DICIEMBRE MES DE LA INMACULADA – DIA 24

Publicado por Equipo Fatimazo Por la Paz el

LA CORONACIÓN DE MARÍA EN EL CIELO

Después del triunfo de Jesús, jamás presenciaron los ángeles triunfo más espléndido que el de María al hacer su entrada en el Paraíso. Los príncipes de la corte celestial le salen al encuentro batiendo palmas triunfales y entonando dulcísimos cantares al compás de sus citaras de oro. Un trono hermosísimo aparejado a la diestra de Jesús, es el lugar destinado para aquella a quién los ángeles proclaman reina y soberana, y en medio del júbilo universal ocupa ese trono que habían visto hasta ese momento vacío. Los más encumbrados serafines ciñen la frente de María con una corona más rica y gloriosa que la de todos los reyes de la tierra.

Forman esa corona doce relucientes estrellas, como habla el Apocalipsis, que representan a los apóstoles, de los cuales es proclamada reina, como fue en la tierra su madre, su apoyo y su consuelo.

Además de esas estrellas de primera magnitud que hermosean la corona de María, brillan muchas otras que representan a los nueve coros de los ángeles, quienes ven en Ella a la Mujer Bendita que quebrantó la cabeza de la serpiente. Esas estrellas representan a los patriarcas y profetas de la antigua ley, que prepararon la descendencia de esa mujer incomparable y anunciaron su venida; a los doctores de la Iglesia, que se reconocen deudores a María de la luz que por su medio les fue comunicada, y en la cual bebieron la doctrina con que resplandecieron; a los mártires, que aprendie­ron de María la invencible fortaleza con que desafiaron las iras de los tiranos y dieron contentos su vida por la fe de Jesucristo; a las vírgenes, a quienes enseñó María a abrazarse con la bellísima flor de la virginidad, que era hasta entonces desconocida en el mundo y que hoy perfuma con sus aromas el cielo.

Todos los bienaventurados la miran con el más profundo acatamiento, por cuanto fue la madre del Redentor, y a impulsos de su gratitud y de su admiración, le rinden sus coronas, confesando que ella es verdaderamente su reina y la de todo el universo.

La Iglesia militante no cede en entusiasmo a la triunfante en reconocer a María por soberana. Los peregrinos de la tierra la invocan en medio de los contratiempos de la vida con la confianza que inspira su poder, porque nada le podrá ser rehusado después del triunfo que alcanzó en su entrada al Paraíso.

¡Qué gloria y qué dicha para nosotros tener una Reina tan poderosa y tan clemente! ¡Qué inestimable felicidad la nuestra al saber que ella se honra con ejercer su amoroso imperio en los desvalidos para socorrerlos, en los menesterosos para enriquecerlos, en los atribulados para consolarlos, en los pecadores para llamarlos a penitencia, en los justos para sostenerlos en sus combates y en los desgraciados para comunicarles la resignación y el aliento en sus trabajos.

¡Ah! nosotros debiéramos tener a mayor honra ser el último de sus vasallos que empuñar el primer cetro del mundo. En su protección tendremos cuanto podemos necesitar en nuestro destierro; luz, fuerzas, consuelos, esperanza, una prenda segura de salvación.

Sirvámosla como fieles y rendidos vasallos; hagamos nuestros los intereses de su gloria; alegrémonos de verla tan colmada de grandezas y extasíense nuestros apasionados corazones en la gloria de que Dios la colma en el cielo. ¡Felices los que la honran y la sirven!

JACULATORIA

Salud ¡oh Reina del cielo!
Salud ¡oh Madre querida!

Fuente de paz y consuelo,
Sé nuestro amparo en la vida.

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Las reflexiones de este mes estan tomadas del libro:
MES DE MARÍA INMACULADA POR EL PRESBÍTERO
RODOLFO VERGARA ANTÚNEZ
CON APROBACIÓN DE LA AUTORIDAD ECLESIÁSTICA

IMPRIMATUR
Barcelona 25 de enero de 1906
El Vicario General. Provisor
JOSÉ PALMAROLA


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