DICIEMBRE MES DE LA INMACULADA – DIA 29

MARÍA MODELO DE TODAS LAS VIRTUDES
El corazón de María es como un vaso lleno de las más exquisitas esencias que por su mezcla forman el más delicioso de los perfumes. Esos perfumes son la suave exhalación de las virtudes que brotaron en él, como plantas aromáticas en un vergel cerrado, que crecen resguardadas de los ardores del estío y de los hielos del invierno.
María fue pura como el lirio de los valles: jamás mancha alguna empañó su inocencia. Y sin embargo, ¡cuántas precauciones para conservar un tesoro que no podía perder! Desde sus más tiernos años huye del aliento pestífero del mundo; va a colocar su inocencia al abrigo de la soledad. Su pudor se turba aún a la vista de un ángel, y tanto amaba la virginidad que no sólo la prefiere a los goces y grandezas de la tierra, sino aun al insigne honor de ser la Madre de Dios, si para serlo hubiera sido preciso perderla.
La humildad más profunda se unía con amorosa lazada a la pureza más angelical. Ella contaba entre sus ascendientes una falange de gloriosos monarcas, pero humilde y modesta, se condena a la más triste oscuridad y da su mano de esposa, no al poderoso y al grande, sino a un pobre artesano, para aceptar juntamente con su mano de esposo las humillaciones inseparables de la pobreza. Favorecida con la plenitud de las gracias, jamás se gloría de los favores de que es objeto.
María desprecia desde su infancia el fausto y las riquezas para someterse a los rigores y privaciones de la indigencia. Habita en una pobre aldea y en una morada estrecha y desmantelada, aquella que habla de sentarse un día sobre los coros de los ángeles. Groseros y pobres vestidos cubren la desnudez de aquella que había de tener el sol por manto y las estrellas por corona.
Ella no tiene para su Dios y su Hijo otra cuna que una roca, ni otro lecho que un puñado de tosca paja. ¡Digna madre del Dios que no tuvo donde reposar su cabeza, que vivió de su trabajo y que murió desnudo! María comprendió cuantos tesoros se encerraban en aquella máxima divina que lleva el consuelo al corazón del menesteroso: Bienaventurados los pobres.
Y ¿quién no admira su paciencia invencible en medio de los trabajos y sufrimientos, su inalterable dulzura aun en presencia de los más implacables enemigos de su Hijo; su tranquilidad jamás turbada aun en medio de los mayores peligros; su generosidad superior a todos los sacrificios y, en fin, su obediencia ciega y muda que no investiga, ni sufre tardanzas ni pone excusas?
Contemplemos, pues, llenos de admiración ese digno objeto de nuestra religiosa veneración; pero no nos limitemos a honores estériles y a una manifestación puramente exterior de nuestra admiración. Lo que hay de más esencial en el culto que le debemos, es la imitación de esas excelentes y preciosas virtudes que son su más rica corona. Esta es la expresión más positiva y elocuente del verdadero amor: el que ama con sinceridad es arrastrado por un impulso irresistible a copiar en sí mismo la imagen del objeto amado, conformándose a él en todo lo que le permite su condición.
El pequeño niño que tiene todo su amor concentra do en su madre, trata de imitarla hasta en sus defectos.
Uno de los designios más altos que Dios se propuso en la creación de este tipo maravilloso de perfección, fue el de presentar a los hombres una criatura humana ataviada con todas las virtudes, para que la tuviesen sin cesar a la vista y la imitasen a medida de las fuerzas de cada uno. Dios quiere que imitemos a María, haciendo de cada uno de nosotros otras tantas copias de ese divino original. Ella no aceptarla con gusto nuestros obsequios si no fueran acompañados del deseo de imitarla. Nos abre su corazón a fin de que dibujemos en el nuestro todos los preciosos delineamientos del suyo.
JACULATORIA
De virtudes relicario,
dechado de perfección,
haced de mi alma un santuario
que sea digno de Dios.
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Las reflexiones de este mes estan tomadas del libro:
MES DE MARÍA INMACULADA POR EL PRESBÍTERO
RODOLFO VERGARA ANTÚNEZ
CON APROBACIÓN DE LA AUTORIDAD ECLESIÁSTICA
IMPRIMATUR
Barcelona 25 de enero de 1906
El Vicario General. Provisor
JOSÉ PALMAROLA
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