1. LLAMADA A LA FE

 

 

 

โ€œDios mรญo, CREO...โ€

Estรกbamos en la primavera de 1916 Supongo, porque entonces, como niรฑa, no me preocupaba de fechas, ยฟposiblemente ni sabrรญa en quรฉ dรญa del mes estaba! En ese momento, pues, encontrรกndose los humildes pastorcitos de Fรกtima, en la ladera del llamado monte del "Cabeรงo", al abrigo de una roca a la que dieran el nombre de "Loca", vieron a cierta distancia un joven, como si fuese una luz, que se aproximaba y, al llegar junto a ellos, dice:

โ€”โ€˜No temรกis, soy el รngel de la Paz. Rezad conmigoโ€™ . Y arrodillado en tierra curvรณ la frente hasta el suelo, repitiendo por tres veces las siguientes palabras: Dios mรญo, yo creo, adoro, espero y Os amo. Os pido perdรณn por los que no creen, no adoran, no esperan y no Os amanโ€™. Enseguida se levantรณ y concluyรณ diciendo: โ€˜Orad asรญ; los Corazones de Jesรบs y de Marรญa estรกn atentos a la voz de vuestras sรบplicasโ€™.

El primer llamamiento que Dios nos dirige aquรญ por medio de Su enviado es un llamamiento a la fe: ยกDios mรญo, yo creo!

La fe estรก en la base de toda la vida espiritual. Es por la fe como creemos en la existencia de Dios, en Su poder, en Su sabidurรญa, en Su misericordia, en Su obra redentora, en Su perdรณn y en Su amor de Padre.

Es por la Fe que creemos en la Iglesia de Dios, fundada por Jesucristo, en la doctrina que ella nos transmite y por medio de la cual seremos salvos

Es la Luz de la Fe la que guรญa nuestros pasos, conduciรฉndonos por la vรญa estrecha que lleva al Cielo.

Es por la Fe que vemos a Cristo en nuestros hermanos, que los amamos, servimos y ayudamos, cuando precisan de nuestro auxilio.

E ademรกs por la fe que nos viene la certeza de la presencia de Dios en nosotros; de que estamos siempre bajo la mirada de Dios.

Es este mirar de Luz, omnipotente e inmenso, que se extiende por todas partes, que todo lo ve, que todo lo penetra, con nitidez รบnica y propia sรณlo del Sol divino, cara al cual el sol que vemos y nos alumbra, no es mรกs que un pรกlido reflejo, una tenue centella emanada de la luz del inmenso ser que es Dios.

Esto que acabo de deciros, no es nuevo; lo dijo ya San Juan en el inicio de su Evangelio "En el principio existรญa el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios. ร‰l estaba en el principio junto a Dios. Todo fue hecho por ร‰l, y sin ร‰l no se hizo nada de cuanto ha sido hecho. En ร‰l estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la recibieron." (Jn. 1, 1-5)

En este pasaje, San Juan nos habla del Ser eterno del Verbo de Dios; nos dice que todo fue creado por ร‰l; todo recibiรณ de ร‰l el ser que tiene. En Su poder, bondad y sabidurรญa infinita, Dios comunica a todo cuanto existe los dones necesarios para su subsistencia. ^por eso, todo depende de ร‰l, y sin ร‰l nada puede continuar existiendo.

San Juan nos habla tambiรฉn de la luz de Dios, diciendo que esa luz es nuestra vida: "En ร‰l estaba la Vida y la Vida era la luz de los hombres". Tambiรฉn, nuestra vida es un destello de la luz de Dios, un reflejo en nosotros. Partiรณ de Dios y hacia Dios ha de volver, si el pecado no la desvรญa.

Estas verdades abren frente a nosotros caminos de luz. Depende de nosotros el querer seguirlos. Todo cuanto existe es una manifestaciรณn de Dios, de Su obra creadora, providente y redentora.

En estos tiempos en que la ciencia ha hecho tantos progresos, en que hombres decididos consiguieron pisar la luna, y el mundo se glorรญa de innumerables avances, ninguno de los sabios modernos se olvide del nombre y grandeza del Artรญfice que fabricรณ todos estos mundos, donde ellos tanto desean penetrar.

A propรณsito, os cuento lo que me sucediรณ, hace unos aรฑos: sรฉ que nos habรญa entonces llegado la noticia de dos astronautas que, dirigiรฉndose hacia la luna, no consiguieron llegar a la meta que se proponรญan Fui a nuestra tapia, con el fin de ir junto a la imagen del Corazรณn Inmaculado de Marรญa que allรญ veneramos. Al salir de la puerta de la casa, me detuve unos momentos a observar las abejas de una colmena que tenemos enfrente: ยกtrabajaban afanosamente! En esto reparรฉ en una hormiguita que trepaba por el hilo de una tela de araรฑa, queriendo subir por allรญ a la colmena. Pero una abeja que regresaba de fuera, con las patas llenas de polen golpeรณ en el hilo, lo quebrรณ y la hormiga cayรณ en el suelo, con su intento frustrado.

Me acordรฉ entonces de los astronautas que andaban perdidos en el espacio, tuve pena de ellos y pensรฉ: esta hormiga cae en el suelo, ยกy la abeja entra triunfante en la colmena con el fruto de su labor! Las dos son la imagen del poder de la ciencia humana puestas en paralelo con el poder y la ciencia de Dios. Cuรกntos estudios, cuรกntos cรกlculos y esfuerzos y sacrificios han costado a los hombres el ideal de conseguir pisar el suelo de un astro mientras, Dios, lo creรณ con un solo acto de Su querer, de Su sabidurรญa y de Su poder. Omnipotente como es, ร‰l allรก lo colocรณ y conserva, siempre en la misma posiciรณn, siguiendo siempre la misma ruta que Dios le marcรณ y hasta que Dios asรญ lo quiera. Y no es sรณlo la luna... Son todos los otros astros, conocidos y desconocidos, que giran en el espacio y adonde los hombres ni siquiera piensan llegar. Tenemos aquรญ, de lado a lado, la grandeza de Dios y la impotencia del hombre.

Con estos pensamientos, tomรฉ en las manos el Rosario y fui hasta junto la imagen de Nuestra Seรฑora a rezar, pidiรฉndole que, ya que Dios no querรญa conceder a esos hombres la gracia de haber pisado el suelo lunar, por lo menos les diera la gracia de volver, con vida y salud, a su patria y al seno de sus familias.

Pero la fe no consiste sรณlo en creer en la existencia de Dios, en Su poder y en Su sabidurรญa; ella tiene otras muchas ramas hacia donde se extiende y hasta donde nuestra plena adhesiรณn debe llegar.

La palabra de Dios, contenida en las pรกginas sagradas es una revelaciรณn que no podemos negar, porque - como nos declara Jesucristo en Su Evangelio- ยฟ"No creรฉis que Yo estoy en el Padre y el Padre en Mรญ? Las palabras que Yo os digo, no las hablo por Mรญ mismo. El Padre, que estรก en Mรญ, realiza Sus obras. Creedme: Yo estoy en el Padre y el Padre en Mรญ; y si no, creed por las ogras mismas." (Jn. 14, 10-11).

Vemos que Jesucristo llama nuestra atenciรณn hacia Sus obras porque las obras son el verdadero testimonio de lo que cada uno es, y confirman su palabra. Por eso, cuando San Juan Bautista enviรณ a sus discรญpulos a Jesรบs para preguntar si ร‰l era el Mesรญas o habรญan de esperar a otro, "Jesรบs les respondiรณ: Id y anunciad a Juan lo que estรกis viendo y oyendo: los ciegos ven y os cojos andan, los leprosos quedan sanos y los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se anuncia el Evangelio." (Mt. 11, 4-5). Como ninguno, a no se Dios, puede hacer estos milagros, Jesรบs confirma con ellos Su palabra y Su poder de vida: "El que oye mi palabra y cree en el que me enviรณ tiene vida eterna, y no viene a juicio, sino que pasa de la muerte a la vida."(Jn. 5, 24).

Como vemos, la palabra de Jesucristo es la palabra de Dios porque Jesucristo es Dios en todo igual al Padre, pudiendo afirmar "Yo y el Padre somos uno". (Jn. 10,30). En verdad, Jesucristo es el Hijo de Dios que se hizo hombre en el seno de la Virgen Marรญa por obra del Espรญritu Santo: "El Espรญritu Santo descenderรก sobre ti y el poder del Altรญsimo te cubrirรก con su sombra; por eso, el que nacerรก Santo, serรก llamado Hijo de Dios." (Lc. 1, 35).

Cuando, en la anunciaciรณn, el รngel dirigiรณ estas palabras, proclamรณ la divinidad del Hijo que habรญa de tomar carne humana en su seno materno y nacer, para hacerse igual a nosotros, visible a nuestros ojos y asรญ poder operar el misterio de nuestra Redenciรณn.

Jesucristo es, pues, Dios y hombre verdadero. Su palabra es vida eterna para aquellos que la escuchan y cumplen; rehusarla es labrar la propia sentencia de condenaciรณn, como nos dice el Seรฑor: "Si alguien escucha mis palabras y no las guarda, yo no le juzgo, ya que no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. Quien me desprecia y no recibe mis palabras tiene quien le juzgue: la palabra que he hablado, รฉsa le juzgarรก en el รบltimo dรญa. Porque yo no he hablado por Mรญ mismo, sino que el Padre que me enviรณ, ร‰l me ha ordenado lo que he de decir y hablar. Y sรฉ que Su mandato es vida eterna; por tanto, lo que Yo hablo, segรบn me lo ha dicho el Padre, asรญ lo hablo." (Jn 12, 47-50)

ร‰l habรญa dicho: "Las palabras que Yo os digo son espรญritu y vida". (Jn. 6, 63). La palabra de Cristo es la palabra del Padre: "El Padre que me enviรณ es quien determinรณ lo que debo decir y anunciar".Asรญ Cristo vino al mundo, no para destruir la ley de Dios, sino para completarla, perfeccionarla y aclararnos su verdadero sentido y sobre el modo como debemos comprenderla y practicarla: "No pensรฉis que vine a abrogar la Ley o los Profetas, no vine a abrogarla sino a completarla"(Mt. 5, 17)

Jesucristo vino al mundo como maestro para enseรฑarnos, para guiar nuestros pasos por el camino de la verdad, de la justicia, de la caridad y de la vida. Porque cualquier otro camino que no sea el que ร‰l nos trazรณ es un camino que lleva a la muerte eterna.

Un dรญa, "unos fariseos y escribas de Jerusalรฉn se acercaron a Jesรบs y le dijeron: ยฟPor quรฉ tus discรญpulos quebrantan la tradiciรณn de nuestros mayores?, pues no se lavan las manos cuando comen pan. ร‰l les respondiรณ: ยฟY por quรฉ vosotros quebrantรกis el mandamiento de Dios por vuestra tradiciรณn? Porque Dios dijo: Honra a tu padre y a tu madre. Y el que maldiga a su padre o a su madre, sea castigado con la muerte. Pero vosotros decรญs que si alguien dice a su padre o a su madre: Cualquier cosa mรญa que te aproveche sea declarada ofrenda, รฉse ya no tiene obligaciรณn de honrar a su padre. Asรญ habรฉis anulado la palabra de Dios por vuestra tradiciรณn. Hipรณcritas, bien profetizรณ de vosotros Isaรญas cuando dijo:

"Este pueblo me honra con los labios, pero su corazรณn estรก lejos de mรญ. En vano me dan culto, mientras enseรฑan doctrinas que son preceptos de hombres." (Mt. 15, 1-9).

Desde este texto, salta a la vista cรณmo habรญan corrompido la ley de la justicia y de la caridad, que manda siempre y primero que todo socorrer al prรณjimo, mรกs aรบn si se trata del padre o de la madre. Y es igualmente justo, caritativo y necesario socorrernos mutuamente unos a los otros. Asรญ nos ensenรณ Jesucristo cuando dice:"Si hubierais entendido quรฉ sentido tiene: Misericordia quiero y no sacrificio, no habrรญais condenado a los inocentes". (Mt. 12, 7).

De aquรญ se deduce cuรกn grande era la necesidad de un esclarecimiento sobre el sentido de la ley de Dios, porque los hombres la habรญan interpretado al revรฉs. Tal esclarecimiento, lo tenemos en Cristo, que nos fue enviado por el Padre, y por eso mismo puede decirnos: el que oye mi palabra y cree en el que me enviรณ tiene vida eterna, y no viene a juicio, sino que pasa de la muerte a la vida. (Jn. 5, 24).

Su doctrina es precisa y exacta. Pero, para cumplir la palabra de Jesucristo, es necesario conocerla y creer en ร‰l; porque ยฟcรณmo vamos a cumplir una ley que no conocemos, o, si no conocemos a la persona que la promulgรณ? Es preciso, pues, aceptar la persona de Cristo.

En el mundo, desgraciadamente hay mucha gente que se precia de sabia, pero de las leyes de Dios poco o nada sabe; y lo peor es que muchas veces, la gente las critica, no porque las conoce bien, sino porque ve en ellas un dique a las propias pasiones desordenadas, a la falta de justicia y de caridad. Y, sin embargo, las leyes de Dios son aquello que, a todos nosotros, mรกs nos debรญa interesar conocer, porque es por ellas que seremos salvados o condenados.

Otros hay que hasta conocen las leyes de Dios, pero les dan una interpretaciรณn errรณnea, opuesta al sentido de Cristo, creyendo que con eso justifican los desรณrdenes de la propia conducta; asรญ ellos se hacen gran mal a sรญ mismos y al prรณjimo, al cual engaรฑan con sus malos ejemplos, con su mentalidad y sus palabras equivocadas. Son como aquellos acerca de los cuales Jesucristo dice: "Dejadlos, son ciegos, guรญas de ciegos; y si un ciego guรญa a otro ciego, ambos caerรกn en el hoyo."(Mt. 15, 14)

Debemos, pues, tener cuidado con ellos, segรบn la regla que nos dio Jesucristo, podemos conocerlos por las propias obras: "Porque no hay รกrbol bueno que dรฉ mal fruto, ni tampoco รกrbol malo que dรฉ buen fruto. Pues cada รกrbol se conoce por su fruto; no se recogen higos de los espinos, ni se cosechan uvas del zarzal. El hombre bueno del buen tesoro de su corazรณn saca cosas buenas, y el malo de su mal saca cosas malas: porque de la abundancia del corazรณn habla la boca." (Lc. 6, 43-45). ร‰sta es la regla orientadora que nos dejรณ Jesucristo: mirar hacia las obras de los que se presentan como guรญas, en los caminos de la vida; ver si estรกn de acuerdo con las enseรฑanzas de la Iglesia de Dios, fundada por Cristo, la รบnica verdadera, que posee el don de la infalibilidad en el reconocimiento y declaraciรณn de la Verdad de Cristo, por la asistencia del Espรญritu Santo: "Yo rogarรฉ al Padre y os darรก otro Parรกclito para que estรฉ con vosotros siempre: el Espรญritu de la verdad, al que el mundo no puede recibir porque no le ve ni le conoce; vosotros le conocรฉis porque permanece a vuestro lado y estรก en vosotros." (Jn. 14, 16-17).

Esta promesa de Jesucristo, hecha a su Iglesia, nos da certeza absoluta en los caminos de la fe, que debemos recorrer y que nos son trazados por la Iglesia de Cristo, porque รฉsta es guiada por el Espรญritu Santo; es el Espรญritu Santo quien nos habla por la boca de la Iglesia.

En varias ocasiones, me ha sido hecha la siguiente pregunta: "Pero ยฟcรณmo hemos nosotros de saber cuรกl es la verdadera Iglesia de Cristo?"

La respuesta a esta pregunta os seria dada mejor por los teรณlogos que estudian, que, por mรญ, pobre e ignorante. Ni tampoco me atreverรญa a responder, si no fuese el texto sagrado a aclarรกrnoslo.

San Mateo nos cuenta cรณmo Jesucristo, habiendo ido con Sus Apรณstoles para la regiรณn de Cesarรญa de Filipo -durante la travesรญa del lago para llegar allรญ, el Maestro los habรญa prevenido contra las doctrinas falsas de los fariseos, que no creรญan en ร‰l- les hizo la siguiente pregunta: "Y vosotros, ยฟquiรฉn decรญs que soy yo? Respondiendo Simรณn Pedro dijo: Tu eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo. Jesรบs le respondiรณ: Bienaventurado eres, Simรณn hijo de Juan, porque no te ha revelado eso ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que estรก en los Cielos. Y yo te digo que tรบ eres Pedro, y sobre esta piedra edificarรฉ mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerรกn contra ella. Te darรฉ las llaves del Reino de los Cielos; y todo lo que desatares sobre la tierra, quedarรก desatado en los Cielos."(Mt 16. 15-19)

Fue asรญ cรณmo Jesucristo constituyรณ a San Pedro Jefe y Cabeza visible de Su Iglesia en la tierra, con todos los poderes para gobernarla, dirigir e instruir, bajo la acciรณn y asistencia permanente del Espรญritu Santo, por medio del cual el divino maestro le concediรณ el don de la "infalibilidad". Si asรญ no fuese, pienso que Jesucristo no podรญa comprometerse a dar por bien hecho en el Cielo, todo aquello que Sus representantes hiciesen, en Su nombre, en la tierra. Todos nosotros sabemos muy bien cรณmo todos los hombres, en cuanto simples criaturas, estรกn sujetos a deficiencias y a engaรฑos; por eso aquello que nos asegura la infalibilidad de la Iglesia es la asistencia del Espรญritu divino, que Jesucristo le prometiรณ: "La palabra que escuchรกis no es mรญa sino del Padre que me ha enviado. Os he hablado de todo esto estando con vosotros, pero el Parรกclito, el Espรญritu Santo que el Padre enviarรก en mi nombre, ร‰l os enseรฑarรก todo y os recordarรก todas las cosas que os he dicho". (Jn. 14, 24-26). Y el Seรฑor, volviendo al asunto, dice: "Cuando venga Aquรฉl, el Espรญritu de la verdad, os guiarรก hacia toda la verdad, pues no hablarรก por Sรญ mismo, sino que dirรก todo lo que oiga y os anunciarรก lo que ha de venir."(Jn. 15, 26; 16, 13)

Tenemos, asรญ, asegurada la infalibilidadde la Iglesia, en la palabra de Cristo, que es la Verdad Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida, nadie va al Padre sino por Mรญ (Jn. 14, 6).

Nuestro camino es la palabra de Cristo, confiada a su Iglesia bajo la asistencia del Espรญritu Santo.

Pero, vuestras preguntas han ido mรกs lejos: "Entre las varias iglesias que se dicen cristianas ยฟCuรกl es la primitiva y la verdadera?"

Como vimos, Jesucristo escogiรณ a San Pedro para designarle Jefe y Cabeza de Su Iglesia en la tierra. Le confiรณ el depรณsito de Su doctrina, para que รฉl la guardara y enseรฑara conjuntamente junto con todos aquellos que permanecieran unidos en la misma fe, la misma esperanza y la misma caridad.

San Juan nos cuenta que Jesucristo, un dรญa, despuรฉs de haber resucitado ya, esperรณ en la playa a los Apรณstoles que andaban pescando, teniรฉndoles preparado pez asado y pan cuando descendieron de la barca. "Cuando hubieron comido, Jesรบs dijo a Simรณn Pedro: Simรณn, hijo de Juan, ยฟme amas mรกs que a รฉstos? Le respondiรณ: Sรญ Seรฑor, Tรบ sabes que te amo. Le dijo: Apacienta mis corderos. De nuevo le preguntรณ por segunda vez: Simรณn, hijo de Juan, ยฟme amas? Le respondiรณ: Si, Seรฑor, Tรบ sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas. Le preguntรณ por tercera vez: Simรณn, hijo de Juan, ยฟme amas? Pedro se entristeciรณ porque le preguntรณ por tercera vez si le amaba, y le respondiรณ: Seรฑor, Tรบ lo sabes todo. Tรบ sabes que te amo. Le dijo Jesรบs: Apacienta mis ovejas."(Jn. 21, 15-17)

Jesucristo, confiรณ a la custodia de San Pedro todo el rebaรฑo que es Su Iglesia: los corderos y las ovejas, las ovejas y los pastores. Por lo tanto, la verdadera Iglesia de Cristo estรก constituida por todos aquellos que permanecen unidos a Pedro por la misma fe, por la misma esperanza y por el mismo amor, que es la caridad de Cristo. "Dios es caridad"; y, por eso exige de Su Representante una triple declaraciรณn de Amor.

En verdad, la Iglesia de Dios es la Iglesia de la caridad, del Amor.Esto mismo pidiรณ Jesucristo al Padre poco antes de entregarse a la muerte por nosotros: "Padre Santo, guarda en tu nombre a aquellos que me has dado, para que sean uno como nosotros. (...) No ruego sรณlo por รฉstos, sino por los que han de creer en Mรญ por su palabra: que todos sean uno; como Tรบ, Padre, en Mรญ y Yo en Ti, que asรญ ellos estรฉn en nosotros, para que el mundo crea que Tรบ me has enviado. Yo les he dado la gloria que Tรบ me diste, para que sean uno como nosotros somos uno. Yo en ellos y Tรบ en Mรญ, para que sean consumados en la unidad, y conozca el mundo que Tรบ me has enviado y los has amado como me amaste a Mรญ". (Jn. 17, 11; 20-23)

Vemos que Jesรบs ruega al Padre no sรณlo por los Apรณstoles, sino tambiรฉn por todos nosotros que habรญamos de creer en ร‰l y en Su palabra, que nos serรญa transmitida por los Apรณstoles y sus sucesores. Y ยฟquรฉ pide ร‰l al Padre? Que los miembros de Su Iglesia permanezcan tan unidos entre sรญ que formen uno sรณlo: "No ruego solamente por รฉstos, sino tambiรฉn por aquellos que, por su palabra, han de creer en Mรญ, para que todos sean uno", y esto "para que el mundo reconozca que Tรบ me enviaste y los amaste como me amaste a Mรญ"y "Para que ellos sean perfectos en la unidad".

Con estas palabras, Jesucristo nos revela cuรกl debe ser la unidad de Su Iglesia: una รบnica, una sola. Una รบnica unidad que no admite partes: "Dales la gloria que Tรบ me diste para que sean uno como nosotros somos uno". Unidos por la misma fe, esperanza y caridad.

Antes de esta oraciรณn a Su Padre, Jesรบs se detiene largamente a hablar con Sus discรญpulos diciรฉndoles en cierto momento: "Permaneced en Mรญ y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sรญ mismo si no permanece en la vid, asรญ tampoco vosotros si no permanecรฉis en Mรญ. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. El que permanece en Mรญ y Yo en รฉl, รฉse da mucho fruto, porque sin Mรญ no podรฉis hacer nada. Si alguno no permanece en mรญ es echado fuera como los sarmientos y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden." (Jn. 15, 4-6). En esta alegorรญa de la viรฑa y de los sarmientos, vemos que la vida de los miembros del Cuerpo Mรญstico que es la Iglesia depende de la uniรณn de ellos con Cristo. ร‰l es la cabeza de la Iglesia en la persona de su Representante y nosotros somos los miembros. ร‰l es la vid y nosotros somos los sarmientos. Asรญ como el sarmiento separado de la vid se seca y no da fruto, del mismo modo si nosotros, por el pecado, nos separamos de la verdadera cepa, que es Cristo, dejando de nutrirnos de la sabia de Su gracia, morimos, secamos, no damos fruto y para nada mรกs valemos que para el fuego eterno.

Tenemos aquรญ bien definida la suerte de los que, desorientados por falsas ideas, por las tentaciones del mundo, del Demonio o de la carne, se dejan arrastrar y se separan del verdadero Cuerpo Mรญstico de Cristo, que es la Iglesia. Sin seguirlos, debemos orar y sacrificarnos por ellos, para que regresen al buen camino, porque Dios no quiere que el pecador se pierda, sino que se convierta y viva.

ร‰ste es el motivo por el que nuestra Seรฑora tanto nos recomendรณ la oraciรณn y el sacrificio por la conversiรณn de los pecadores: "Rezad, rezad mucho y haced sacrificios por los pecadores. Van muchas almas al infierno, por no haber quien se sacrifique y pida por ellas". (Fรกtima, 19 de agosto de 1917).

 

 

Por lo tanto, por nuestra uniรณn con Cristo mediante Su Iglesia, debemos volvernos vรญctimas de expiaciรณn y de sรบplica por la conversiรณn de nuestros hermanos. En eso estรก el punto ideal de nuestra caridad: amar a aquellos que tal vez hablan mal de nosotros, nos contradicen y persiguen. Nuestro perdรณn, ofrecido a ellos en la luz de la fe, de la esperanza y de la caridad, los atraiga de nuevo hacia los brazos de Dios.

Es asรญ que la Iglesia de Dios es una:una sola, unida por los lazos del perdรณn, del amor y de la fe. Es una y catรณlica, universal, como nos enseรฑรณ y mandรณ Jesรบs: "Id al mundo entero y predicad el Evangelio a toda criatura. El que crea y sea bautizado, se salvarรก; pero el que no crea, se condenarรก". (Mc. 16, 15-16)

La Iglesia de Jesรบs es apostรณlica: fue confiada por Jesucristo a los Apรณstoles y a sus sucesores que de ellos recibieran el fiel testimonio de la redenciรณn, con la misiรณn de hacerlo presente y vivificante hasta los รบltimos confines de la tierra y de la historia: "Se me ha dado todo poder en el Cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discipulos a todos los pueblos, bautizรกndolos en el nombre del Padre y del Hijo del Espรญritu Santo; enseรฑรกndoles a guardar todo cuanto os he mandado. Y sabed que Yo estoy con vosotros todos los dรญas hasta el fin del mundo."(Mt. 28, 18-20).

Jesucristo nos asegura aquรญ no sรณlo que confรญa Su Iglesia a los Apรณstoles, sino tambiรฉn que estarรก con ellos hasta el fin del mundo en la persona de sus sucesores. Esta presencia del Seรฑor en Su Iglesia fortalece nuestra fe, nuestra esperanza y nuestra caridad, porque la Iglesia de Dios es Cristo entre nosotros, es Cristo en cada uno de nosotros en cuanto miembros del Cuerpo Mรญstico, de Su Iglesia.

Tambiรฉn decimos que la Iglesia de Cristo es romana, porque San Pedro fue el primer Obispo de Roma. Siendo Jefe y Cabeza visible de la Iglesia de Cristo, allรญ estableciรณ la Cรกtedra del Supremo Pontificado, esto es, del Jefe y Cabeza visible de la รบnica y verdadera Iglesia de Dios, fundada por Jesucristo. Asรญ, todos los que son legรญtimamente elegidos Obispos de Roma se constituyen, por derecho, en verdaderos sucesores de San Pedro, en cuanto representante de Cristo en la tierra, Jefe y Cabeza visible de Su Iglesia; es el Santo Padre.

Por todo esto, unimos nuestra oraciรณn a la oraciรณn de Cristo, pidiendo al Padre la unidad de Su Iglesia, para que el mundo crea que Cristo es el enviado del Padre y, unidos en la misma fe, en la misma esperanza y en la misma caridad formemos todos un mismo Cuerpo Mรญstico de Cristo, y por Cristo, todos seamos salvos.

"Ciertos, pues, de que la verdadera Iglesia de Dios es la Iglesia Catรณlica, apostรณlica y romana, fundada por Jesucristo, continuada por los Apรณstoles y por sus sucesores, todos debemos permanecer unidos a ella en la misma FE, en la misma ESPERANZA y en la misma CARIDAD, acatando sus orientaciones y recorriendo los caminos por ella seรฑalados, porque ella es la depositaria de la verdadera ley de Dios y de la doctrina enseรฑada por Jesucristoโ€.

โ€œDebemos creer en ella, confiar en ella, respetarla, amarla, escuchar sus enseรฑanzas, seguir sus pasos y permanecer unidos a su Jefe, que es Cristo, en la persona del Sumo Pontรญfice de Roma, รบnico verdadero Vicario de Cristo, Cabeza del Cuerpo Mรญstico del cual nosotros somos miembros por la FE en Cristo, como nos dice el Apรณstol Sn Pablo: 'Porque todos nosotros, tanto judรญos como griegos, tanto siervos como libres, fuimos bautizados en un mismo Espรญritu para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espรญritu. Pues tampoco el cuerpo es un solo miembro, sino muchosโ€™โ€. (1Cor. 12, 13-14)

y en la carta a los Efesios, nos aclara todavรญa mรกs sobre esta nuestra unidad en Cristo: "Por ร‰l tambiรฉn vosotros, una vez oรญda la palabra de la verdad -el Evangelio de nuestra salvaciรณn-, al haber creรญdo fuisteis sellados con el Espรญritu Santo prometido, que es prenda de nuestra herencia, para la redenciรณn de su pueblo adquirido, para alabanza de su gloria". (Ef. 1, 13,14).

Fuimos, por tanto, creados y escogidos por Dios para hacernos alabanza de Su eterna gloria. Ser alabanza de Su gloria: ยกes el fin mรกs alto, a que Dios nos podรญa haber destinado! Es tener en nosotros, por participaciรณn la gloria de Dios, con la cual Le podemos alabar; es hacernos poseedores de la honra de Dios, con la cuรกl le podemos engrandecer; es ser revestidos de la dignidad de Cristo, con la cual le podemos dignificar, contribuir para que aumente esta dignidad en los miembros de Su Cuerpo Mรญstico, para que cada uno se vuelva cada vez mรกs digno. Para eso es necesaria una plena donaciรณn al Seรฑor, una vida fe, esperanza y amor

ยกAve Marรญa!

(del libro: LLAMADAS DEL MENSAJE DE FรTIMA de Sor Lucรญa)

 


 

TEMAS RELACIONADOS:

ยท Llamada a la ADORACIร“N (โ†’)

 

0 Comentarios

Dรฉjanos un comentario