2017: Año de aniversarios
Autora: Tere Fitzmaurice Pasos de Palomeque

​     Han transcurrido ya, quinientos años desde la llamada Reforma Protestante de Lutero (octubre de 1517). La rebelión de este religioso agustino que, sin duda, estaba basada en algunos puntos razonables, provocó una ruptura con la Iglesia Católica. Con sus ideas y sus acciones, esta Revolución negó –por primera vez en mil quinientos años de Cristianismo– la necesidad de la Iglesia Católica para alcanzar la Salvación; sostiene que la Palabra de Dios puede ser libremente interpretada por cada cristiano sin necesidad de ser enseñada por la autoridad de la Iglesia. Se puede, por tanto, creer en Cristo sin creer en la mediación de la Iglesia: “Cristo SI, pero Iglesia NO”.

​     Dos siglos más tarde, el 29 de junio de 1717, se funda la Gran Logia de Londres, el acto está considerado como el nacimiento de la Francmasonería moderna. Esta “institución secreta” va a impulsar el pensamiento ilustrado del que se nutre la revolución francesa de 1789, la cual, al entronizar a la “diosa razón” va a desplazar a Cristo del centro de la sociedad para colocar en él, al ser humano “autosuficiente”. El pensamiento masónico, va dibujando en las conciencias cristianas (católicas y protestantes) que en el fondo Cristo fue “uno más de la historia”: un personaje excepcional, pero NO es “Dios encarnado”. Se puede, por tanto, creer en Dios sin creer que Cristo es el Único por quien se va al Padre: “Dios SI, pero Cristo NO”.

​     Un tercer aniversario: el 26 de octubre de 1917, el Partido Bolchevique de Lenin y Trotsky ocupó el Palacio de Invierno de San Petersburgo, dando inicio a la Revolución Rusa. La ideología marxista-leninista, va a impulsar el pensamiento materialista de la no existencia de Dios y siembra en las conciencias (cristianas y no cristianas) que la idea de la existencia de un dios es fruto del afán humano por eternizarse y, para algunas minorías, fruto de la estrategia para explotar a los débiles. Se puede, por tanto, hacer el “bien” sin necesidad de Dios, bastándole al ser humano su propia determinación: “Dios NO”.

​     Estos 3 acontecimientos los resumió el Papa Pío XII, en su discurso a la Acción Catóilica masculina el 12 de octubre de 1952:
​«Cristo sí, Iglesia no; (la revolución protestante contra la Iglesia); después: Dios sí, Cristo no; (la revolución masónica contra los misterios centrales del cristianismo); y por último, el grito impío: Dios ha muerto; mejor dicho: Dios jamás ha existido (la revolución comunista atea). Aquí tenemos el intento de construir la estructura del mundo sobre cimientos que no dudamos en señalar como los principales culpables de los peligros que acechan a la humanidad».

​     Es ahora entonoces, momento de mencionar el cuarto aniversario: 100 años de las apariciones de nuestra señora de Fátima.

El 13 de mayo de 1917, en Cova de Iría, cerca de la aldea portuguesa de Fátima, Portugal «una Señora vestida de blanco, más radiante que el sol, derramando rayos de luz, más claros y nítidos que un vaso de vidrio lleno del agua más resplandeciente penetrado por los rayos del sol» se apareció a tres niños que cuidaban ovejas: Francisco, Jacinta Marto y su prima Lucía dos Santos. Aquella Señora manifestó ser la Madre de Dios, que venía a confiarles un mensaje para la humanidad.

​     Nuestra Señora los citó los días 13 de los meses siguientes hasta octubre. Hubo seis apariciones. La última terminó con un gran milagro, una señal prodigiosa del Cielo: la danza del sol, presenciada por miles de personas que pudieron describirla con lujo de detalles, y que fue visible hasta 40 kilómetros a la redonda. A partir de ese momento, la historia de Fátima y de la Rusia se entrelazan.

​     Son 4 acontecimientos históricos; las tres revoluciones y las apariciones de Nuestra Señora entre el 13 de mayo y el 13 de octubre de 1917, son hechos objetivos y no experiencias subjetivas.

​     En el caso de Fátima, los milagros, apariciones y mensajes son auténticos, de la misma forma que lo son la guerra y la paz. Fueron sucesos que tuvieron lugar en un sitio específico y en un momento determinado de la historia. Sucesos verificados por miles de testigos y por una investigación canónica que concluyó en 1930. Así, hablar de Fátima, es hablar de un hecho concreto, con un mensaje para el bien espiritual de quienes lo recibieron, los tres pastorcitos, y para toda la humanidad.

​     Las apariciones ocurrieron durante el terrible conflicto de la Primera Guerra Mundial, que entre 1914 y 1918 cobró más de nueve millones de víctimas nada más en Europa. Las consecuencias de esta guerra, las 2 revoluciones que le antecedieron, y la revolución Rusa, amenazaron con convertir la Tierra en un lugar opuesto a Jesús, instaurando ideologías que trasnformarian el mundo.

​     Sin embargo, el Cielo respondió, enviando a Nuestra Madre con súplicas y peticiones para enfrentar estos peligros y alcanzar la paz.

​     Nos deja un mensaje en tres partes llamadas secretos, que forman un todo coherente. La primera parte, es una aterradora visión del infierno en el que se precipitan las almas de los pecadores; la misericordia del Inmaculado corazón de María contrarresta ese castigo y es el remedio supremo que ofrece Dios a la humanidad para la salvación de las almas.

​     La segunda parte: la paz, fruto de la conversión del mundo y el cumplimiento de las peticiones de Nuestra Señora, o un terrible castigo que aguarda a la humanidad si se obstina en su pecaminoso camino.

​     La tercera parte, divulgada por la Santa Sede en junio de 2000, se describe la situación que hoy impera en la Iglesia y presenta la visión de un Papa y unos Obispos, Religiosos y Laicos asesinados por sus perseguidores.

​     Podríamos decir, que la centralidad del mensaje, esta en dos frases decisivas: «Rusia propagará sus errores por el mundo» y «Al final, mi Inmaculado Corazón triunfará».

​     La palabra errores es precisa: el error consiste en la negación de la verdad. Jesús nos dijo categóricamente: la verdad existe y es una sola: la que mantiene y difunde la Iglesia Católica. Los errores rusos son los de una ideología que se opone al orden natural y cristiano porque niega a Dios, la religión, la familia y la propiedad privada. Este complejo de errores tiene un nombre: comunismo, el cual tiene en Rusia su centro de difusión universal.

​En el siglo XX, no hubo otros crímenes comparables con los del comunismo, tanto por el tiempo que duraron, como por los territorios abarcados y el grado de odio generado. Y todos esos crímenes, son consecuencia de errores.

​     Errores que no surgieron de la nada. Los de Rusia, como todos, surgen de errores anteriores, y generan a su vez más errores. La Revolución Rusa no fue algo que surgiera espontáneamente. Fue fruto de un proceso que se remontaba a mucho tiempo atrás.

​     Lo preocupante es que con demasiada frecuencia hacemos referencia al comunismo como un régimen UNICAMENTE político y economico, olvidando su dimensión ideológica, que es precisamente, sobre la que nos advirtió Nuestra Señora. Fué el Papa Pío XI, quien describió la naturaleza ideológicamente perversa del comunismo:
​«Por primera vez en la historia, asistimos a una lucha fríamente calculada y cuidadosamente preparada contra todo lo que es divino.». (Divini Redemptoris del 19 de marzo de 1937)

​     Cuando se desplomó la Unión Soviética, puede decirse que esos errores salieron del envoltorio que los contenía y se propagaron por todo Occidente en forma de relativismo cultural y moral; ese relativismo que actualmente se profesa y vive en Occidente, tiene sus raíces en las teorías del materialismo y del evolucionismo marxista.

​     Es preciso reconocer que la advertencia de Fátima, según la cual Rusia esparciría sus errores por el mundo, se ha cumplido. La caída del Telón o Cortina de Hierro ha hecho imparable la difusión de dichos errores por todo el mundo. Ahí radica la victoria silenciosa del comunismo: practicamente ha desaparecido sin que nadie condene su memoria y los estragos ideológicos que causó.

​     ¿Quién iba a imaginar que se promoveria la impureza en forma de liberación sexual, mediante la inclusión de uniones extramaritales, incluso homosexuales, el aborto, la eutanasia…en la legislación de los países más importantes de Occidente?

​     Y para constatar hasta qué punto esta histórica influencia es cierta, veamos como HOY día estos errores ya han calado en la conciencia de no pocos católicos.

​     No pocas veces escucharemos decir: “Que cada quien decida en conciencia lo que sea bueno o malo en su conducta”. Un pensamiento asi, supone la victoria del protestantismo en la conciencia de los católicos. Se rechaza la objetividad moral, la tradición de la Iglesia, el dogma y el depósito mismo de la Fe. La mediación de la Iglesia queda reducida a lo meramente superficial. Tomo lo “que yo considero es correcto de la Iglesia”, sin depositar mi plena confianza en Ella.
​     “Es lo mismo creer en Cristo, en Buda, en Mahoma, en un ser superior… etc”. Esto no se puede llamar de otra forma más que como la victoria del liberalismo masónico en la conciencia. Se rechaza que Cristo sea EL redentor y se le rebaja a la “categoría” de un iluminado como muchos otros, que a lo largo de la historia lucharon por valores morales y justos.
​     “Da igual creer que no creer en Dios”, y con esto vence la propuesta marxista: el materialismo ateo en la conciencia. Se rechaza que Dios sea necesario y se afirma o duda de su existencia, igualando su “concepto” a otros de carácter extraño como la “madre tierra”, o la “energía” o el mismo universo vivo.

​     El mensaje de Fátima es más que un mensaje anticomunista: es también un mensaje antiliberal y antiluterano, ya que los errores de Rusia son descendientes de los errores de la Revolución Francesa y el protestantismo.

​     El antídoto contra la dictadura del relativismo es la pureza doctrinal y moral del Inmaculado Corazón de María. Eso sí, el Cielo ha pedido a la humanidad una colaboración concreta. Delante de la pérdida del sentido de los valores y la desorientación de las conciencias, Nuestra Señora presenta principios no negociables: la vida, la familia, el matrimonio, la unión entre un hombre y una mujer, la caridad concreta y el respeto de la dignidad de cada persona.

​     Es María Santísima, quien nos tiende a todos, su mano amorosa para que seamos capaces, de forma personal y comunitaria, de corregir lo erradamente andado y convertirnos de corazón como Ella misma nos pidió:
​* Reconocer la mediación de la Iglesia Católica, con su tradición de dos mil años, como la única intérprete de la Palabra de Dios.
​* Reconocer a Cristo como único Redentor.
​* Creer en Dios uno y trino, Dios Amor “ad intra” (en la Trinidad) y “ad extra” (en la Creación), sin tratar de “definirlo” desde concepciones humanas (energía, bien, totalidad…)

​     Una sola Fe, un solo Bautismo, una sola Iglesia. No debemos, pues, abandonar la Iglesia, sino volver a Ella y vivir y morir en Ella.

​     Instauramos el Cielo en la Tierra combatiendo en defensa de la verdadera Iglesia. Nuestra Señora anunció que el triunfo de Su Inmaculado Corazón, sería el colofón de una larga prueba de tiempos difíciles de penitencias y luchas, pero también de inmensa confianza en su promesa.

​     La Madre de Cristo, único Salvador, nos sigue llamando hoy con renovado amor y urgencia. Nos invita una vez más a la oración y al sacrificio. Nos pide que no ofendamos más a Dios. Advierte a toda la humanidad sobre la necesidad de entregarse a Dios, fuente de amor y de misericordia.

​     Dirijámonos, pues, a Ella para pedirle que haga de cada uno de nosotros, instrumentos de su victoria… y, estemos seguros: Al final, su Inmaculado Corazón triunfará.

Categorías: Fatimazo

Comentario