DICIEMBRE MES DE LA INMACULADA – DIA 27

EL AMOR QUE DEBEMOS PROFESAR A MARรA
Si la bondad maternal de Marรญa no fuera bastante motivo para decidirnos a amarla, la consideraciรณn de sus perfecciones no podrรก menos de hacer brotar en nuestros corazones el mรกs ardiente y generoso amor por la que reรบne en si todo lo que hay de grande y perfecto en el orden de la naturaleza y de la gracia.
La belleza fรญsica y la belleza moral, la hermosura del cuerpo y del alma arrebatan espontรกneamente el amor a nuestros corazones, porque, como dice un sabio de la antigรผedad, cualquiera que tenga ojos para verla, no puede menos que tener corazรณn para amarla.
Ahora bien, ninguna criatura, despuรฉs de Jesucristo, ha poseรญdo en grado mรกs excelso la hermosura del cuerpo y del alma. Marรญa fue la obra predilecta del poder del Altรญsimo y en ella tuvo sus complacencias desde la eternidad. Su cuerpo destinado a ser el santuario de la divinidad, debiรณ de poseer toda la perfecciรณn de que es capaz la naturaleza y toda la hermosura que convenรญa a la que debรญa ser el tabernรกculo vivo y animado de la belleza infinita. Por eso los Libros Santos, profetizando esa belleza incomparable, han podido exclamar: ยซToda hermosa eres, amiga mรญa, toda hermosa eres;ยป lo que vale tanto como decir que en su persona se encierra una belleza sin medida.
La belleza por excelencia es Dios; y esa hermosura se comunica a las criaturas en el mismo grado en que se unen a Dios, como la pu reza de las aguas es tanto mayor, cuanto mas cerca estรกn a la fuente. Y ยฟcon cuรกl criatura se ha unido mรกs estrechamente la infinita belleza que con Marรญa? ยฟNo la amรณ y la prefiriรณ a todas eligiรฉndola por madre del Verbo encarnado?
Esta consideraciรณn hacia exclamar a San Epifanio:
ยซSois ยกoh Marรญa! la primera belleza despuรฉs de Dios, y en comparaciรณn de la vuestra, no tienen sombra de hermosura los serafines, ni los querubines, ni todos los nueve coros de los รกngeles. Los considero en vuestra presencia como a las estrellas del cielo, que pierden toda su luz cuando el sol aparece.ยป
Pero, sin necesidad de acudir a tales conjeturas, para conocer la belleza fรญsica de Marรญa no necesitamos sino oรญr el testimonio de los que tuvieron la dicha incomparable de verla cuan do aรบn era peregrina de la tierra. San Dionisio Areopagita, despuรฉs de haberla visto, decรญa que si la fe no le enseรฑara que no podรญa existir mรกs que un Dios, habrรญa adorado a la Santรญsima Virgen como a Dios. La belleza cautiva sin violencia los corazones, y aun esas bellezas frรกgiles e imperfectas que el mundo admira han tenido poder para trastornar a pueblos enteros. Arrebate, pues, nuestro amor la herยญmosura incomparable de Marรญa y encienda en nuestro pecho un incendio voraz.
Pero si tanto puede la hermosura del cuerpo, ยฟcuanto mas deberรก seducirnos la belleza del alma, que excede a la primera como el alma excede en excelencia al cuerpo?
Decรญa Santa Catalina de Sena, que si pudiรฉsemos ver con los ojos del cuerpo la belleza de un alma sin pecado y con sรณlo el primer grado de gracia, quedarรญamos tan sorprendidos al recoยญnocer cuรกnto sobrepujaba a todas las bellezas de la naturaleza corpรณrea, que no habrรญa quien no desease morir, si fuera preciso, por conservar beldad tan hechicera. Ahora bien, si la รบltima de las almas en el orden de la gracia encierra en sรญ tanta belleza, y si remontado el vuelo contemplรกsemos a las almas que han sabido a otros grados de gracia mรกs elevados hasta llegar a la mรกs perfecta, ยฟcuรกnta no serรญa nuestra admiraciรณn en presencia de su hermosura? Pues bien, la mรกs elevada de esas almas no es mรกs que una sombra comparada con Marรญa, porque ella posee mรกs gracias y por consiguiente, mas belleza que todos los Santos y bienaventurados juntos. Todas esas celestiales bellezas son siervos y vasallos de Marรญa. Ella sola es la madre del Creador de todos ellos; ella despuรฉs de Dios, es quien tiene extasiados de amor y de dicha a los moradores de la celestial Jerusalรฉn.
ยกAh! ยกsi los que se deleitan en las efรญmeras bellezas del mundo hubiesen contemplado por un instante la beldad de Marรญa, todo otro afecto morirรญa al punto en sus corazones! Mas si no nos es dado contemplar con los ojos del cuerpo la hermosura de su alma adornada con todas las piedras preciosas de las virtudes, a lo menos procuremos verla siempre con los ojos del alma para extasiamos en su belleza y embriagarnos en las delicias de su amor.
JACULATORIA
Dulce Madre, pues me amas,
haz que siempre el alma mรญa
tanto te ame, que algรบn dรญa
pueda al fin morir por ti.
โโโโโ
Las reflexiones de este mes estan tomadas del libro:
MES DE MARรA INMACULADA POR EL PRESBรTERO
RODOLFO VERGARA ANTรNEZ
CON APROBACIรN DE LA AUTORIDAD ECLESIรSTICA
IMPRIMATUR
Barcelona 25 de enero de 1906
El Vicario General. Provisor
JOSร PALMAROLA
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