NOVIEMBRE DEDICADO A LAS ALMAS DEL PURGATORIO DÍA 30

Si en medio de sus tormentos ruegan por nosotros y nos alcanzan gracias las almas del Purgatorio, ¿cuánto más eficaz será su intercesión cuando lleguen a ser gloriosas reinas en el Cielo?
No se portarán, no, como aquel ingrato copero de Faraón, que vuelto de la cárcel a la corte olvidó en su prosperidad al afligido intérprete de su sueño.
La gratitud de aquellas almas se aumenta y perfecciona con su traslación al Cielo, donde con una caridad más perfecta no cesan de rogar por sus bienhechores hasta alcanzarles todos los bienes temporales que les convienen, y especialmente la felicidad eterna.
¿Quién no querrá enviar al Cielo el mayor número posible de semejantes intercesores?
La primera gracia que cual embajadoras nuestras pedirán aquellas almas luego que lleguen al Cielo, será la eterna salvación de sus bienhechores.
«Gran Dios, dirán postradas ante el trono del Altísimo; tened piedad de los que la tuvieron con nosotras. Ellos nos libraron de las cadenas del Purgatorio; Vos las habéis de librar de las de sus pecados. Ellos nos abrieron las puertas de los cielos; abridles, Señor, las de vuestra misericordia. ¿No se salvarán los que nos salvaron? Dad, Señor, a vuestras hijas y vuestras esposas, ya que tanto os complacéis en nosotras, dadnos aquellas almas por cuyas oraciones nos habéis trasladado a vuestra gloria a poseeros y gozaros».
Por lo cual es común sentir de los Padres y Doctores que quien pone toda su solicitud en socorrer a las almas del Purgatorio, no perecerá. Por lograr tanta dicha no debía perdonarse medio alguno.
Nuestro Señor Jesucristo nos aconsejaba que con nuestros bienes procurásemos granjearnos amigos que a nuestro fallecimiento nos recibieran en los tabernáculos de la Gloria.
Estos amigos son los pobres; pero no todos los pobres de la tierra llegan a ser moradores del Cielo, pues muchos de ellos no van por el buen camino.
No así las almas del Purgatorio. Estas son en la actualidad verdaderamente pobres y muy menesterosas de nuestro socorro; pero hay completa seguridad de que en las mansiones de la eterna bienaventuranza llegarán a ser sobrado ricas; y nada avaras de sus bienes y de su valimiento con el Rey de los siglos, ansiarán que las acompañemos en su dicha, y harán los mayores esfuerzos por llevarnos a su lado a gozar del premio sempiterno de nuestra generosidad para con ellas.
Sí, la Gloria es el galardon de la piedad con los difuntos. Constancia, pues, en socorrerlos, que no pasará largo tiempo sin que veamos el fruto de nuestras fatigas y bendigamos una devoción que obtiene una corona de gloria eterna a quien la practica fielmente.
ORACIÓN
Señor, un interés universal empeña nuestros corazones en la devoción de las almas del Purgatorio.
Deseamos, pues, buscando nuestro propio bien, corresponder a las altas miras de vuestra Providencia en favor de aquellas benditas almas.
Proponemos llenar unos deberes que la amistad, el parentesco y la religión nos imponen.
Os prometemos no ser en adelante ingratos con nuestros bienhechores difuntos, ni tibios con los que tanto nos amaron.
Pero nada valen nuestros propósitos sin el auxilio de vuestra divina gracia. Os pedimos, pues, encarecidamente que nos la concedáis para ser constantes toda la vida en esta santa práctica de socorrer a las almas del Purgatorio, por las cuales os rogamos de todo corazón para que, como Padre de las misericordias, las lleveis a gozar de vuestra divina esencia en el reino de la gloria.
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