Madre del Buen Consejo

Algunas personas se extrañan de esta advocación que la letanía da a la Virgen cuando la llama la Madre del buen consejo. Sin embargo, entre las Misas de la Virgen una que se titula así: María Virgen, Madre del Buen Consejo. Al analizar esa Misa tan bella nos encontramos con que este título está lleno de una riqueza evangélica muy grande.

Llamamos a la santísima Virgen Madre del Buen Consejo sin temor a equivocarnos por varias razones:

1. Porque es la Madre de Jesucristo, que, muchos siglos antes de venir al mundo, era anunciado por el profeta Isaías como Consejero admirable.

2. Porque toda su vida la pasó bajo la guía del Espíritu Santo, que es Espíritu de consejo, el cual la envolvió en el momento de la Encarnación del Hijo de Dios y la tuvo siempre bajo su sombra.

3. Porque se adhirió íntimamente al Consejo eterno de Dios de recapitular, de encerrar, en Cristo todas las cosas.

4. Porque se vio colmada como nadie de los dones del Espíritu Santo, entre los cuales sobresale de manera muy singular el don de sabiduría, por el cual la Virgen conoce, gusta y sabe comunicar el querer de Dios.

5. Teniendo en cuenta la Palabra de Dios, no es extraño que la Liturgia de la Iglesia, en sus oraciones oficiales, con las cuales expresa la doctrina en que todos los fieles creemos porque nos guía el Espíritu Santo, se le dirijan a la Virgen las palabras que encontramos en Prov.8,14:

Míos son el consejo y la sabiduría, mía es la prudencia, mía la fortaleza.

Por otra parte, María no se queda para sí estos dones. Los ha recibido de Dios, y Ella los comunica a sus hijos y discípulos, utilizándolos siempre para nuestro bien.

Un ejemplo claro lo encontramos en el Evangelio sobre las Boda de Caná. El don de consejo de María resplandece en esta ocasión de una manera excepcional.

María ve el apuro de los novios, que van a quedar mal delante de los invitados. ¿Cómo es posible que falte el vino en la fiesta?… María, mujer observadora a la que no se le escapa un detalle, y con un corazón tan bello, se da cuenta de la situación. No le ordena a Jesús, pues no se puede meter en sus asuntos, pero nada le impide introducirse con delicadeza en el Corazón de su Hijo: ¿Te has dado cuenta de que no tienen vino?…

Para Jesús, la petición de su madre es irresistible. ¿Qué remedio le queda sino hacer caso a su Madre?… Y María, intuyendo la victoria, les aconseja a los sirvientes: Haced lo que Él os diga. ¿El resultado? Lo conocemos muy bien.

Aunque no fuera más que por este hecho del Evangelio, llamaríamos a María, con razón sobrada, Madre del Buen Consejo: nos ha enseñado a acudir allí donde está todo el remedio para todos nuestros males y en todos nuestros apuros: ¡en Jesucristo!
Y nos enseña además lo que debemos hacer para cumplir la voluntad de Dios y practicar el Evangelio en toda su integridad: ¡Que lean todos —nos dice María— y que todos hagan lo que Jesús dice!

Con gran dulzura y a la vez firmeza, nos dice la Virgen María quién es el Mediador: ¡Jesús! Pero con igual dulzura y firmeza, nos dice: ¿quieren ir fácilmente a Jesús? ¡Vengan a mí, que no se van a equivocar!

Cuando le llegue a Jesús su Hora, tendrá a María al pie de la cruz y nos la dará por Madre. Quien la acoge como Juan y se la queda consigo, está aconsejado por la Mujer más intuitiva, la Madre más querida y la Intercesora más eficiente.

Nos lo puede contar un gran experimentado, San Maximiliano Kolbe, santo y mártir amantísimo de María.

Recién llegado a Japón, empieza su obra de El Legionario y de la Ciudad de la Inmaculada. Para la revista y todas las demás publicaciones son necesarias mil cosas: máquinas, obreros, préstamos, deudas… Y aquello se convierte en una locura. El único tranquilo, el Padre Kolbe, el que ha creado todo aquel lío. Los Superiores se preocupan: -Padre Kolbe, ¿se da cuenta en qué problema se mete? ¿quién arregla esto, quién sale fiador de todo?…

El Padre Kolbe dice su parecer. Después, se calla. Según su costumbre, agarra el rosario, lo esconde bajo las mangas de su hábito, y reza a la Virgen: -Madre, Tú te encargas de iluminarlos. Yo no digo una palabra más.

Y no la dijo, pero todo salió bien, porque calladamente, sin decir una palabra, la mejor consultora que existe, la Madre del Buen Consejo, iba guiando la discusión, que, como todas las demás del Padre Kolbe, acababa resolviéndose de la manera mejor. La Ciudad de la Inmaculada salió triunfante de todo…

REFLEXION: Nosotros nos encontramos muchas veces en situaciones difíciles y en problemas que no sabemos resolver. Problemas familiares, problemas personales, problemas del alma… Y nos preocupan, pero, ¿nos acordamos en esos momentos difíciles de que nuestra Madre, la Madre que Jesús nos dio, es la Madre del Buen Consejo? ¿Alguno se ha equivocado al seguir su consejo? ¿No será que acertamos siempre, y siempre con la mejor solución? Un consejo que María nos insinúa en lo más íntimo del alma, cuando acudimos a Ella con la oración confiada jamás fallará.

Referencia:

Devocionario.com

Del libro Explicación de la letanía, del padre Francisco Javier Dornn

Servicio Católico Hispánico

Catholic.net

 

Mariela Gastelum Treviño de Loret de Mola

No. 12 de la Serie Letanías Lauretanas

Categorías: Fatimazo

1 comentario

Laura silva · 25 abril, 2018 a las 10:08 am

Equipo de Fatimazo, mil gracias por plasmar en lo das lo Que se dice en cada palabra de la letanía, si lo meditaramos más al mencionar cada u a nuestra vida cambiaría, ya que no son flores para ella, son lecciones de santidad diaria para cada uno, muy grande MADRE DEL BUEN CONSEJOS
SE imaginan, en un casa la madre es la que siempre nos orienta, nos da animó, hay veces que no escuchamos, pero al paso del tiempo decimos- QUE RAZÓN TENÍA MI MAMA”-
AL dejar que María nos aconseje, ella sabe como, cuando y donde, dejémonos tocar por su sabio consejo que seguro será para llegar al corazón de Jesús.❤

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