Hacia un Glorioso Amanecer Día 23

 

Día 23

Mediación maternal

 

Como uno de nuestros guías para el Día de Consagración, San Juan Pablo II es un triple regalo. No solamente es un santo mariano, como los otros tres guías; no solamente es brillante y rigurosamente capacitado en teología, como de Montfort y Kolbe; sino que también es un Papa. Por tanto sus palabras llevan la autoridad magisterial del sucesor de San Pedro… ¡y el peso autoritario de un Concilio Ecuménico! Bueno, esto es verdad en el sentido de que sus enseñanzas sobre la Madre de Dios están profundamente arraigadas en la Mariología autoritativa del Concilio Vaticano II.
Debido a esta dependencia del Concilio, antes de examinar la enseñanza de Juan Pablo sobre la consagración mariana veamos lo que el Concilio dice sobre María. (Mañana empezaremos a reflexionar sobre cómo Juan Pablo construye en base a la enseñanza del Concilio Vaticano II). Uno puede encontrar las principales enseñanzas marianas del Concilio Vaticano II en el último capítulo de la Constitución Dogmática sobre la Iglesia, conocida por su título en latín Lumen Gentium . El corazón de estas enseñanzas tiene que ver con lo que usualmente se denomina “mediación maternal” de María. La mediación maternal significa básicamente que María es nuestra madre espiritual (de ahí lo “maternal”) quien nos asiste desde el cielo con sus oraciones y cuidado maternal para llevarnos a Dios (de ahí la “mediación”). Mientras que el término “maternal” debe sonarle conocido, “mediación” puede requerir de una explicación. Un mediador es alguien que se interpone entre dos personas con el fin de unirlas. Así, Jesucristo es mediador. Él es quien, después de la caída del hombre, se interpone entre Dios y la humanidad perdida para admitirnos de nuevo a la comunión con Dios. Y sólo hay uno, como San Pablo aclara: “Dios es único, y único también es el mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús” (1 Tim. 2:5). Si hay un solo mediador entre Dios y el hombre y si ese único mediador es Jesucristo, ¿por qué define el Concilio Vaticano II a María como mediadora? Porque Dios es generoso. En otras palabras, Jesús no retiene para Él solo la función de mediador. Quiere que María — y no sólo María sino todos los cristianos — participen en su única mediación, aunque de forma subordinada. Por ejemplo, cada uno de nosotros participa en la única mediación de Cristo cuando rezamos unos por otros “en Cristo”. Mencioné algo similar en la introducción cuando escribí que Dios quiere que todos participemos en su obra de salvación. También mencioné allí que María tiene un papel excepcionalmente importante en esta obra. Otra vez, de acuerdo con el Vaticano II, este rol especial se encuentra encerrado en la expresión “mediación maternal”. Entre las criaturas, el papel de María en la continua obra de salvación es por mucho la más importante. Se le dio un papel tan importante no por “una necesidad ineludible” de parte de Dios sino por su “divino beneplácito”. Otra vez vemos la generosidad de Dios al incluirnos en la obra de redención, a nosotros, las mismas criaturas a las que vino a redimir. El siguiente pasaje de Lumen Gentium resume la cooperación de María en esta obra, tanto cuando estuvo en la tierra como ahora que está en el cielo:

“La Santísima Virgen fue en la tierra la Madre excelsa del Divino Redentor, compañera singularmente generosa entre todas las demás criaturas y humilde esclava del Señor. Concibiendo a Cristo, engendrándolo, alimentándolo, presentándolo al Padre en el templo, padeciendo con su Hijo cuando moría en la cruz, cooperó en forma enteramente impar a la obra del Salvador con la obediencia, la fe, la esperanza y la ardiente caridad con el fin de restaurar la vida sobrenatural de las almas. Por eso es nuestra madre en el orden de la gracia. Esta maternidad de María en la economía de gracia perdura sin cesar desde el momento del asentimiento que prestó fielmente en la Anunciación, y que mantuvo sin vacilar al pie de la cruz hasta la consumación perpetua de todos los elegidos. Pues, asunta a los cielos, no ha dejado esta misión salvadora, sino que con su múltiple intercesión continúa obteniéndonos los dones de la salvación eterna. Con su amor materno cuida de los hermanos de su Hijo, que todavía peregrinan y hallan en peligros y ansiedad hasta que sean conducidos a la patria bienaventurada. Por este motivo, la Santísima Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora. Lo cual, sin embargo, ha de entenderse de tal manera que nada reste ni añada a la dignidad y eficacia de Cristo, único Mediador”.

Así, mientras estuvo en la tierra, María cooperó con el plan divino de salvación de manera “singularmente generosa entre todas las demás criaturas”, particularmente al dar a luz y cuidar a Jesús. Ahora en el cielo, María todavía coopera de manera especial en el plan salvador de Dios. A través de su “múltiple intercesión” y “amor materno”, nos trae la gracia, la misericordia y “los dones de la salvación eterna”. Mañana comenzaremos a ver cómo Juan Pablo desarrolla esta enseñanza sobre la maternidad de María en el orden de la gracia. Por ahora, podemos reflexionar sobre este gran regalo de Dios: María es nuestra madre espiritual cuya tarea divina es criarnos con amor, regalos y gracias que nos llegan a través de sus tiernas oraciones.

ORACIÓN DEL DÍA:
“Ven, Espíritu Santo, que habitas en María.
Llena mi corazón de alabanzas a Dios por haberme dado a María como Madre espiritual”.