Seamos signo de esperanza cancelando las deudas injustas e insolutas

El Aรฑo Jubilar 2025 nos ofrece el momento apto para empezar de nuevo y corregir viejos errores.
En la Escritura hebrea, el jubileo era un tiempo para liberar a los esclavos, devolver la tierra a sus verdaderos dueรฑos y perdonar las deudas. El jubileo era tanto un tiempo para el arrepentimiento y la reparaciรณn de injusticias, como tambiรฉn el inicio simbรณlico de una nueva era.
Estos mismos temas son un reto actual.
Haciendo eco a la palabra antigua de los profetas, el Jubileo nos recuerda que los bienes de la tierra no estรกn destinados a unos pocos privilegiados, sino a todos.
Es necesario que cuantos poseen riquezas sean generosos, reconociendo el rostro de los hermanos que pasan necesidad. Pienso de modo particular en aquellos que carecen de agua y de alimento.
El hambre es un flagelo escandaloso en el cuerpo de nuestra humanidad y nos invita a todos a sentir remordimiento de conciencia.
โRenuevo el llamamiento a fin de que ยซcon el dinero que se usa en armas y otros gastos militares, constituyamos un Fondo mundial, para acabar de una vez con el hambre y para el desarrollo de los paรญses mรกs pobres, de tal modo que sus habitantes no acudan a soluciones violentas o engaรฑosas ni necesiten abandonar sus paรญses para buscar una vida mรกs dignaโ.
Hay otra invitaciรณn apremiante que deseo dirigir en vista del Aรฑo jubilar; va dirigida a las naciones mรกs ricas, para que reconozcan la gravedad de tantas decisiones tomadas y determinen condonar las deudas de los paรญses que nunca podrรกn saldarlas.
Antes que tratarse de magnanimidad es una cuestiรณn de justicia, agravada hoy por una nueva forma de iniquidad de la que hemos tomado conciencia: ยซPorque hay una verdadera โdeuda ecolรณgicaโ, particularmente entre el Norte y el Sur, relacionada con desequilibrios comerciales con consecuencias en el รกmbito ecolรณgico, asรญ como con el uso desproporcionado de los recursos naturales llevado a cabo histรณricamente por algunos paรญsesยป.
Como enseรฑa la Sagrada Escritura, la tierra pertenece a Dios y todos nosotros habitamos en ella como ยซextranjeros y huรฉspedesยป ( Lv25,23). Si verdaderamente queremos preparar en el mundo el camino de la paz, esforcรฉmonos por remediar las causas que originan las injusticias, cancelemos las deudas injustas e insolutas y saciemos a los hambrientos.
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