NOVIEMBRE DEDICADO A LAS ALMAS DEL PURGATORIO

Noviembre es el mes de los fieles difuntos, aquellos quienes habiendo dejado este mundo, tienen la salvación asegurada, pero que aún han de ser purificados en el purgatorio, pues nada impuro puede entrar en presencia de Dios.
El catecismo de la iglesia católica define purgatorio como «purificación, para alcanzar la santidad necesaria para incorporarse a la alegría del cielo», que es experimentada por ésos «que están en la tolerancia y la amistad de Dios, pero todavía purificados de forma imperfecta».
En el Libro del Apocalipsis 21, 27, se nos enseña que la purificación es necesaria pues «ninguna voluntad sucia se incorpora a la presencia de Dios en el cielo» y, mientras que podemos morir con nuestros pecados mortales perdonados, pueden todavía quedar muchas impurezas en nosotros, pecados específicamente veniales y el castigo temporal, debido a los pecados ya perdonados.
Y recordemos las palabras de Nuestro Señor Jesucristo en el evangelio de San Lucas:
«Cuando vayas con tu adversario a presentarte ante la autoridad, haz todo lo posible por llegar a un acuerdo con él en el camino, para que no te lleve ante el juez, el juez te entregue a la policía, y la policía te meta en la cárcel. Yo te aseguro que no saldrás de ahí hasta que pagues el último centavo”.
Y es así que siguiendo esta tradición, en los primeros días de la Cristiandad se escribían los nombres de los hermanos que habían partido en la díptica, que es un conjunto formado por dos tablas plegables, con forma de libro, en las que la Iglesia primitiva acostumbraba a anotar en dos listas pareadas los nombres de los vivos y los muertos por quienes se había de orar.
Siglos más tarde ya en el siglo VI los Benedictinos (Orden de San Benito de Nursia), tenían la costumbre de orar por los difuntos al día siguiente de Pentecostés. En tiempos de san Isidoro († 636) en España había una celebración parecida el sábado anterior al sexagésimo día antes del Domingo de Pascua (domingo segundo de los tres que se contaban antes de la primera de Cuaresma) o antes de Pentecostés.
En Alemania cerca del año 980, según el testimonio del cronista medieval Viduquindo de Corvey, hubo una ceremonia consagrada a la oración de los difuntos primero el día 1 de noviembre, y posteriormente el 2, fecha aceptada y bendecida por la Iglesia en Milán que, y que se adoptó el siglo XII, como fecha en que la Iglesia celebraría esta fiesta.
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