20 DE AGOSTO - San Bernardo de Claraval

San Bernardo, abad, es el último de los Padres de la Iglesia, pero uno de los que más impacto ha tenido. Nace en Borgoña, Francia en el año 1090. 

Amable, simpático, inteligente, bondadoso y alegre. Todo esto y vigor juvenil le causaba un reto en las tentaciones contra la castidad y santidad. Por eso durante algún tiempo se enfrió en su fervor y empezó a inclinarse hacia lo mundano.

Como sus pasiones sexuales lo atacaban violentamente, una noche se revolcó sobre el hielo hasta sufrir profundamente el frío. Aquel tremendo remedio le trajo liberación y paz. 

Una noche de Navidad, mientras celebraban las ceremonias religiosas en el templo se quedó dormido y le pareció ver al Niño Jesús en Belén en brazos de María, y que la Santa Madre le ofrecía a su Hijo para que lo amara y lo hiciera amar mucho por los demás.

Se fue al convento de monjes benedictinos llamado Cister, y pidió ser admitido. El superior, San Esteban, lo aceptó.

Bernardo volvió a su familia a contar la noticia y todos se opusieron, pero les habló tan maravillosamente de las ventajas y cualidades que tiene la vida religiosa, que logró llevarse al convento a sus cuatro hermanos mayores, a su tío y  31 compañeros. Un tiempo después, el hermano menor también se fue de religioso.  

A la edad de 22 años, entró en el monasterio de Cister. Mas tarde, habiendo muerto su madre, entró en el monasterio su padre. Su hermana y el cuñado, de mutuo acuerdo decidieron también entrar en la vida religiosa. 

Durante su vida fundó más de 300 conventos para hombres, e hizo llegar a gran santidad a muchos de sus discípulos. Lo llamaban "el cazador de almas y vocaciones". Con su apostolado consiguió que 900 monjes hicieran profesión religiosa. 

En el convento del Cister demostró tales cualidades de líder y de santo, que a los 25 años fue enviado como superior a fundar un nuevo convento.

Escogió un sitio apartado en el bosque y le puso el nombre de Claraval; de este convento salieron monjes a fundar otros 63 conventos. 

Lo llamaban "El Doctor boca de miel" (doctor melífluo). Su inmenso amor a Dios y a la Virgen Santísima y su deseo de salvar almas lo llevaban a estudiar por horas cada sermón, y como sus palabras iban precedidas de mucha oración y de grandes penitencias, el efecto era fulminante en los oyentes.

Los que quieren progresar en su amor a la Madre de Dios, tienen que leer los escritos de San Bernardo por la claridad y el amor con que habla de ella.

Él fue quien compuso aquellas últimas palabras de la Salve: "Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María". Y repetía la bella oración que dice: "Acuérdate oh Madre Santa, que jamás se oyó decir, que alguno a Ti haya acudido, sin tu auxilio recibir".

La historia cuenta que San Bernardo estaba rezando de rodillas cuando de repente la Santísima Virgen María apareció ante él con el Niño Jesús en sus brazos.

Es entonces que ella hizo brotar leche de uno de sus pechos para dar de beber al santo.

En otra versión, la leche se dirigió hacia la boca del santo simbolizando su especial maternidad y la sobrenatural sabiduría que le otorgaba.

El más profundo deseo de San Bernardo era permanecer dedicado a la oración y a la meditación. Pero el Sumo Pontífice, los obispos, los pueblos y los gobernantes le pedían continuamente que fuera a ayudarles, y él estaba siempre pronto a prestar su ayuda donde quiera que pudiera ser útil.

Con una salud sumamente débil (porque los primeros años de religioso se dedicó a hacer demasiadas penitencias y se le dañó la digestión) recorrió toda Europa poniendo la paz donde había guerras, deteniendo las herejías, corrigiendo errores, animando desanimados y hasta reuniendo ejércitos para defender la santa religión católica.

Un excelente monje del monasterio de Claraval fue nombrado Sumo Pontífice: Honorio III.

El santo le escribió un famoso libro llamado "De consideratione", en el cual propone una serie de consejos para que los que están en puestos elevados no vayan a cometer el gravísimo error de dedicarse solamente a actividades exteriores descuidando la oración y la meditación.

Murió a los 63 años el 20 de agosto del año 1153. El sumo pontífice lo declaró Doctor de la Iglesia. 

San Bernardo escribió la vida de San Malaquías quién murió en sus brazos camino a Roma.

"NO ERES MÁS SANTO PORQUE NO ERES MÁS DEVOTO DE MARÍA." (San Bernardo)

 

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