12.

Lucia dos Santos - 2

La madre de Lucía le había enseñado el catecismo y, considerando que estaba lista para recibir la Comunión, la envió con una hermana mayor a las clases de preparación para los sacramentos.

El día anterior a la Misa de Primera Comunión, el párroco le dijo a Lucía que esperara otro año. Cuando ella, entre lágrimas, se puso a suplicarle, un sacerdote visitante la llevó aparte y le hizo algunas preguntas.

Ella conocía tan bien las enseñanzas de la Iglesia que ese sacerdote le pidió al párroco que la dejara recibir la Primera Comunión, y él asintió. Lucía describe así el profundo efecto que la Primera Comunión tuvo para ella:

Me sentí transformada en Dios. Era ya casi la una de la tarde y las ceremonias no habían concluido . . . Mi madre llegó a buscarme, muy angustiada, pensando que yo podía desmayarme por la debilidad [en esa época, para comulgar había que ayunar desde la medianoche]. Pero yo, saciada hasta rebosar con el Pan de los Ángeles, descubrí que me era imposible tomar alimento alguno. Después de esto, perdí el gusto y la atracción por las cosas del mundo; solo me sentía a gusto en algún lugar solitario, donde pudiera recordar a solas las delicias de mi Primera Comunión.

Lucía recibió un favor especial la víspera de su Primera Comunión, que prefiguró la misión singular que ella realizaría.

Inmediatamente después de confesarse por primera vez, rezó ante la imagen de nuestra Señora del Rosario en la iglesia parroquial.

Lucía le pidió a nuestra Señora que reservara su corazón solo para Dios, y la estatua pareció sonreírle y le aseguró que su oración sería contestada.

1 comentario

Margarita Dücker · 18 enero, 2020 a las 9:33 am

Enorme vocación

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