En el año 1923, tres jóvenes de Roccafiorita, Alejandro y Carmelo Occhino, y su primo Filippo Ochino vieron en una tienda una figurita de cerámica de la Virgen y el Niño.

Los niños con mucho esfuerzo lograron juntar la cantidad de dinero, la compraron y llevaron con gran alegría a Roccafiorita.

Los tres muchachos establecieron que primero estaría en la casa de los dos hermanos, y luego en la de Filippo. Se pidió el sacerdote la bendición y así se quedó en un pequeño nicho en la casa de los hermanos Occhino. A la estatua se le dio el nombre de Madonna della Catena.

Después de un tiempo, cuando tuvieron lo suficiente para pagar la jornada de trabajo de un albañil, se construyó la pequeña edificación en la pared de la casa del Arcipreste en la carretera principal.

Los tres niños antes de separarse e ir cada uno a su propia suerte, habían establecido entre ellos: “Cuando seamos grandes, vamos a hacer grandes cosas”, proyectando una iglesia y una estatua de tamaño natural. En 1927, Filippo Occhino entró en el Seminario del Arzobispado de Messina. En 1929 Alejandro Occhino partía para los Estados Unidos de América en busca de fortuna. En 1933 Carmelo Occhino partía para ser soldado.

Estalla la Segunda Guerra Mundial y Carmelo Occhino fue reclamado para la Fuerza Aérea. En 1942, durante los intensos combate fue rodeado por fuego cruzado. Sintiéndose perdido, con todo el ardor de su fe, invocó a la Virgen: “Virgen de la Ayuda, ¡Ayudame! Inmediatamente cesó el bombardeo y se salvó milagrosamente.

En 1943 el Sargento Mayor Ochino siempre consciente de la tragedia de ese día y su salvación milagrosa, con la ayuda de compañeros y amigos mandó hacer una estatua de la Señora bajo el título de la Ayuda.

Antes de enviarla a Roccafiorita, la estatua de la Virgen de Ayuda llegó al Palacio Apostólico quedándose tres días en el Vaticano antes de partir a su nueva casa. El 2 de marzo de 1943, el Papa Pio XII hizo una pausa para contemplar la bella imagen, luego la bendijo con aquella efusión del corazón que le era propia ya que es sabido que el pontífice era un Papa mariano.

Más adelante Carmelo Occhino escribió a su hermano Alejandro en los Estados Unidos, instándole a recaudar dinero para la construcción del Santuario. Y Alejandro se pone a trabajar y con ayuda de amigos logra hacer una aportación para esta obra.

Pasados algunos años, en enero de 1953, Carmelo Ochino, golpeado por un mal, fue ingresado en el Hospital Reina Margarita en Messina. El día 24 del mes, la señora Alfia, su esposa, que le asistía, oyó el grito de su marido:

-¡Alfia! ¡Alfia! ¿Sabes a quien vi en esta sala?
– ¿A quién has visto?
— Vi a la Madre de la Ayuda y me dijo: -No tengáis miedo. Te llevaré conmigo.

Y así el 12 de febrero de 1953, Carmelo Occhino entregó serenamente su alma a Dios.

  • Hagamos conocer y amar a la Virgen María

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