MIERCOLES OCTAVA DE PASCUA FATIMAZO

MIรRCOLES DE LA OCTAVA DE PASCUA
โข Los discรญpulos de Emaรบs salen de Jerusalรฉn
โข Jesรบs nos acompaรฑa siempre en nuestro camino
โข reconocer a Dios en el Pan y en la Palabra
DOS DISCรPULOS, desanimados y pensativos, vuelven a su casa, en la aldea de Emaรบs, al atardecer del domingo. En sus corazones queda la amargura de unos sueรฑos rotos.
Esa maรฑana habรญan recibido la noticia de que la tumba de Jesรบs estaba vacรญa. Algunas mujeres dijeron que estaba vivo, pero ellos decidieron cerrar los oรญdos a ese testimonio. Han decidido irse de Jerusalรฉn para olvidar y rehacer sus vidas, esta vez sin la ilusiรณn del Mesรญas y lejos de los demรกs discรญpulos.
Cuando el horizonte estรก oscuro y no encontramos soluciones adecuadas, la esperanza de los que tenemos cerca nos puede ofrecer consuelo.
Si viรฉsemos que algunos andan sin esperanza, como los dos de Emaรบs, acerquรฉmonos con fe โno en nombre propio, sino en nombre de Cristoโ, para asegurarles que la promesa de Jesรบs no puede fallar.
El Seรฑor sabe lo que sucede en lo mรกs profundo de aquellos corazones. No dejarรก de intentar llamar a su puerta, como lo hace con cada uno de nosotros. Cristo resucitado estรก a la espera del mejor momento para caminar a su lado y para hacerles saber que no les abandonarรก nunca mรกs.
UN VIAJERO misterioso ยซse acercรณ y se puso a caminar con ellosยป (Lc 24,13-35). Como sucede en otras ocasiones, los discรญpulos no descubrieron inicialmente al Resucitado, porque ยซsus ojos eran incapaces de reconocerleยป.
De alguna manera, ยซel camino que lleva a Emaรบs es el camino de todo cristiano, mรกs aรบn, de todo hombre Y en ese camino, Jesรบs es nuestro compaรฑero de viaje. Necesitamos avivar, entonces, la certeza de que Jesรบs siempre estรก junto a nosotros para darnos esperanza, para encender nuestro corazรณn y decir: Ve adelante, yo estoy contigo.
Ambos, sin saber aรบn con quiรฉn estaban, no quieren perder su compaรฑรญa y le suplican que no se vaya. Jesรบs se quedรณ, entrรณ con ellos en casa, se sentรณ a la mesa, ยซtomรณ el pan, lo bendijo, lo partiรณ y se lo dioยป.
En ese momento se abrieron del todo sus ojos y lo reconocieron ยซen la fracciรณn del panยป.
De alguna manera, vemos, detrรกs de esta escena, la imagen de una peculiar Eucaristรญa. En cada Misa, Jesรบs se hace presente para alimentarnos con los mismos alimentos que saciaron el hambre de los discรญpulos de Emaรบs: su Palabra y su Pan.
Le pedimos a Marรญa que, viviendo con el oรญdo atento mientras el Seรฑor nos habla por el camino, sepamos reconocer a su Hijo en el acontecer de todos los dรญas y en la Eucaristรญa..
Fatimazo por la Paz.
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