DICIEMBRE MES DE LA INMACULADA – DIA 20

MARÍA EN LA ASCENSIÓN DE JESÚS
Jesús había terminado ya su misión sobre la tierra, había llegado la hora en que los decretos eternos lo llamaban al cielo a recibir las coronas y palmas del glorioso triunfador. Cuarenta días hablan transcurrido desde su resurrección cuando, en compañía de su Madre y de sus apóstoles y discípulos se encaminó Jesús al monte Olivote. El teatro primero de sus padecimientos debía ser también el último testigo de su gloria y la tierra que recibió las primeras gotas de sangre, conservó la última huella marcada por sus pies durante su peregrinación terrestre.
Allí, después de haber fijado sus amorosas miradas en María, como si le dijera: ¡hasta luego! y de haber bendecido a sus discípulos, se levanta majestuosamente en los aires y vuela por los espacios llevado en las plumas de los vientos, entre los acordes ecos de las arpas angélicas y mientras las nubes, abriéndose a su paso, iban agrupándose a sus pies para formar digna peana al libertador del linaje humano.
Esas mismas diáfanas y blanquísimas nubes agrupadas en torno suyo lo arrebataron a las miradas absortas de los discípulos, hasta que un ángel, desprendido de la celeste turba, vino a sacarlos de su arrobamiento para decir les: «Varones de Galilea, ¿por qué os entretenéis mirando al cielo? el mismo a quién habéis visto subir volverá un día rodeado de gloria y majestad.»
Los discípulos bajaron los ojos asombrados a la vista de tan estupendo prodigio; pero María vería sin duda penetrar a su Hijo en la mansión del gozo eterno cuyas puertas acababa de abrir con su muerte para dar entrada en ella a los desventurados hijos de Adán. Ella lo verla tomar posesión del trono que le estaba aparejado como vencedor de la muerte y del pecado, verla la corona inmortal con que fue ceñida su frente por mano del Eterno Padre.
La que habla bebido en toda su amargura el cáliz de la pasión, era conveniente que bebiese también en el cáliz de eterno gozo que Jesús acercaba en ese momento a sus labios. La que iba a que dar todavía en la tierra, como una enredadera privada de su arrimo, era justo, que para consolarse en su orfandad contemplase anticipadamente la gloria que coronaba a su Hijo.
Penetremos también nosotros como María en esa morada feliz, término dichoso de nuestra amarga peregrinación. Fijemos en ella nuestra vista para avivar nuestros deseos de alcanzarla por el mérito de nuestras buenas obras, y no separemos jamás de allí nuestro pensamiento.
¡Patria querida! ¡Quién pudiera respirar tus brisas perfumadas, descansar a la sombra de tus árboles de vida y beber en tus fuentes de dicha inmortal! ¡Ah! qué necios somos al poner nuestro corazón en la tierra, al cifrar nuestra felicidad en los vanos gozos del mundo y al fijar nuestros ojos en este valle de miserias, donde la desgracia es nuestra herencia, el llanto nuestro pan de cada día y la vaciedad el resultado de nuestros locos afanes.
En el cielo todo es bienaventuranza: allí no hay hambres que atormenten, ni fríos que entumezcan, ni ardores que abrasen, ni dolencias que martiricen. Allí no hay mas que una sola edad, -la juventud; una sola estación,- la primavera; un día sin noche, un cielo sin nubes… Allí el alma siente saciados todos sus deseos; la inteligencia, contemplando a Dios, conoce toda verdad; el corazón amando a Dios, se embriaga en océano de amor. Y todos esos goces serán eternos como el mismo Dios, allí no habrá jamás ni cambios, ni mudanzas, ni temores; lo que se poseyó desde el principio, será eternamente poseído.
JACULATORI
Jamás perece ¡oh María!
quien a tu seno se acoge
y en tu protección confía.
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Las reflexiones de este mes estan tomadas del libro:
MES DE MARÍA INMACULADA POR EL PRESBÍTERO
RODOLFO VERGARA ANTÚNEZ
CON APROBACIÓN DE LA AUTORIDAD ECLESIÁSTICA
IMPRIMATUR
Barcelona 25 de enero de 1906
El Vicario General. Provisor
JOSÉ PALMAROLA
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