95. 🔺 Tomad y bebed el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo horriblemente ultrajado por los hombres ingratos
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El sacrificio redentor de Jesús se actualiza cada día en el Sacramento de la Eucaristía dentro de la santa misa y al que debemos asociarnos frecuente, activa y espiritualmente.

Necesario es no olvidar nunca que toda la fuerza de la expiación pende únicamente del cruento sacrificio de Cristo, que por modo incruento se renueva sin interrupción en nuestros altares.
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Jesús mismo es quien se ofrece mediante el ministerio de los sacerdotes, El mismo Jesús que antes se ofreció en la cruz; sólo es diverso el modo de ofrecerse.
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Nuestra oblación y sacrificio no es en balde, se comunica al resto de los miembros de la Iglesia de una manera misteriosa por la comunión de los santos y realiza la llegada del Reino, la Salvación de Dios.
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Una vida ofrecida, unida al sacrificio redentor y reparador de Cristo es un bien para todo el Cuerpo de Cristo.
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Nuestro pecado no sólo influye en Dios y en mí, sino que influye y daña a la Iglesia.
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De igual modo, una vida santa, ofrecida por Dios y en reparación de los pecados, influye para bien en toda la Iglesia, repara el pecado, y hace aumentar en bienes y santidad el Cuerpo de Cristo.

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