14 DE AGOSTO - San Maximiliano Kolbe

Nació en Polonia en 1894, destacó desde niño por su espíritu inquieto y su afán de conocer.

En su hogar aprendió el amor a la Virgen María.

Siendo niño realizó una travesura que su mamá le reprochó. Tiempo después, la madre vio que el pequeño Kolbe había cambiado de actitud y que frecuentemente oraba llorando ante un pequeño altar.

El niño le dijo: “Mamá, cuando me reprochaste, pedí mucho a la Virgen que me dijera lo que sería de mí. Lo mismo en la iglesia, le volví a rogar.
Entonces se me apareció la Virgen, teniendo en las manos dos coronas: una blanca y otra roja”.

"La blanca significaba que perseveraría en la pureza y la roja que sería mártir. Contesté que las aceptaba… (las dos). Entonces la Virgen me miró con dulzura y desapareció”.

Con 13 años ingresó en el Seminario de los padres franciscanos, siendo ordenado sacerdote en 1918.

Fue un apasionado de las artes, las ciencias, los avances tecnológicos, el periodismo y los inventos.

Maximiliano siempre fue muy devoto de la Inmaculada Concepción. En 1917 fundó un movimiento llamado "La Milicia de la Inmaculada", el cual se consagró a la Virgen María para luchar con todos los medios por la construcción del Reino de Dios en todo el mundo.

También inició la publicación de una revista mensual llamada "Caballero de la Inmaculada", orientada a promover el conocimiento, el amor y el servicio a la Virgen María.

En 1922 fundó su primer convento, Niepokalanow, que se convirtió en toda una ciudad dedicada a la Inmaculada, con escuelas, teatros, talleres e incluso un complejo editorial donde se imprimían miles de ejemplares de ocho revistas diferentes.

Cuando el Papa solicitó el envío de misioneros a Japón, se ofreció voluntario, a pesar de que su salud siempre fue frágil, fundando otro “convento-ciudad”.

En 1936, su estado físico empeoró y regresó a su país.

Tres años más tarde, durante la Segunda Guerra Mundial, fue apresado y enviado a los campos de concentración.

En el tiempo que estuvo allí, condenaron a morir de hambre en una celda a 10 prisioneros porque uno de ellos intentó escapar.

San Maximiliano cambió su vida por la del sargento polaco Franciszek Gajowniczek, quien había explicado: “Dios mío, yo tengo esposa e hijos”.

En esa celda, el sacerdote siguió alentando en la fe a sus compañeros, con oraciones y cantos.

Tras dos semanas, solo San Maximiliano seguía con vida.

Necesitando la celda para otros reos, los nazis decidieron acabar su vida inyectándole ácido carbólico en la vena.

Murió el 14 de agosto, día en que se celebra su fiesta.

 

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