Hacia un Glorioso Amanecer Día 22

 

Día 22

CUARTA SEMANA
San Juan Pablo II

Durante esta cuarta y última semana nos enfocaremos en el ejemplo y en las palabras de otro gran maestro de la consagración mariana: San Juan Pablo II. “El Papa más mariano”, como ha sido llamado, ahondó profundamente la comprensión de la Iglesia sobre la consagración mariana. Tomando como base el proyecto del Segundo Concilio Vaticano, nos proporciona un tratamiento rigurosamente bíblico de la consagración mariana — a la que también refiere como a una “confiada entrega” — y se concentra en la idea de que el papel de María es conducirnos al interior del misterio del amor redentor de Cristo y a la consagración de uno mismo al Padre.

DÍA 22
El don de misericordia de María

En 1917, mientras la Primera Guerra Mundial seguía su curso, la Bienaventurada Virgen María se apareció a tres niños pastores en Fátima, Portugal. Les dijo que la guerra terminaría, pero si la gente no se convertía seguiría una guerra peor y Rusia esparciría sus errores por el mundo provocando más guerras, mártires y persecuciones contra la Iglesia. Para impedir esto, María pidió que el Santo Padre consagrara a Rusia a su Inmaculado Corazón y que la gente comulgara cinco sábados seguidos como reparación. Al final, dijo, triunfaría su Inmaculado Corazón. Es interesante que María mencionara a Rusia. En aquel tiempo esto fue causa de confusión. ¿Rusia? ¿La Santa Rusia? ¿Qué errores esparciría por el mundo este país cristiano? ¿Y cómo podría ejercer tal influencia una Rusia tan pobre? (En ese momento de la historia, la revolución soviética estaba aún en pañales; aún no se había establecido el régimen comunista y totalitario y ateo). Después de que María hizo su profecía sobre Rusia, los niños tuvieron una visión de un “obispo vestido de blanco”, que pensaron era el Papa. Con gran aflicción vieron que él sufriría mucho y luego lo matarían a tiros. Los niños describieron lo que habían visto sólo a las autoridades de la Iglesia, quienes decidieron no revelarlo al público. Esto llegó a conocerse como el último “secreto” de Fátima. Ahora bien, la primera aparición de Nuestra Señora de Fátima ocurrió el 13 de mayo de 1917 a las cinco de la tarde. Exactamente 64 años después, el día 13 de mayo de 1981, un pequeño jeep sin techo entró en la Plaza de San Pedro, transportando al Papa Juan Pablo II, quien afectuosamente recibió a los peregrinos congregados allí. En un momento, el jeep se detuvo para que el Papa recibiera a una niña en sus brazos. Después de devolvérsela a sus jubilosos padres, el jeep siguió su curso entre una multitud de peregrinos que saludaban y aplaudían. De repente, un hombre armado disparó dos tiros al Papa a corta distancia. La primera bala le rozó el codo. La segunda le dio en el abdomen y rebotó desgarrando los intestinos y atravesando el colon. Milagrosamente la bala no alcanzó la principal artería abdominal por una décima de pulgada. Si hubiera sido golpeada o apenas rozada, Juan Pablo habría muerto desangrado camino al hospital. Dándose cuenta de esta bendición, el Papa dijo que “una mano disparó y otra condujo la bala”.
¿Cuál mano guió la bala? Juan Pablo cree que fue la mano de Nuestra Señora de Fátima (no olvidó el aniversario del 13 de mayo). De hecho, después del incidente pidió el sobre que contenía el último secreto de Fátima, aquel que hablaba del “obispo vestido de blanco”. Luego, con Fátima ocupando su mente, pensó consagrar el mundo al Inmaculado Corazón de María lo más pronto posible y se puso a componer un acto de consagración, el cual rezó solemnemente pocas semanas después. Incluso antes de esto, una semana después del atentado, repitió su consagración personal a María durante un discurso grabado para los peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro: “A ti, María, te repito: Totus tuus ego sum”, ‘Soy todo tuyo’; “Et omnia mea tua sunt”, “Y todas mis cosas te pertenecen”; “Accipio Te in mea omnia”, “Te pongo al centro de mi vida”; “Praebe mihi cor tuum”, “Dame tu corazón”.
El 25 de marzo de 1984, en la Plaza de San Pedro, ante la estatua oficial de Nuestra Señora de Fátima transportada por avión para la ocasión, Juan Pablo hizo un acto más solemne de entrega del mundo al Inmaculado Corazón de María. Concluyó la oración con las siguientes palabras:

“Permite que sea revelado, una vez más en la historia del mundo, el infinito poder salvador de la Redención: ¡El poder del Amor misericordioso! ¡Que ponga un alto a la maldad! ¡Que transforme las conciencias! ¡Que tu Inmaculado Corazón revele para todos la luz de la Esperanza!”

Después de enterarse del solemne acto de entrega del Papa, Sor Lucía, la única sobreviviente de los tres videntes de Fátima, declaró que aquello había satisfecho totalmente el pedido original de Nuestra Señora. Cinco años más tarde, el horroroso régimen totalitario soviético que había aterrorizado a millones de personas de repente llegó a su fin. El Papa no descansó con esa victoria. El que una vez había llamado “siglo de lágrimas” estaba lejos de haber concluido. Para hacer frente al mal y la injusticia presentes en el mundo, proclamó enérgicamente con creciente frecuencia, el poder salvador del “Amor misericordioso”. Sus esfuerzos para promover este mensaje culminaron con el establecimiento, el año 2000, del Domingo de la Divina Misericordia como fiesta universal en la Iglesia, y también con un solemne Acto de Consagración del mundo a la Divina Misericordia en 2002. Tres años después de esta consagración, el gran Papa mariano, el gran Papa de la Misericordia, murió en un Primer Sábado, víspera del Domingo de la Divina Misericordia. María le había salvado la vida en el amanecer de su pontificado para que, a través de él, su divino Hijo condujera a la Iglesia hacia la victoria de la Misericordia y el triunfo de su Inmaculado Corazón.

ORACIÓN DEL DÍA:
“Ven, Espíritu Santo, que habitas en María.
¡Ten misericordia de nosotros y del mundo entero!“