10.SIGLO XXI MISTERIOS LUMINOSOS

Publicado por Equipo Fatimazo Por la Paz el

Y así llegamos al siglo XXI. Es tanto lo que la sociedad está cambiando, que la Iglesia ha de modernizar el culto mariano para hacerlo asequible a la persona actual.

En este sentido, el Papa san Juan Pablo II (1920-2005) además de promover mucho el rezo del Rosario, introdujo cinco nuevos misterios: los luminosos, que versan sobre la vida pública de Jesús, alcanzando las 200 Avemarías.

Fray Julián de Cos, O.P.

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Poco después de su elección pontificia, el 16 de octubre de 1978, en el corazón del mes de rosario, el Papa san Juan Pablo II afirmó que “el rosario es mi oración preferida”. Y son numerosas las imágenes y los testimonios de Juan Pablo II rezando el Rosario.

Pero, si lo anterior fuera insuficiente para entrar en la historia del Rosario, el Papa Juan Pablo II declaró de octubre de 2002 a octubre de 2003, el Año del Rosario, y escribió la bellísima Carta apostólica “El Rosario de la Virgen”.

En las palabras previas al rezo del Ángelus del domingo 1 de octubre de 2006, el Papa Benedicto XVI enriqueció las frases y definiciones del Rosario con el siguiente y bien hermoso texto:”… Es como si cada año Nuestra Señora nos invitara a redescubrir la belleza de esta oración tan sencilla y tan profunda. El amado Juan Pablo II fue un gran apóstol del Rosario: le recordemos arrodillado con la corona entre las manos, inmerso en la contemplación de Cristo, como él mismo invitó a hacer con la carta apostólica "Rosarium Virginis Mariae". El rosario es oración contemplativa y cristocéntrica, inseparable de la meditación de la Sagrada Escritura. Es la oración del cristiano que avanza en la peregrinación de la fe, en el seguimiento de Jesús precedido por María. Desearía invitaros, queridos hermanos y hermanas, a rezar el rosario durante este mes en familia, en las comunidades y en las parroquias por las intenciones del Papa, por la misión de la Iglesia y por la paz del mundo”.

La importancia del rosario como medio eficaz de los creyentes ha sido confirmado no solo por los pontífices, sino por Nuestra Madre misma, la Virgen María. Es la oración de los sencillos y de los grandes, está al alcance de todos, en todo tiempo y lugar.

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