DÍA 3

La Consagración Monfortiana
(Primera Parte)

Muy bien. El primer día de esta semana pedimos más ardor y fervor en nuestra preparación para la consagración. Ayer, reflexionábamos sobre la influencia increíble que la breve vida de San Luis ejerció en la Iglesia. El fuerte testimonio de autoridades, nada menos que Papas, debería haber encendido aún más nuestro ardor y habernos llevado a reflexionar: “¿Qué enseñanza es esta, de tan asombrosa influencia, por parte de un sacerdote que sólo vivió hasta los 43 años?” Por supuesto que se trata de su enseñanza sobre la consagración mariana, pero ¿qué significa esto exactamente?

Recuerda el resumen sobre la consagración mariana que hice en la introducción de este retiro. Ahí presenté la consagración como nuestro “sí” a María, permitiéndole realizar en nosotros su tarea divina de formarnos en otros Cristos. Todo eso es verdad. Pero hay más. San Luis hace hincapié en dos dimensiones clave de su enseñanza sobre la consagración mariana, las cuales amplían lo que acabamos de leer. Estas dimensiones son (1) la renovación de nuestras promesas bautismales y (2) el don particularmente profundo de nosotros mismos a María. Vamos a examinarlas por separado (una hoy y la otra mañana).

El día de nuestro bautismo es el día más significativo de nuestras vidas. Nosotros, criaturas pobres y pecadoras, no sólo somos purificados del pecado, sino también recibimos la dignidad y el honor de ser transformados en hijos de Dios Todopoderoso. En esa ocasión jubilosa, antes de recibir estas gracias increíbles, prometimos solemnemente (o si éramos infantes, otros prometieron en nuestro nombre) rechazar a Satanás, y luego profesamos (u otros en nuestro nombre) nuestra fe y compromiso con Jesús. Entonces, cada Pascua renovamos solemnemente esta promesa y compromiso. Pero ¿los mantenemos? ¿Permanecemos fieles a nuestra palabra? No. Todos pecamos. Tristemente, todos sucumbimos a Satanás, “a sus pompas y a sus obras” y rechazamos a Cristo, al menos un poco.
¿Por qué sucede esto? La respuesta simple es el pecado original: tenemos una naturaleza caída y somos propensos al pecado. Es la verdad, pero San Luis nos invita a ir más profundo y examinar nuestras conciencias. Si lo hacemos descubriremos que una razón principal por la cual caemos en el pecado es la amnesia, la falta de memoria de nuestro compromiso con Cristo en el Bautismo. De Montfort sugiere que si renováramos sincera y personalmente nuestras promesas bautismales y las pusiéramos en las manos de María, este solo acto podría ayudar mucho a vencer el pecado en nuestras vidas. Por tanto, hace de esta renovación de promesas un elemento esencial de su oración de consagración. De hecho, en el primer párrafo de esta oración nos invita a presentarnos a María de la siguiente manera:

“Yo, (nombre), pecador infiel, renuevo y ratifico en vuestras manos los votos de mi bautismo. Renuncio para siempre a Satanás, a sus pompas y a sus obras, y me entrego enteramente a Jesucristo, la Sabiduría encarnada… para llevar mi cruz tras Él todos los días de mi vida. Y a fin de que le sea más fiel de lo que he sido hasta ahora, os escojo hoy, ¡oh María!, en presencia de toda la corte celestial, por mi Madre y mi Señora.”

De esa forma San Luis nos invita a atacar el pecado de raíz — Satanás con sus pompas y obras — a renovar nuestro compromiso de vivir por Cristo y hacerlo todo con y por medio de María. ¿Por qué por medio de María? Porque Dios creó una enemistad entre ella y Satanás (ver Gn. 3:15) y Satanás no puede soportarla. De hecho, según San Luis, Satanás teme más a María, no sólo más que a todos los ángeles y a los santos sino que, en cierto sentido, ¡más que a Dios mismo! ¿Por qué? Porque como él dice, “siendo Satanás muy orgulloso, sufre infinitamente más al ser vencido y castigado por una pequeña y humilde esclava de Dios, y su humildad le humilla más que el poder divino”. Así que de Montfort nos da una manera práctica y eficaz de vencer el pecado en nuestras vidas: renunciar formalmente a Satanás y comprometernos de nuevo con Cristo, por medio de María.

El último día de esta semana conoceremos más acerca del poder de María sobre las fuerzas del mal. Mañana reflexionaremos sobre el segundo elemento de la consagración monfortiana, el don particularmente profundo de nosotros mismos a María. Hoy meditemos sobre la promesa que hicimos en nuestro bautismo de renunciar a Satanás y de amar y seguir a Cristo.

ORACIÓN DEL DÍA:
“Ven, Espíritu Santo, que habitas en María.
Dame la gracia para rechazar a Satanás y seguir a Cristo más de cerca”.