DICIEMBRE MES DE LA INMACULADA – DIA 26

Publicado por Equipo Fatimazo Por la Paz el


LA MATERNIDAD DE MARÍA DEBE INSPIRARNOS LA MÁS GRANDE CONFIANZA

Si María es madre de los hombres nada hay después de Dios que pueda inspirarnos más dulce confianza, porque nada hay en el mundo comparable con el amor maternal. En todos los peligros y circunstancias adversas de la vida, un hijo se arroja lleno de seguridad y de confianza en los brazos de su madre porque sabe por instinto que el amor de una madre vela siempre solícito por sus hijos, y que jamás ese amor padece olvidos e indiferencias.

Ese afecto santo transportado a la religión y aplicado a María, se reviste de un carácter de dulzura, de suavidad, de confianza familiar que tempera la majestad del Dios que, si es nuestro Padre, es también nuestro Juez. Viendo a María, se aleja del alma todo pensamiento terrible para dar cabida a los pensamientos consoladores de la bondad y misericordia de su Hijo divino.

Sin María, nosotros seríamos, sin duda, hijos de Dios; pero seriamos hijos sin madre en presencia de un Dios justamente irritado por nuestras infidelidades. ¿Qué esperanza tendríamos de doblegar con nuestras súplicas el rigor de la justicia incorruptible, si no tuviésemos en María una madre que no rehúsa jamás valorar nuestras súplicas con sus méritos para alcanzar nuestro perdón?

Cuando consideramos que María fue, como nosotros, una peregrina de la tierra, una hija de Eva que sufrió y lloró como nosotros, no podemos menos que sentir una confianza que disipa todo temor. Ella conoce lo que son las miserias de la vida, lo que cuesta la práctica de la virtud, las dificultades que se oponen a la santi­ficación, la fuerza de las pasiones, la astucia de nuestros enemigos; y por lo mismo, sabe compadecerse de nuestra flaqueza y esta pronta a remediar nuestras desgracias. Por eso, en este valle anegado con nuestras lágrimas, María se nos presenta siempre inclinada hacia nos otros, estrechando con una mano la diestra de su Hijo en ademán suplicante y curando con la otra todas las llagas de nuestras almas.

«Vosotros podéis ahora, dice San Bernardo, acercaros a Dios con confianza, porque tenéis una madre que se presenta delante de su Hijo y un Hijo que se presenta delante de su Padre. María muestra a su Hijo el seno que lo engendró y el regazo en que descansó; Jesucristo muestra a su Padre su costado abierto y sus manos y pies llagados. Los méritos del Hijo todo lo obtienen del Padre, y los méritos de la Madre todo lo obtienen del Hijo. Es imposible, agrega, que Dios rehúse conceder una gracia que le es pedida con tan tiernas muestras de amor. No, él no puede rehusar lo que se le pide con un lenguaje tan elocuente.

El dulce nombre de madre encierra toda ternura, despierta los más tiernos recuerdos y hace nacer las más caras esperanzas. Es el símbolo de la bondad, de la paz, de la misericordia. Pero el corazón de María, siendo la obra maestra de la gracia, sobrepasa a todas las madres en bondad, amor y misericordia para con sus hijos. Como suele acontecer a las madres de la tierra, María demuestra una predilección tanto más solícita, cuanto más desgraciados son sus hijos. ¡Qué motivos tan poderosos de consuelo para los que sufren y lloran! ¡Qué motivos de dulce confianza para los pecadores! María les ofrece toda la ternura, la piedad, la solicitud de una madre que nada anhela tanto como verlos felices. Pobre huérfano, que habéis visto arrebatar a vuestro amor a una madre tiernamente amada, consolaos, que es falso que el hombre no tenga mas que una madre. La tierra nos da una, esa suele desaparecer entre las lágrimas y llantos de sus hijos; pero el cielo nos da otra que no muere y que siempre esta prodigándonos sus divinas caricias.»

JACULATORIA

¡Qué dulce y grata es la vida
si la perfumas y alientas

con tu amor, madre querida!

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Las reflexiones de este mes estan tomadas del libro:
MES DE MARÍA INMACULADA POR EL PRESBÍTERO
RODOLFO VERGARA ANTÚNEZ
CON APROBACIÓN DE LA AUTORIDAD ECLESIÁSTICA

IMPRIMATUR
Barcelona 25 de enero de 1906
El Vicario General. Provisor
JOSÉ PALMAROLA


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