69. 🔺 Para salvarnos, no basta con no hacer el mal, sino que se requiere también la virtud en el ejercicio del bien.
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📌Hay pequeños sacrificios que podemos y debemos, ofrecer a Dios; son muy meritorios y provechosos para nosotros, porque con ellos, probamos la delicadeza de nuestra fidelidad y nuestro amor a Dios y al prójimo.
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📌Su práctica nos enriquece de gracia, nos fortifica en la fe y en la caridad, nos dignifica cerca de Dios y del prójimo, nos libra de la tentación del egoísmo, de los celos, de la envidia y de la comodidad.
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⚠ Así:
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🔹1. Hacer nuestra oración con fe y atención, evitando las distracciones; con respeto, dándonos cuenta de que estamos hablando con Dios.
🔹2. Ofrecer a Dios en sacrificio algún pequeño gusto en la alimentación.
🔹3. El sacrificio que podemos y debemos hacer a Dios en el vestuario: soportar un poco de frío o de calor, sin quejarnos. Vestir en conformidad con la moral cristiana, la dignidad personal y la solidaridad con los demás.
🔹4. Hay que soportar con serenidad las contrariedades que surgen en nuestro camino. Soporta de buena voluntad la compañía de aquellos que nos son antipáticos y nos desagradan, de aquellos que nos contradicen, molestan, importunan con preguntas indiscretas o tal vez malintencionadas; pagarles con una sonrisa, un servicio, un favor, perdonando y amando, con nuestra mirada puesta en Dios. Esta renuncia a nosotros mismos es, tal vez, el sacrificio más difícil para la pobre naturaleza humana, pero es también el más agradable a Dios y meritorio para nosotros.
🔹5. Penitencias y sacrificios externos. Jesucristo, que era persona divina, no podía pecar y, sin embargo, nos dio un gran ejemplo de vida penitente. Antes de iniciar su vida pública, pasó cuarenta días en el desierto orando y ayunando. Antes de entregarse a la muerte se entretuvo largamente en oración en el Huerto de los Olivos.
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¡Ofreced constantemente al Altísimo oraciones y sacrificios!
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