DICIEMBRE MES DE LA INMACULADA – DIA 19

HONRAR EL GOZO DE MARÍA POR LA RESURRECCIÓN DE JESÚS
Después de la tempestad el día brilla mas sereno y el sol se levanta en un cielo sin nubes. Pasada la tempestad que sumergió el corazón de María en las olas de la más amarga tribulación, brilló el día feliz en que le fue permitido contemplar a Jesús vivo y triunfante de la muerte y del infierno. Al clarear el alba del tercer día, Jesús rompe la losa de su sepulcro, derriba en tierra a los guardias que custodiaban el sepulcro y un ángel con radiante frente y blancas vestiduras se sienta allí para anunciar a las santas mujeres la fausta nueva de la Resurrección.
Entre tanto, María retirada en la soledad, suspiraba por el momento dichoso de ver a su Hijo resucitado como lo había predicho. «Mientras que oraba y derramaba dulces lagrimas, dice San Buenaventura, el Señor Jesús se le presenta repentinamente vestido de blanco, con la frente serena, hermoso, radiante de gozo y de gloria y le dice: «Dios te salve, madre mía.» -Ella, volviendo apresuradamente la vista y mirando a Jesús a su lado exclama en los transportes de su alegría: «¿Sois Vos Hijo mío? ¡Ah! ¡Cuánto tiempo que te aguardaba desolada, contando una a una las horas que retardaban este momento dichoso! -Yo soy, replicó Jesús, heme aquí resucitado y otra vez en tu compañía. -Después de adorarlo como a su Dios, María se levanta y anegada en la grimas de gozo, lo estrecha amorosamente y reposa sobre su corazón. Imaginándose tal vez que podía ser víctima de alguna ilusión, mira una y otra vez sus llagas para convencerse de que ya todo dolor y todo padecimiento se había alejado de él.»
La lengua humana es impotente para explicar el gozo de María al ver a su Hijo resucitado. Ese gozo sólo puede medirse por la intensidad de su dolor al verlo padecer. Imaginad, si podéis, cual seria el júbilo de una madre al encontrar al hijo que había perdido, al ver volver a la vida a aquel que había llorado muerto, al mirar sano al que había visto herido y despedazado. Es, sin duda, el mayor de los gozos que puede caber en el corazón de mujer, como el dolor de perder a un hijo único es el mayor dolor que puede soportar el corazón de madre.
El gozo que experimentó María en la Resurrección de Jesús nos manifiesta que en el mundo moral hay días de tribulación y días de gozo, horas sombrías y horas serenas. La tempestad, por ruda que sea, pasa al fin y la más dulce calma la sucede, y el gozo y el contento son tanto más intensos, cuanto fueron más acerbos el dolor y el sufrimiento. Esos dos licores de la copa de la vida, la tribulación y el contento, se suceden sin cesar.
Esta verdad, que nos enseña la experiencia, debe alentarnos para sufrir, porque sabemos que después del dolor soportado con resignación, Dios nos dará a probar una gota de esos celestiales consuelos en cuya comparación son humo y paja los goces de la vida. Pero, aunque no nos fuere permitido aquí en la tierra disfrutar de momentos de calma y de horas de alegría, podemos estar seguros de que en el cielo sobrenadaremos en gozo y anegados en dulcísima paz descansaremos para siempre a la sombra del árbol de la vida.
JACULATORI
Por tu Hijo resucitado
aléjanos, dulce Madre,
de la muerte y del pecado
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Las reflexiones de este mes estan tomadas del libro:
MES DE MARÍA INMACULADA POR EL PRESBÍTERO
RODOLFO VERGARA ANTÚNEZ
CON APROBACIÓN DE LA AUTORIDAD ECLESIÁSTICA
IMPRIMATUR
Barcelona 25 de enero de 1906
El Vicario General. Provisor
JOSÉ PALMAROLA
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