NOVIEMBRE DEDICADO A LAS ALMAS DEL PURGATORIO DÍA 12

¿Por cuáles deméritos son condenadas las almas a las atroces penas del Purgatorio?
Si los considerase el mundo los llamaría bagatelas, juegos, fragilidades de fácil perdón o de ningún reato; pero no así Dios, que conoce su intrínseca malicia y los castiga a medida de su verdadera gravedad.
¡Oh, cuán diversas son las balanzas de los hombres de las de Dios!
Nosotros juzgamos según nuestros caprichos o a medida de las pasiones que nos dominan. Dios juzga con su inalterable justicia, la cual no está sujeta a prevención o a error.
No nos dejemos, pues, engañar de las falsas ilusiones del mundo.
Los deméritos de aquellas almas comúnmente se cree que consistan en pecados llamados veniales, los cuales son culpas ligeras en comparación de las mortales, mas que se podrían llamar culpas gravísimas comparadas con la ofensa hecha a Dios, bondad infinita.
Pues si las culpas veniales son castigadas con tanto rigor en el Purgatorio, ¿por qué haremos nosotros de ellas tan poco caso que nos las bebamos casi como el agua, y tengamos por escrupuloso a quien procura evitarla?
Abramos, oh cristianos, los ojos del espíritu sobre un objeto de tanta importancia, y propongámonos huir cuanto sea posible de todo defecto aunque ligero, y no reprobemos en adelante sino antes bien imitemos la cautela y la solicitud de aquellos fieles piadosos que por amor de Dios huyen de todo peligro de culpa, no menos que que de la vista y de la mordedura de una serpiente.
Hay teólogos de profunda doctrina que aseguran que todo lo que es culpa no se perdona sino en la presente vida por medio de la detestación sincera del pecado y por la comunicación de la gracia santificante.
Por consiguiente, no detiene a las esposas de Dios en las expiadoras llamas del Purgatorio mancha alguna de culpa, sino solamente la deuda de la pena debida a sus culpas, la cual puede quedar todavía y queda no pocas veces en realidad por descontar para la otra vida.
De aquí es, dice la divina Escritura, que no saldran de aquella cárcel atormentadora hasta que hayan dado a la divina Justicia la satisfacción más completa.
Nosotros, ¿qué deuda tenemos en el alma por las culpas cometidas? ¿Dónde pensamos satisfacer, en esta vida o en la otra?
Consideremos cuánto más rigurosa sea la satisfacción de la otra vida que la de esta, propongamos por tanto darla lo mas pronto que sea posible.
ORACIÓN
¡Ah, sí! Bien conocemos, oh Señor, que la satisfacción que vuestra divina Justicia exige de nosotros por nuestras pasadas culpas es mucho más rigurosa en la vida futura que en la presente y mejor que nosotros lo conocemos, lo experimentan las almas de los difuntos en medio de las atrocísimas penas del Purgatorio.
Por defectos que a nuestros ojos apenas lo parecen, o en pena de faltas ya borradas y perdonadas usa con ellas lauto rigor vuestra justicia, que igual no lo experimentó aun el Hijo del hombre sobre la cruz cuando se cargó con los pecados de todo el mundo.
¡Ah Señor!, diga basta vuestra soberana piedad, y las misericordias de esta resarzan los derechos de la ultrajada justicia por los pecados y por la deuda de aquellos infelices que penan, pues la misericordia debe prevalecer al rigor, y a la justicia vuestra infinita bondad.
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