21 JUNIO - San Luis Gonzaga

Patrón de la Juventud Católica, nació el 9 de marzo de 1568, hijo de los príncipes de Castiglione en Lombardía (Italia). Recibió de su madre educación cristiana y pronto todos vieron su inclinación a la vida religiosa cosa a la que su padre se opuso.

Su director espiritual, San Roberto Belarmino, le aconsejo la confesión y comunión frecuente y una gran devoción a la Virgen, cosa que él lo tomo muy en serio y hace voto de perpetua virginidad.
En una visita de San Carlos Borromeo, le aconseja hacer la primera comunión y él mismo se la administra el 22 de julio de 1580.

Se inclina por la Compañía de Jesús, pero quiere una confirmación espiritual y la busca con ahínco en la oración. La luz que buscaba sobre su futuro la encontró el día de la Asunción de la Virgen, 15 de agosto de 1583, fue a misa y comulgó; luego se detuvo a orar ante la estatua de Nuestra Señora del Buen Consejo y «oyó una voz clara que le dijo que entrase en la Compañía de Jesús».

Deseaba vivamente ser religioso por lo que se entregaba a duras penitencias día y noche, pero siempre obedeció a su padre, el cual esté pensando que su hijo olvidaría sus deseos, lo llevaba a fiestas y palacios. Después de varios meses, su padre le pregunta si todavía deseaba ser sacerdote, a la cual le respondió “En eso pienso noche y día”, al cual su padre accede y escribió al padre Claudio Aquaviva, general de los jesuitas, diciéndole: «Os envío lo que más amo en el mundo, un hijo en el cual toda la familia tenía puestas sus esperanzas.» Tras renunciar a favor de su hermano, Luis ingreso en la Compañía de Jesús, en Roma.

Su vocación se orientaba a la asistencia y el cuidado de pobres, enfermos, presidiarios y vagabundos. En la epidemia de peste que asoló a Roma en 1591, contrajo tuberculosis al cuidar con todo su amor y compasión a dichos enfermos.

Luis vio que su fin se acercaba y escribió a su madre: «Alegraos, Dios me llama después de tan breve lucha. No lloréis como muerto al que vivirá en la vida del mismo Dios. Pronto nos reuniremos para cantar las eternas misericordias.» En sus últimos momentos no pudo apartar su mirada de un pequeño crucifijo colgado ante su cama. Fue canonizado en 1726.

Es de su autoría está bella oración de consagración a la Virgen:

"Oh Señora mía, Santa María: hoy y todos los días y en la hora de mi muerte, me encomiendo a tu bendita fidelidad y singular custodia, y pongo en el seno de tu misericordia mi alma y mi cuerpo; te recomiendo toda mi esperanza y mi consuelo, todas mis angustias y miserias, mi vida y el fin de ella: para que por tu santísima intercesión, y por tus méritos, todas mis obras vayan dirigidas y dispuestas conforme a tu voluntad y a la de tu Hijo. Amén".

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