, del espiฬritu cosecharaฬ vida eterna. No nos cansemos de obrar el bien; que a su tiempo nos vendraฬ la cosecha si no desfallecemos. Asiฬ que, mientras tengamos oportunidad, hagamos el bien a todos, pero especialmente a nuestros hermanos en la feโ€ (Gaฬl 6, 4-10)

Tenemos aquiฬ bien marcado el camino que hemos de seguir para vivir seguฬn el mandamiento del amor a Dios y al proฬjimo por amor de Dios. Es el camino propuesto, ensenฬƒado y recorrido por Jesucristo, como nos dice san Pablo. โ€œPor tanto, asiฬ como habeฬis recibido a Cristo Jesuฬs, el Senฬƒor, caminad en eฬl, enraizados y edificados sobre eฬl, permaneciendo fuertes en la fe, tal como aprendisteis, y manifestado generosamente vuestro agradecimiento. Vigilad para que nadie os seduzca por medio de vanas filosofiฬas y falacias, fundadas en la tradicioฬn de los hombres y en los elementos del mundo, pero no en Cristo. Porque en Eฬl habita toda la plenitud de la divinidad corporalmente, y por Eฬl, que es cabeza de todo principado y potestad, habeฬis alcanzado la plenitudโ€ (Col 2, 6-10)

Toda esta doctrina del Apoฬstol es maravillosa, lanzando a nuestra frente rayos de luz, que guiฬan nuestros pasos, fortalecen nuestra fragilidad e iluminan nuestra inteligencia. Pero no podemos pensar que, para cumplir las exigencias del mensaje y del precepto del amor, sea suficiente evitar el pecado, para no ofender a Dios. Este es ciertamente el primer paso, pero no basta, porque, si usamos de frialdad, indiferencia o desprecio con nuestro padre, nuestra madre o alguien a quien debemos favores, salta a la vista que estamos siendo injustos e ingratos con esa persona y la ofendemos.

Lo mismo pasa con Dios, que es para nosotros maฬs que un padre: ofendieฬndole con nuestras frialdades, olvidos, indiferencias y desprecios, procedemos para con Eฬl de forma ingrata, como quien no reconoce a su mayor benefactor, aquel a quien maฬs debemos.

ยกMiremos a Jesucristo en el Evangelio!

La gran preocupacioฬn de su corazoฬn era dar a conocer a los hombres el amor del Padre, amarlo y hacerlo amar, observando sus preceptos y su palabra.

Para ello, Eฬl mismo se nos ofrece como ejemplo: "Como el Padre me amoฬ, asiฬ os he amado yo. Permaneced en mi amor. Si guardaฬis mis mandamientos, permanecereฬis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he dicho esto para que miฬ gozo esteฬ en vosotros y vuestro gozo sea completo. [...] Todo lo que oiฬ de mi Padre os lo he dado a conocer. [...] Esto os mando: que os ameฬis los unos a los otros" (Jn 15, 9-17).

En el hecho de tener en siฬ el amor del Padre y de corresponderle, estaฬ la alegriฬa de Jesucristo, de la cual nos desea hacer partiฬcipes, dejando desbordar de su corazoฬn el conocimiento del Padre: โ€œLlega la hora en que ya no os hablareฬ por comparaciones, sino que abiertamente os anunciareฬ las cosas acerca del Padre. [...] pues el Padre mismo os ama, porque vosotros me habeฬis amado y habeฬis creiฬdo que yo saliฬ de Dios. Saliฬ del Padre y vine al mundo; de nuevo dejo el mundo y voy al Padreโ€ (Jn. 16, 25-28)

En la oracioฬn sacerdotal a su Padre, Jesuฬs puede decir que cumplioฬ la misioฬn recibida: โ€œTe he glorificado en la tierra: he terminado la obra que Tuฬ me has encomendado que hiciera. [...] He manifestado tu nombre a los que me diste del mundo. Tuyos eran, me los confiaste y han guardado tu palabra. Ahora han conocido que todo lo que me has dado proviene de Ti, porque las palabras que me diste se las he dado, y ellos las han recibido y han conocido verdaderamente que yo saliฬ de Ti, y han creiฬdo que Tuฬ me enviaste. Yo ruego por ellos; [...] porque son tuyos. Todo lo miฬo es tuyo, y lo tuyo miฬo. [...] Padre santo, guarda en tu nombre aquellos que me diste para que sean uno asiฬ como nosotrosโ€ (Jn 17, 4-11)

El amor es el lazo que debe estrechar nuestra unioฬn con Dios y con el proฬjimo, identificarnos con el corazoฬn de Cristo, fundirnos en el corazoฬn de Dios, de modo que nuestra voluntad sea la suya y nuestra uฬnica aspiracioฬn sea la posesioฬn plena de su amor.

ยกAve Marรญa!

(del libro: LLAMADAS DEL MENSAJE DE FรTIMA de Sor Lucรญa)

 


 

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