2017 Curso Intensivo de Fe impartido por la Santísima Virgen María.

Autora: María Fernanda Sánchez de Bastarrachea
​Todo comenzó con un Sí.

​Me consagré al Inmaculado Corazón de María en febrero de 2016, día en el que celebramos a la Virgen de Lourdes. Durante mi preparación, leí: “María no se deja ganar en generosidad”; recuerdo una alegría extraña en mi corazón pero lo interpreté como un simple “qué bonito”.

​Después de eso, lluvia de regalos. Todo el 2016 fue una lluvia de regalos, apapachos, mimos y caricias de Ella para mi pobre persona. Por mucho mejor que como lo hace hoy día mi madre terrenal cuando voy a su casa a visitarla.

​En ese entonces, yo tenía alrededor de seis años sin hablar con mi hermana mayor. Vivía como amputada y, peor aún, me acostumbré. En octubre del 2016, platicando con el Padre Solana sobre la situación con mi hermana, él me dijo “pídele a la Reina de la Paz que te ayude”. Su recomendación me pareció muy amable pero imposible. Aún así, esa noche elevé mi oración a las Santísima Virgen María pidiendo su intercesión y recuerdo poner en mi oración “Señora, yo sé que es imposible resanar la relación que tengo con mi hermana; por eso, Madre Santa quiero decirte que, sea cual sea la respuesta, la entiendo y la acepto”
​¡Al tercer día de ese evento recibí un mensaje de mi hermana invitándome a un café!
Mi emoción fue indescriptible y lo que siguió fue providencial pues ¡nos reconciliamos! María, Reina de la Paz.

​Y así, entre apapachos y mimos de la Santísima Virgen María a mi pobre persona llegó el 2017. ¡Que año más nutritivo!

Por obra y gracia de la Santísima Virgen María, llegue al equipo de Fatimazo por la paz y entonces me vi envuelta en el mensaje de la Virgen del Rosario en Fátima. Les confieso que jamás había leído completo su mensaje y solo me había limitado a leer la versión morbosa y fatalista del “Tercer secreto”. ​Hoy les aseguro que el mensaje de Fátima es profundo, completo en la fe, lleno de herramientas salvíficas, lleno de amor y esperanza y, sobre todo, es un regalo de Dios a través de María pues es bien sabido que Ella sólo obra con el permiso de Dios.
En mi humilde opinión Fátima es una cátedra magistral en la fe. ¡Qué manera de enseñar tiene nuestra Señora!
​A modo de despertar su curiosidad, aprendí en los mensajes de las apariciones en Fátima
​• el poder de la oración de intercesión
​• la existencia del Ángel de la guardia y su función
​• la esperanza, confiar en Dios
​• que el corazón de Jesús y de María están atentos a nuestra súplicas
​• el valor de la penitencia y del sacrificio
​• que la Eucaristía es el cuerpo, sangre, alma y divinidad de Nuestro Señor
​• la existencia del cielo, purgatorio e infierno
​• el rezo del Santo Rosario
​• la devoción reparadora del primer sábado del mes y muchísimos otro temas más.

​Antes de estudiar las apariciones de la Santísima Virgen María en Fátima, les confieso, con mucha vergüenza, que para mí rezar El Rosario era de lo más aburrido del mundo.
​No entendía el sentido de repetir tantas veces el Ave María. Fue en este año que aprendí a contemplar los misterios del Santo Rosario y, por citar sólo uno, La visita de Santa María a su prima Santa Isabel. Rezando el Santo Rosario pude adentrarme al misterio mismo, María presente en nuestra vida para asistirnos en el día a día. No hay tiempo ni espacio que la limite a llegar. Su hijo en su seno dando alegría a donde Ella llega; y, mientras me imaginaba la escena, dejo como fondo musical el Ave María y a través de esa contemplación me enamoro más y más de Dios mi creador por ser tan bueno al dejarme a su propia Madre como mi madre. Díganme, ¿acaso no es hermoso? Entonces, así, cada misterio, todos los días, cada día, es un recordatorio del amor de Dios a mi pobre persona que me ama tanto hasta dar la vida por mí. ¿Ven? Ese es el fin del Rosario. María nos quiere llevar a su Hijito porque sabe que ahí seremos amados, felices y viviendo en paz.
​Debo de señalar que esta claridad de entendimiento es una gracia divina. Yo sola, jamás lo hubiera logrado.

​Y bueno, pudiera alargar este testimonio por mucho pero voy a terminar con lo siguiente:

​El maligno no descansa, y cuando me reconcilie con mi hermana mayor inmediatamente rompí amistad con mi otra hermana. Quedé tan enojada con ella que opté por apartarme totalmente: según yo, era mi derecho a su deslealtad (observen cómo trabaja el maligno) pero en el fondo de mi corazón sabía que su aspereza respondía a un grito de auxilio. Y pasaron casi 13 meses distanciadas hasta principios de diciembre que viví una tribulación: actuar con congruencia o anteponer mi orgullo personal… qué batalla tan horrible me tocó vivir. Mi razón se negaba a ceder pero el adviento me pedía reconciliación y mi corazón gritaba paz. La mañana del 20 de diciembre fui a la presencia de mi Señora y oré “Madre mía, hoy sí, ponme bajo tu manto y cuídame. Ayúdame. Niñita vestida de Sol, como te llamo San Juan Diego, ayúdame e intercede por mí ante Dios. Necesito su paz. Necesito armonía y tengo mucha miseria que me estorba. Ayúdame, mamá” y me quedé con Ella unos minutitos en silencio, con el alma cuarteada pues estaba preparando este corazón mío para recibir al niño Dios y no lo estaba logrando… regresé a casa.
​Ese día comería con mis papás y mi hermana mayor, sin Ale mi otra hermana. No se como sucedió pero poco antes de ir a casa de mis padres le escribí un mensaje a Ale diciéndole que estaría con nuestros padres y que sería bueno verla: ese día nos sentamos a la mesa mi papá, mi mama, mi hermana mayor, Ale, los hijos de mis hermanas, mis hijas y yo. Era un ambiente de aceptación, no hubo reclamos ni malas caras, nadie pidió explicaciones. Compartimos con mis padres como hacía muchos años atrás no sucedía e incluso hicimos una dinámica de Navidad. Quiero creer que los nietos presentes aprendieron del perdón, del amor y de la aceptación con solo vernos. Fue un compartir, todos en Paz. En silencio agradecí a Dios y a Santa María.

​María vive, está entre nosotros, ora por nosotros y con nosotros. No nos desampara, está atenta a nuestras súplicas y su único objetivo es llevarnos a Dios.
​Hoy cobran profundo sentido para mí las letanías Lauretanas. María es Madre de Dios, Madre de la Divina Gracia, Madre amable, Madre del buen consejo, Madre de digna de veneración, Madre poderosa, trono de sabiduría, causa de nuestra alegría, refugio de los pecadores, consuelo de los afligidos, Reina de la familia, Reina de la Paz…

María, respetable lector, NO SE DEJA GANAR EN GENEROSIDAD.

P.D. Recen El Rosario todos los días para alcanzar La Paz y el fin de la guerra.

Categorías: Fatimazo

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