15 OCTUBRE - Santa Teresa de Jesús

Teresa escribe su experiencia de la Santísima Virgen María en su vida, va desde una “devoción sencilla, dentro de la religiosidad popular del siglo XVI hasta la comprensión más profunda del misterio de María, como Madre de Dios y como colaboradora eficiente y doliente con Jesús a la salvación de los hombres; como Reina asunta a los cielos y como Madre espiritual de los redimidos.

Su amor por la Madre de Dios, nace desde su niñez; es el recuerdo de la devoción que su madre Doña Beatriz le inculcaba y que ejercitaba con el rezo del Santo Rosario.

Conmovedor es el episodio de su oración a la Virgen cuando pierde su madre Doña Beatriz, a la edad de 13 años:
- "Afligida fuíme a una imagen de nuestra Señora y suplicaba fuese mi madre con muchas lágrimas. Parecíame que aunque se hizo con simpleza me ha valido; porque conocidamente he hallado a la Santísima Virgen María, en cuanto me he encomendado a Ella”.

La Santa atribuye, pues, a la Virgen, la gracia de una protección constante y de manera especial la gracia de su conversión.

Antes que su vida se convirtiera en un constante servicio a la Virgen, existieron unas gracias místicas que la determinaron.

Una de ellas fue la visión del infierno, como ella misma confiesa:

“…que fue una de las mayores mercedes que el Señor me ha hecho, porque me ha aprovechado muy mucho, así para perder el miedo a las tribulaciones y contradicciones de esta vida, como para esforzarme a padecerlas y dar gracias al Señor que me libró… de males tan perpetuos y terribles”.

Muy pronto la devoción a la Virgen pasa a ser, como en otros aspectos de la vida de la Santa, una experiencia de sus misterios cuando Dios hace entrar a Teresa en contacto con el misterio de Cristo y de todo lo que a Él le pertenece.

En su familia religiosa, santa Teresa de Jesús salió verdaderamente aventajada de todo lo que aprendió del carisma mariano de la Orden; lo aprendió, lo vivió a fondo y lo transmitió a sus hijos e hijas espirituales.

La Virgen además de ser su Madre, era su Señora, a quién pertenecían tanto ellos, como los lugares que habitaban, a la cual debían servir, dando ella misma el mejor de los ejemplos, y una Patrona a quien acudir en busca de ayuda y protección:

-“Teniendo por cierto que Dios no se dejaría nunca vencer en generosidad, porque “gran cosa es lo que agrada a Nuestro Señor cualquier servicio que se haga a su Madre, y grande su Misericordia”.

Por testimonio de ello tenemos a Sta. Teresa de Jesús, que quiso cantar en vida y sigue cantando en la eternidad las “Misericordias de Dios”.

 

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