DICIEMBRE MES DE LA INMACULADA – DIA 28

Publicado por Equipo Fatimazo Por la Paz el


HONRAR EL CORAZÓN INMACULADO DE MARÍA

María es, entre las puras criaturas, la que ha subido a más sublime altura en la escala de las perfecciones naturales y sobrenaturales. Sin embargo, si se busca en ella algún signo exterior de su incomparable grandeza, apenas será dado encontrarlo. Es una doncella modesta y pobre que ha ligado su suerte a la de un humilde obrero que vive de su trabajo y habita bajo un pobre techo. Es porque toda la gloria de la hija querida del Rey del cielo está oculta en su corazón, en el cual se encierran perfecciones más que humanas y más que angélicas.

Preservado de la corrupción universal que anegó a manera de impetuoso torrente a todos los hijos de Adán, el corazón de María fue concebido en la inocencia, nacido en la santidad y enriquecido con todos los dones del cielo. Dios ve reaparecer en él toda la belleza y toda la pureza que el pecado desfiguró en el corazón del primer hombre, que halla en él sin mancha alguna que lo desfigure, ni germen alguno de pasión que lo turbe, ni la más ligera falta que lo haga menos digno de su amor.

Es un corazón cuyas inclinaciones son enteramente santas y cuyos afectos todos son celestiales. En él se contempla la divinidad como en un espejo donde descubre su propia imagen y se complace en sus perfecciones como en la obra maestra de sus manos, más primorosas que la creación de todos los mundos visibles. El Padre, adoptándola por hija predi­lecta, preservó a María del pecado; la colmó de sus favores y la adornó con sus más preciados dones.

Desde que nace a la vida, Dios la recibe en sus brazos y la separa del mundo para que no conozca ni ame a otro padre que a él. Cautiva voluntaria del amor, apenas salida de la cuna, va a ofrecer su corazón en holocausto al pie de los altares de su Dios. Jamás se extinguió en su corazón el fuego sagrado del amor, que ardía como un leño seco sin consumirse jamás.

En ese corazón virginal se celebraron las nupcias de una criatura humana con el santo de los Santos, el Espíritu vivificador. La más rica variedad de las virtudes forma los atavíos de la feliz esposa, y tanta era la belleza y la excelencia de la divina desposada, que Dios la recibe en el seno intimo de su amistad y la regala con todas las delicias de su amor. Si ese mismo Espíritu, descendiendo sobre los apóstoles, los transformó en hombres nuevos, ¿qué maravillosos efectos no produciría en ese corazón al cual no descendió como lengua de fuego, sino como un torrente de llamas divinas para consumir todo lo que hubiera en él de humano y hacerlo digno tabernáculo de la divinidad? ¡Ah! ¡qué perfecciones no comunicaría a un corazón con el cual quería unirse con nudos tan estrechos de amor! El entendimiento humano es demasiado limitado para sondear tan hondos misterios y la lengua humana impotente para narrar tan grandes maravillas.

Pero lo que da al corazón de María una excelencia más augusta es su calidad de Madre de Dios. Es ésta una dignidad incomparable que abisma y confunde. Si Dios, cuando está unido a una criatura por la caridad, le comunica tantas perfecciones y gracias, ¿qué torrente de gracias y qué cúmulo de perfecciones lo comunicaría a su Madre durante los nueve meses que habitó en su seno?

¡Qué emociones tan duras y tan santas harían latir el corazón de María cuando llevaba en sus brazos y estrechaba contra su pecho al divino infante! ¡Qué santidad comunicaría a su Madre durante los treinta años que vivió con ella bajo el techo de un mismo hogar, en un comercio tan íntimo y en mutuas y diarias comunicaciones!

Honremos, pues, con un culto digno y homenajes de amor y de alabanzas al corazón Inmaculado de María, santuario de la divinidad, relicario de virtudes y dechado de las más sublimes perfecciones. Amemos con amor ardiente y agradecido a ese corazón que ardió por nosotros en tan vivas llamas de amor: es el corazón de una madre que se sacrifica por sus hijos; es el corazón de una Reina, lleno de piedad y de misericordia para con sus pobres vasallos; es el corazón de la buena y amable Pastora que buscaba a la oveja descarriada, que la carga amorosamente sobre sus hombros y la conduce al abrigado aprisco.

JACULATORIA

Tu corazón ¡oh María!
será mi asilo y refugio
en las penas de la vida.

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Las reflexiones de este mes estan tomadas del libro:
MES DE MARÍA INMACULADA POR EL PRESBÍTERO
RODOLFO VERGARA ANTÚNEZ
CON APROBACIÓN DE LA AUTORIDAD ECLESIÁSTICA

IMPRIMATUR
Barcelona 25 de enero de 1906
El Vicario General. Provisor
JOSÉ PALMAROLA


1 Comentarios

Ana Cristina Lamprea · 30 de diciembre de 2025 at 7:26 AM

Gracias por compartir tan exquisita información al deralle de nuestra Madre Santísima y su Divino Hijo Jesucristo.

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