Hacia un Glorioso Amanecer Día 24

 

Día 24

Retiro de María (Primer Día)

Durante este retiro, hemos contemplado con el corazón ciertas verdades de nuestra fe que están relacionadas con la consagración mariana. Uno podría decir que estamos en una especie de “peregrinación de fe” que nos conduce al Día de Consagración. También María, durante su vida terrenal, estuvo en una especie de retiro y peregrinación de fe. También reflexionó en su corazón diferentes verdades que están relacionadas con la consagración mariana. Después de todo, no descubrió de golpe su vocación de ser madre espiritual y mediadora. Como nosotros, María necesitó caminar por fe mientras reflexionaba en su corazón. Ella también necesitó un tiempo de preparación respecto a su papel especial como nuestra “madre en el orden de la gracia”. Debido a que la mediación maternal de María es tan fundamental para una apropiada comprensión de la consagración mariana, vamos a pasar los próximos días haciendo un retiro dentro de nuestro retiro. Lo haremos examinando el retiro de María. En otras palabras, vamos a acompañar a María a lo largo del camino que Dios le señaló para descubrir poco a poco su vocación de ser nuestra madre espiritual y mediadora. En cierta forma, el retiro de María comienza en la Anunciación. Mediante su “sí” a Dios, su “fiat”, aceptó su vocación de ser la madre de Jesús. Pero ¿sabía también que aceptaba la llamada de ser la madre espiritual de todos los cristianos? No lo sé. Lo que sé es que todo el misterio de la Anunciación dio a María algo asombroso para contemplar, y sucede que ese algo está profundamente relacionado con la consagración y entrega a María. Lo pongo de este modo: ¿Quién fue la primera persona que se entregó a María? No fue San Luis de Montfort. Fue Dios Padre. Juan Pablo explica: “Conviene reconocer que, antes que nadie, Dios mismo, el eterno Padre, se entregó a la Virgen de Nazaret , dándole su propio Hijo en el misterio de la Encarnación”. María seguramente se maravilló de este acto de humildad de parte de Dios. Al maravillarse de ello y contemplarlo, ¿pudo haber empezado a tener una idea de que Dios desearía más tarde, que las personas a quienes vino a redimir siguieran su ejemplo? María tuvo muchas otras cosas que contemplar durante su preparación para ser aún más totalmente nuestra madre en el orden de la gracia. Los Evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas) ofrecen varios puntos de reflexión que hablan de la maternidad espiritual de María. Mira, por ejemplo, el pasaje del Evangelio de Marcos (3:31-35), en donde los primos de María y Jesús están afuera, queriendo ver a Jesús, y por tanto mandan a buscarlo y lo llaman. Jesús responde con una pregunta: “¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?”. Luego, mirando a los que están sentados a su alrededor, dice: “Estos son mi madre y mis hermanos. Porque todo el que hace la voluntad de Dios es hermano mío y hermana y madre”. Al dar esta respuesta, ¿se mostró Jesús como un mal hijo? No. Fue exactamente la clase de hijo que
Su Padre quería que fuera. Al mismo tiempo, preparó a Su madre para ser la persona que Él quería que fuera. Específicamente, le reveló el nuevo vínculo filial del reino que va más allá de los lazos carnales. En otras palabras, señaló la primacía del espíritu sobre la carne, la primacía de la paternidad sobrenatural de Dios sobre la paternidad (o maternidad) de la humanidad. Es probable que María captara de inmediato algo de lo que Jesús intentaba enseñarle. Después de todo, por años había meditado en su corazón otra extraña respuesta de Jesús, la que dio cuando lo encontró en el Templo después de tres días de buscarlo con angustia: “¿No sabían que yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?” (Lc. 2:49). Durante su ministerio público, Jesús estaba ciertamente muy interesado en los asuntos de su Padre. Ahora bien, un aspecto clave de estos asuntos era preparar a su madre para su nuevo papel en el Reino de Dios. Jesús sabía que “en la dimensión del reino de Dios, en la esfera de la paternidad de Dios mismo”, la maternidad de María “adquiere un significado diverso”. En las palabras de Marcos que leímos antes, Jesús indica este significado: “todo el que hace la voluntad de Dios es hermano mío y hermana y madre”. Podemos estar seguros que María meditó esto en su corazón y que se dio cuenta que a través de estas palabras Jesús no la rechazaba sino que la preparaba. ¿Podemos estar seguros de que Jesús no rechazaba a María? Sí, podemos. Aun si las palabras de Jesús suenan como si estuviera rechazándola, no es así. Al contrario, si consideramos un pasaje similar del Evangelio de Lucas (11:27-28), queda claro que Jesús bendice a su madre. En este otro pasaje, “una mujer levantó la voz de entre la multitud” y dijo a Jesús, “¡Feliz la que te dio a luz y te crió!”. Jesús responde de manera similar a lo que leímos en Marcos: “¡Felices, pues, los que escuchan la palabra de Dios y la observan!”. Al leerlo por primera vez puede parecer una reprimenda a María. Pero no lo es. Después de todo, ¿quién escuchó y observó la palabra de Dios mejor que María? Nadie. Por tanto, Jesús realmente bendice a su madre y ella se daría cuenta de ello. María es una mujer increíblemente perceptiva y prestaba especial atención a cada palabra y acción de Jesús. No se le escapaban las sutilezas de sus enseñanzas, y progresivamente llegó a estar consciente del misterio en gestación de su propia maternidad excepcional:

“A medida que se esclarecía ante sus ojos y ante su espíritu la misión del Hijo, ella misma como Madre se abría cada vez más a aquella “novedad” de la maternidad , que debía constituir su “papel” junto al Hijo. ¿No había dicho desde el comienzo: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”? (Lc. 1:38). Por medio de la fe María seguía oyendo y meditando aquella palabra… . María madre se convertía así, en cierto sentido, en la primera “discípula” de su Hijo , la primera a la cual parecía decir: “Sígueme”… .”

Qué alegría debía ser para Jesús tener a una discípula que lo entendía perfectamente. ¡Qué consuelo para su Corazón encontrar tal receptividad a la Palabra de Dios! Mañana reflexionaremos más sobre la receptividad de María y cómo le llevó a descubrir otro aspecto de su “papel” al lado de su hijo en su obra de salvación. Este papel ciertamente involucra, como Juan Pablo escribió, una “novedad de la maternidad”. Así, en Caná veremos que da a luz a la fe de los discípulos de Jesús propiciando su primer milagro, que acontece gracias a su receptividad maternal de la necesidad humana.

ORACIÓN DEL DÍA :
“Ven, Espíritu Santo, que habitas en María.
Ayúdame a ser fiel a la oración contemplativa de corazón, así como María”.