Todo el que ofende a la Santísima Virgen María, comete, por decir así, una doble ofensa, pues estos pecados también ofenden a su divino Hijo, Jesucristo. Por tanto, debemos considerar no solo la enormidad de la ofensa contra Dios, sino también el efecto de los pecados sobre la sociedad humana, así como la necesidad de deshacer estos efectos aun cuando el ofensor se arrepienta y se convierta.

Este  acto de reparación subraya nuestra responsabilidad para con pecadores que, por sí mismos, no rezarán ni harán reparación por sus pecados.

En pocas palabras, esta Devoción nos presenta nuestras responsabilidades sociales y nos recuerda el hecho de que para ir a Dios debemos amar a nuestro prójimo y tratar de salvar su alma; también nos muestra que un excelente modo de hacer esto es mediante el espíritu de reparación al Inmaculado Corazón de María.

Esta Devoción, por otro lado, nos lleva a elevar nuestros criterios morales y religiosos, y, por lo tanto, trabaja para elevar los criterios de la familia, la comunidad y la nación en donde moramos.

Existen muchos que parecen estar preocupados porque, aun cuando tratan de observar los primeros cinco sábados conforme a la petición de nuestra Señora en Fátima, no se acuerdan de hacer la intención de reparación a tiempo para la confesión, la comunión o el rezo del rosario.

Mas esta dificultad puede superarse haciendo una resolución al comienzo, cuando uno decide observar los primeros sábados en los próximos cinco meses consecutivos, y decidir que todos los actos o devociones relacionados serán ofrecidos en reparación al inmaculado corazón. Siempre que esta intención no se retire, permanecerá efectiva, aun cuando en el momento uno no se dé cuenta del motivo.