ORACIONES DE FÁTIMA – JACULATORIAS DE SANTA JACINTA MARTO

Publicado por Equipo Fatimazo Por la Paz el

“María guardaba todas estas cosas en su corazón” (Lc 2,51)
¡Dulce Corazón de María, sed mi salvación!
¡Inmaculado Corazón de María, convierte a los pecadores!
¡Inmaculado Corazón de María, libra a las almas del infierno!

El Corazón de María dio su sangre y su vida a Jesús Niño, pues aunque la generación de Jesús, se realizó por obra del Espíritu Santo, pasó por las fases de la concepción, la gestación y el parto como la de todos los hombres.

Jacinta veneraba a la Santísima Virgen con un amor tierno, filial y gozoso, respondiendo constantemente a sus palabras y deseos; honrándola muchas veces por el rezo del Santo Rosario y de jaculatorias en honor a la Virgen. De las jaculatorias que mas le gustaba repetir era: “Dulce Corazón de María, sed la salvación mía”.

La Santísima Virgen se convirtió en su directora espiritual, y bajo su dirección maternal Jacinta se convirtió en una mística.

Recordando que “La Señora dijo que su Corazón Inmaculado será tu refugio y el camino que te llevará a Dios”, dijo Jacinta en una ocasión a Lucia: “¿No te encanta eso? ¡Su Corazón es tan bueno! ¡Cómo me encanta!”

Cuando Jacinta recogía flores silvestres, cantaba: “¡Dulce Corazón de María, sé mi salvación! ¡Inmaculado Corazón de María, convierte a los pecadores, salva las almas del infierno!”

Como no podía recibir la Comunión en reparación, como lo había pedido la Virgen ella exclamaba: “¡Tengo tanta pena de no poder comulgar en reparación de los pecados que se cometen contra el Inmaculado Corazón de María!

Ofrecía lo que le era posible: oraciones y sacrificios. Especialmente, durante su enfermedad le manifestaba a Lucia: “Sufro mucho, pero ofrezco todo por la conversión de los pecadores y para reparar al Corazón Inmaculado de María.”

En el 25 aniversario de Fátima, el cardenal Prelado de Lisboa dijo estas palabras:

“…San Pablo dice que los Cristianos son una de Cristo, redactada por ministerio nuestro, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo (cf. 2 Cor 3:1-3). Imitando a San Pablo, podemos decir que Jacinta es una carta de la Virgen Santísima, para ser leída por las almas. Mucho mejor que las palabras, la vida de Jacinta nos enseña lo que la Virgen vino a hacer a Fátima y lo que Ella quiere de nosotros.”

Y verdaderamente estas palabras son muy ciertas, contemplando la vida de Jacinta vemos que ella “personificó” el mensaje de la Virgen. Toda su vida es un perfecto resumen de lo que María santísima pidió en Fátima y nos sigue pidiendo a cada uno de nosotros.

Podríamos decir que la vida de Jacinta es como la “llave” que nos abre el mensaje del Inmaculado Corazón.

Santa Jacinta Marto, ruega por nosotros!

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