120. 🔺MIENTRAS NUESTRA SEÑORA DECÍA ESTAS PALABRAS, DIRIGIÓ A FRANCISCO UNA MIRADA DE COMPASIÓN MEZCLADA CON ALGO DE TRISTEZA.
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🔹 Nuestra Santísima Madre nos mira a cada uno con gran compasión y ternura pues conoce nuestras luchas, y es inmenso su amor por nosotros.
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🔸El amor tan grande que María nos tiene es fruto del gran amor que le tiene a Dios, pues nadie lo ha amado más que Ella, por tanto, no puede haber, después de Dios, quien nos ame más.
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🔸El último encargo que María recibió de Jesús fue el de amarnos, cuando le dijo antes de expirar: “Mujer, he ahí a tu hijo”, entregándole en la persona de Juan a todos los hombres.
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🔸María nos ama por ser fruto de su dolor, pues para obtenernos la vida de la gracia, ha sufrido el martirio de ofrecer la vida de su amado Jesús, viéndolo morir en medio de tormentos.
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🔸También nos ama porque somos fruto de la muerte de Jesús. Nuestra Madre ha deseado la salvación de todos y ha cooperado en esta salvación.
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🔸Ella socorre en especial a quienes la aman. “Si yo amo a María, estoy seguro de perseverar y conseguiré de Dios lo que desee”, decía San Juan Berchmans.
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🔸Además, aventaja en amor aun a los santos que fueron modelo de amor a Ella.  “Ámenla cuanto puedan - dice San Ignacio mártir - que siempre María les amará más a los que la aman”.
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🔺 Así, con la certeza de que nuestra Madre por su gran amor nos desea bienes inmensamente mayores de los que nosotros mismos podemos desear, pidamos con devoción: ­ “Dame, Señor, lo que para mí pide tu Santísima Madre, mi amada Madre”.

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