Miércoles-San José-Sn Andres Bessette

Publicado por Equipo Fatimazo Por la Paz el

San Andrés Bessette nació en 1845 en Quebec. Huérfano a los 12 años, enfermizo, con escasa formación académica. Cuando ingresó a la Congregación de la Santa Cruz, sus superiores dudaban de su capacidad. Fue asignado como portero del Colegio Notre-Dame en Montreal — la tarea más humilde.

Pero en su interior ardía algo muy grande: Una confianza radical en San José. Desde joven había experimentado que San José lo protegía en su fragilidad física y en sus múltiples rechazos.

✨ Frases suyas (documentadas)

“No soy yo quien cura. Es San José.”

“Vayan a San José.”

“Cuando invocan a San José, no es necesario hablar mucho.”

Estas frases están recogidas en testimonios del proceso canónico.

🔥 La anécdota central

Personas enfermas comenzaron a acudir a él espontáneamente. No hacía rituales extraordinarios. Lo que hacía era simple:
• Oraba.
• Recomendaba confianza.
• Daba aceite de la lámpara que ardía ante la estatua de San José.
• Invitaba a recibir los sacramentos.

Pronto comenzaron a multiplicarse curaciones médicamente inexplicables.
Los médicos de la época documentaron varios casos. Cuando lo llamaban “milagroso”, respondía con firmeza: “Yo sólo rezo a San José. Él es quien hace todo.” Nunca permitió que la devoción se centrara en su persona.

Convencido de que San José quería un lugar de oración, comenzó con una pequeña capilla en el Monte Royal.

No tenían dinero.
No tenían permisos.
No tenían apoyo fuerte al inicio.

Pero Andrés repetía: “San José se encargará.”

Hoy el Oratorio de San José en Montreal es el santuario más grande del mundo dedicado a él. Más de un millón de peregrinos lo visitan cada año.

Lo que distingue a San Andrés no son sólo los milagros, sino su comprensión espiritual:
1. Intercesión real: San José actúa en la historia.
2. Humildad del instrumento: Dios elige lo pequeño.
3. Confianza filial: La devoción verdadera es sencilla y perseverante.
4. Sacramentalidad: Siempre remitía a la confesión y comunión.

San Andrés sufría dolores crónicos, problemas estomacales y agotamiento constante. Nunca pidió para sí los milagros que pedía para otros. Aquí está la paradoja profunda: San José curaba a muchos a través de él, pero no lo libraba de su propia cruz. Eso purificó su humildad.

📌 Enseñanza espiritual. San José:
• No busca protagonismo.
• Actúa en silencio.
• Responde a la confianza sincera.
• Intercede con eficacia cuando hay vida sacramental.

San Andrés comprendió que la grandeza espiritual no consiste en hacer milagros, sino en desaparecer para que Dios actúe.

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Fuente:
Actas del proceso de beatificación y canonización (Congregación para las Causas de los Santos).

 


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