Hacia un Glorioso Amanecer Día 32

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

DÍA 32

San Juan Pablo II

Tres palabras resumen lo que aprendimos de San Juan Pablo II: (1) Madre, (2) “Entrega-ción” y (3) Misericordia. Reflexionemos sobre cada una.

MADRE
La enseñanza de Juan Pablo sobre la consagración mariana no sólo lleva consigo la autoridad papal sino también el peso autoritativo de un Concilio Ecuménico, porque repite y profundiza la enseñanza del Concilio Vaticano II sobre María. Por tanto, su enseñanza realmente constituye la mente y el corazón de la Iglesia actual y debemos prestarle especial atención. Entonces ¿qué nos dicen la mente y el corazón de la Iglesia sobre María? Nos señala la mediación maternal de María. Dice que ella es nuestra madre en el orden de la gracia. Proclama la Buena Nueva de que Dios nos ha regalado una madre espiritual que, piadosa, atiende tiernamente nuestro crecimiento en gracia y santidad. Esta nueva maternidad de María en la vida de la Iglesia, en la vida de cada uno de nosotros, es el ambiente permanente, reconfortante y hermoso, que envuelve todo lo que hemos dicho sobre la consagración mariana — o lo que Juan Pablo a menudo llama la “entrega”.

ENTREGA-CIÓN
Viendo a María al pie de la Cruz junto a su querido discípulo Juan, Jesús dijo: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”. Luego, a Juan: “Ahí tienes a tu madre” (Jn. 19:26-27). Estas palabras resumen lo que hemos tratado en la última sección, que María es nuestra madre espiritual. Pero después leemos el siguiente versículo: “Y desde aquel momento el discípulo la recibió en su casa”. Aquí está lo esencial de nuestra respuesta a Jesús que nos encomienda a María como madre: nosotros debemos entregarnos a ella recibiéndola “en nuestras casas”. En otras palabras, debemos recibirla en nuestra vida interior, en todo lo que nos importa. Debemos permitir que entre en nuestras alegrías y penas, esperanzas y miedos, planes y actividades. Cuando dejamos entrar a María en nuestras vidas, cuando nos encomendamos a su cuidado, ella intercede por nosotros, nos consuela y nos da valor y fortaleza para unirnos aun más a la propia consagración de Jesús para la vida del mundo. En otras palabras, ella nos lleva a la Cruz de Jesús, la cual es el sentido último de la auto-consagración de Jesús, y nos inspira a dedicarnos a la salvación del mundo, para aceptar nuestra parte en la obra de la redención. Al cargar nuestra cruz, viviendo insertos en la consagración misma de Cristo, es posible que lleguemos a sentirnos espiritualmente sedientos, desolados y cansados. Allí es cuando María nos lleva al costado traspasado de Cristo, a la Fuente de Misericordia, donde encontramos un manantial incesante de fuerza y santidad. Así, de acuerdo al pensamiento de Juan Pablo, la confiada entrega a María conduce a nuestra consagración a Cristo. En otras palabras, podría decirse que se trata de un movimiento de “entrega-ción”.

MISERICORDIA
A fin de cuentas, la consagración mariana nos conduce a la Divina Misericordia. Los actos de consagración al Inmaculado Corazón de María conducen a los actos de confianza en el Corazón Misericordioso de Jesús. Vemos esto en la historia de Fátima y el Papa Juan Pablo, particularmente en la homilía del Papa durante su peregrinación a Fátima en 1982, una peregrinación de agradecimiento a “la misericordia de Dios y la protección de la Madre de Cristo” por haberle salvado la vida. En esa homilía, Juan Pablo repetidamente indica cómo la consagración mariana conduce al Corazón traspasado de Jesús, a la Fuente de Misericordia. Esta conexión es parte de la voluntad de Jesús mismo, quien dijo a Sor Lucía en 1936 que deseaba la consagración al Corazón de María “porque quiero que toda Mi Iglesia reconozca esa consagración como un triunfo del Inmaculado Corazón de María, para extender su culto más tarde y poner la devoción a este Inmaculado Corazón junto a la devoción a Mi Divino Corazón”. Jesús quiere extender la veneración y devoción al Inmaculado Corazón de María porque nos conduce más perfectamente a Él y nos ayuda a recibir la infinita misericordia de su Corazón.

ORACIÓN DEL DÍA:
Dedica el día a reflexionar sobre la enseñanza mariana de San Juan Pablo II tal como se resume en estas tres palabras:
Madre, Entrega-ción y Misericordia.