Pasión de Nuestro Señor-Viernes

Los Santos aprendieron en la Pasión de Cristo a padecer y amar de verdad.
Al ver San José de Leonisa, religioso capuchino, que querían atarle con cuerdas, porque el cirujano tenía que hacerle una dolorosa operación, el santo, tomando en las manos el Crucifijo, exclamó:
«¡Cuerdas!, ¿para qué las quiero yo? Aquí tengo a mi Señor Jesucristo clavado en la cruz por mi amor, éstas son las cadenas que me atan y me obligan a soportar cualquier tormento por su amor.»
Y tendido en la mesa, sufrió la operación sin exhalar una queja pensando en Jesús, que, como profetizó Isaias, guardaba silencio, sin abrir siquiera la boca, como el corderito que está mudo delante del que le esquila (Is 53, 7).
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