DICIEMBRE MES DE LA INMACULADA – DIA 22

HONRAR LA FELICรSIMA PARTIDA DE MARรA
El Sol de justicia no derramaba ya sobre el mundo la luz de sus enseรฑanzas y de sus ejemplos; pero la Estrella de los mares alumbraba aรบn con sus suaves resplandores el campo inculto y dilatado en que los obreros del Evangelio sembraban semillas divinas.
Jesรบs habรญa subido al cielo y Marรญa vegetaba aรบn en la tierra como una enredadera separada del olmo que la sostiene. Lejos estaba su tesoro y allรญ estaba su corazรณn. La tierra era para ella un doloroso destierro, y en medio de los rigores de su ostracismo, se consolaba tan sรณlo tornando al cielo sus miradas y respirando de lejos los aires puros de la patria.
Peregrina aun sobre la tierra, daba aliento a los sembradores de la palabra divina, que a sus pies iban a deponer las primeras espigas cosechadas en la heredad que habรญa hecho fecunda la sangre de su Hijo.
Cuando la Iglesia, fortalecida por la persecuciรณn, habรญa afianzado sus cimientos, su presencia era menos necesaria, y โcomo una segadora fatigada que busca el descanso en medio del dรญa, quiere reposar a la sombra del รกrbol de la vida que crece cerca del trono del Seรฑor.โ Un รกngel desprendido de la celestial milicia, vino a anunciarle que sus deseos serian bien pronto realizados.
Retirรณse Marรญa al lugar santificado por la venida del Espรญritu Santo para aguardar allรญ su รบltima hora. Los apรณstoles y discรญpulos congregados en gran nรบmero, fueron a rendir a la Madre de Dios los postreros homenajes de su amor filial. Reclinada sobre su humilde lecho, los recibiรณ a todos con la afabilidad encantadora que le era caracterรญstica.
Era la noche: la luz pรกlida de una bujรญa alumbraba aquella multitud silenciosa y conmovida que, deshaciรฉndose en torrentes de lรกgrimas, rodeaba el lecho de la mujer bendita. Ella entre tanto, con rostro sereno, pero en el cual se dibujaba un tinte melancรณlico que realzaba admirablemente su belleza mรกs que humana, fijรณ en todos sus hijos adoptivos mirada cariรฑosa.
Su voz dulcรญsima, resonando en el recinto fรบnebre, los consolaba prometiรฉndoles que no los olvidarla jamรกs; que en medio de las celestiales delicias, siempre abrigarรญa por ellos y por todos los redimidos con la sangre de su Hijo un amor verdaderamente maternal.
Clavรณ despuรฉs sus ojos en el cielo; una sonrisa suave como el รบltimo rayo de la tarde se dibujรณ en sus labios; un color mรกs encendido que el de la rosa de Jericรณ se pintรณ en su rostro embellecido con celestial belleza. Acababa de ver que el cielo se abrรญa en su presencia y que su Hijo bajaba sentado en nube resplandeciente para recibirla entre las purรญsimas efusiones del amor filial.
Veรญa a legiones innumerables de espรญritus angรฉlicos que venรญan a su encuentro agitando palmas triunfales y trayendo coronas inmarcesibles para coronarla como Reina del empรญreo. Arrebatada en inefable arrobamiento, su alma desprendiรณse dulcemente de su cuerpo a la manera que el lirio de los valles despide al marchitarse un รบltimo perfume. El รกngel de la muerte, a quien ningรบn poder humano detiene en su carrera, revoloteaba en torno de esa humilde hija de David sin atreverse a herirla; pero si el Hijo pagรณ tributo voluntario a la muerte, la madre hubo de someterse tambiรฉn a su imperio.
Al punto, luz misteriosa baรฑรณ con resplandores celestiales la estancia de Marรญa y cรกnticos que no ha escuchado jamรกs oรญdo humano, turbaron el silencio de la callada noche, cuyos ecos repitieron los sepulcros de los reyes y las ruinas de sus palacios. Marรญa habรญa dejado de existir; pero la muerte se habรญa despojado en su presencia de todos sus horrores: ella no fue mรกs que un dulce y apacible sueรฑo. Las brisas de la noche, robando sus aromas a las flores del valle, soplaban perfumadas en la fรบnebre estancia, y el brillo melancรณlico de las estrellas penetraba por entre sus rejas silenciosas.
La muerte es ordinariamente el reflejo de la vida. Marรญa, cuya existencia fue enteramente consagrada a Dios, no podรญa dejar de tener un fin adecuado a lo que fue su vida. Marรญa muriรณ a impulso del deseo de unirse al amado de su corazรณn. Su vida fue un largo y prolongado suspiro de amor; su muerte fue el instante en que ese suspiro se escapรณ de su pecho para ir a clavarse como una saeta en el corazรณn de Jesรบs y no separarse jamรกs de ahรญ.
Por mucho que amase Marรญa a su castรญsimo cuerpo, su separaciรณn le era grata, porque mediante esa separaciรณn iba a unirse con Dios. Si tanto anhelaba ese momento el apรณstol San Pablo, ยฟcuรกnto lo anhelarรญa aquella que no hizo otra cosa que amar?
No hay un deseo mรกs vehemente en el corazรณn del que verdaderamente ama, que el de unirse con el objeto amado; por eso Marรญa, sรญ vivรญa en la tierra separada de Jesรบs, era solamente porque cumplรญa la voluntad de Dios, pero para ella la vida era un tormento y uno de los muchos sacrificios que le fueron impuestos. Jamรกs recibiรณ Marรญa noticia mas fausta que la de su muerte, y jamรกs un alma humana se desprendiรณ mas fรกcilmente de un cuerpo humano. El fruto bien maduro se desprende del รกrbol con la mรกs leve sacudida.
Asรญ como la paloma, libre de los lazos que la tenรญan cautiva, emprende sin violencia el vuelo a las alturas, asรญ Marรญa, libre de Su cuerpo, volรณ a las regiones del gozo eterno.ยกQuรฉ muerte tan envidiable! De todas las ventajas del amor divino es รฉsta la mรกs preciosa y la mรกs apetecible. ยกQuรฉ dulce es la muerte para las almas que aman!
JACULATORIA
Salud ยกoh Madre admirable!
lirio hermoso de los valles
y pura flor de los campos.
โโโโโ
Las reflexiones de este mes estan tomadas del libro:
MES DE MARรA INMACULADA POR EL PRESBรTERO
RODOLFO VERGARA ANTรNEZ
CON APROBACIรN DE LA AUTORIDAD ECLESIรSTICA
IMPRIMATUR
Barcelona 25 de enero de 1906
El Vicario General. Provisor
JOSร PALMAROLA
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